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La creciente influencia de los colonos israelíes más extremistas

Avigdor Lieberman.

Con el consentimiento del nuevo ministro de defensa ultraderechista Avigdor Lieberman, el hombre al que reemplazó advirtió de la dirección que está tomando la vida política israelí. “Fuerzas extremistas y peligrosas han tomado el control de Israel y del movimiento Likud,” anunció con gravedad Moshe Ya’alon.

Evidentemente, el propio Ya’alon podría ser considerado un extremista. Como escribí en mi reciente columna sobre el ascenso de Lieberman, Ya’alon es el hombre que ha difamado a los palestinos como “amenaza existencial” y como “cáncer” que necesita “quimioterapia”. Así que no es quién para hablar. Lo mismo puede aplicarse al antiguo líder del partido laborista israelí Ehud Barak, que afirmó recientemente que Israel está viéndose “infectado por los brotes del fascismo”.

Aunque es cierto que el liderazgo político israelí está siendo conquistado por extremistas cada vez más peligrosos, lo cierto es que ambos, como antiguos ministros a cargo de la gestión de las guerras israelíes, ayudaron y alentaron a Israel a alcanzar este punto.

Un reciente  reportaje del New York Times sobre uno de los asentamientos israelíes más extremistas en la Cisjordania ocupada constituye también una promoción de la nueva película de Shimon Dotan, Los Colonos. La película, que no he visto aún, tiene pinta de ofrecer algo de perspectiva con respecto al racismo y al fanatismo religioso de los colonos israelíes. Uno de los jóvenes colonos activistas, el “joven de la cima de la colina”, explicó al periodista del New York Times que “el gobierno de Israel es ilegítimo porque no gobierna en base a las leyes de la Torá”. Albergan el “deseo de reemplazar el estado moderno de Israel por un reino bíblico a gran escala que se extienda hasta Irak,” informa el periódico.

Otro de los veinteañeros colonos activistas adoctrina a los niños israelíes con racismo antipalestino, animándoles a unirse a ellos y a otras bandas armadas de matones religiosos sionistas en sus incursiones contra pueblos palestinos. “¿Qué vais a hacer junto a mí?” pregunta el colono “como si estuviera dando clase en preescolar”. La respuesta de uno de los niños es “pegar árabes”.

Aun así, el tono de la entrevista con el cineasta liberal israelí Dotan sugiere que no ha dado en el clavo. Estas colonias israelíes armadas, violentas, construidas sobre territorio robado a los palestinos, no constituyen un extraño fenómeno marginal del sionismo. Cuando estos sionistas religiosos afirman estar actuando en base al verdadero espíritu del sionismo “pionero”, su afirmación resulta muy válida.

Aunque los fundadores de Israel eran en su mayor parte de apariencia secular, siempre hubo un cierto fanatismo religioso de por medio. “Dios no existe, pero él nos dio estas tierras,” es como lo describe con frecuencia el historiador israelí anti-sionista Ilan Pappe.

Y ahora, con el cada vez más pronunciado giro de Israel hacia la derecha, incluso esa apariencia secular está quedando cada vez más abandonada. Los colonos y los sionistas religiosos están lentamente abriéndose paso hacia el poder. Dan Cohen y Tamar Aviyah ofrecieron el martes en Mondoweiss un relato muy esclarecedor  de cómo está ocurriendo.

Una figura central en este ajuste de cuentas es Yehuda Glick. Con la salida de Ya’alon del parlamento israelí, entra como nuevo diputado en la Knesset Glick, el próximo de la lista del Likud. Nacido en Nueva York, Glick es conocido por ser uno de los instigadores del conflicto entorno al complejo de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén (el tercer lugar más sagrado para el islam), y el líder del movimiento extremista “Tercer Templo”.

Su objetivo a largo plazo es destruir la mezquita de Al-Aqsa  y reemplazarla por un templo judío.

Colono en las colinas del sur de Hebrón (parte de la Cisjordania Ocupada), Glick es el presidente de la Fundación Patrimonio del Monte de los Templos, y fue en cierta ocasión director del Instituto del Templo.

Esta última organización la dirige el rabino Yisrael Ariel, un sionista religioso abiertamente racista y de discurso homicida. El año pasado, el periodista David Sheen  grabó a Ariel defendiendo el asesinato de todos los hombres palestinos que se negaran a convertirse del islam y del cristianismo, y amenazando incluso con que Israel habría de desencadenar guerras por toda la región. “Conquistaremos Irak, Turquía. Llegaremos hasta Irán, también. Impondremos las Siete Leyes de los Hijos de Noé en todos estos lugares”.

Aunque Lieberman es más secular que religioso, es agresivamente fascista, así que no cabe duda de que estas fuerzas encontrarán terreno común en lo que se refiere al odio contra los palestinos. Además, los colonos sionistas religiosos ya tiene una fuerte presencia en la coalición de gobierno de Benyamin Netanyahu a través del partido “Hogar Judío”, de Naftali Bennett. Tal y como informan Cohen y Aviyah en Mondoweiss, en junio de 2014 Bennett declaró a la Radio del Ejército que el objetivo israelí es “un incremento de la actividad y presencia israelíes” en el complejo de la mezquita de Al-Aqsa “de forma gradual”.

En 2013, el entonces ministro de vivienda Uri Ariel (miembro de Hogar Judío, ahora ministro de agricultura)  dijo que  el complejo de la mezquita de Al-Aqsa debería ser destruido y sustituido por un templo judío. “Hemos construido muchos templos pequeños, pequeños… Pero necesitamos construir un templo de verdad en el Monte de los Templos”. El propio Ariel es un colono, también lo es Lieberman.

Con cada elección, con cada nuevo gobierno y con cada reestructuración del gabinete, parecen llegar al gobierno más fuerzas peligrosas del fanatismo religioso. Son tiempos peligrosos, en efecto.

Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres. Es editor asociado de The Electronic Intifada.

 

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004