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Mona Hatoum: Mezclando lo familiar con lo extraño

"Nadie ha puesto la experiencia palestina en términos visuales tan austeramente y a la vez tan alegremente, de modo convincente y al mismo tiempo de manera alusiva,"  dijo Edward Said dijo sobre la obra de Mona Hatoum.

Un rallador de queso se agrandó y se convirtió en un separador de ambientes, una foto de la artista caminando con sus botas Doc Martins atadas por sus cordones a los tobillos, un cubo gigante cubierto de limaduras de hierro. Estos son los objetos que te saludan cuando entras a la exposición de Mona Hatoum en la Tate Modern de Londres. Las obras expuestas abarcan treinta y cinco años de su carrera. Nacida en Beirut de padres palestinos desplazados en la Nakba y luego varados en Londres cuando estalló la guerra en el Líbano, la obra de Hatoum habla de desplazamiento, exilio, pertenencia, identidad y conflicto.

Artículos para el hogar se convierten en armas amenazantes y lo familiar se mezcla con lo extraño en este envolvente cuerpo de trabajo. Una cama, un lugar asociado con el sueño y estar a salvo, se ha formado a partir de un rallador de verduras con los contornos nítidos de sus agujeros prometedores de dolor. La transformación del separador de ambientes convertido en rallador de queso a gran escala se separa de su función normal de preservar la privacidad, con brechas intrusivas y un marco que corta la habitación de manera agresiva. Una instalación cuenta con un número de objetos de la casa, como una cuna, mesa de y utensilios de cocina, los cuales están conectados entre sí con un cable eléctrico. Las luces se atenúan y luego se aclaran, todo contra el telón de fondo de un zumbido constante. Objetos tan familiares son a la vez transformados en algo peligroso, aún más amenazantes por la sobrecarga sensorial de las luces y el sonido.

Estas piezas me recordaron la obra de la artista japonesa Yayoi Kusama ‘Bandeja de Horno’, que forma parte de un conjunto más amplio de trabajo el cual distorsiona los objetos de uso cotidiano asociados con el “trabajo de mujeres” con salientes que se han convertido en inutilizables. Cuando se expande a las instalaciones del tamaño de habitaciones éstas también adquirieron un carácter amenazador. Para Hatoum, las herramientas de la opresión femenina se están convirtiendo en armas. Pero la colección también se ocupa de su herencia y de las dificultades de provenir de un lugar donde incluso el hogar es peligroso.

Esto es cierto tanto respecto a su patrimonio palestino como a su hogar libanés. Ambos países han sufrido un interminable conflicto. Una de sus instalaciones muestra cuentas rojas incrustadas en la superficie de 2.200 jabones palestinos que trazan las líneas de los territorios palestinos desconectados creadas por los acuerdos de Oslo. El perecedero jabón muestra la transitoriedad de estos límites artificiales. Otros aspectos del sufrimiento de los palestinos están referenciados a través de alambre de púas, -la prisión, la vigilancia – y todos hablan de la autoridad estatal amenazante. “Impenetrable” de Hatoum se refiere directamente a la obra “Penetrables” del artista venezolano Jesús Rafael Soto, una instalación compuesta por cuerdas de plástico colgadas en la que los espectadores son bienvenidos a entrar. Por el contrario, la estructura la limpia estructura de cubo minimalista de “Impenetrable” es subvertida por el hecho de las delicadas líneas de la estructura están hechas de alambre de púas intransitables.

La mezcla constante de la artista de lo familiar con lo extraño me recuerda una entrevista reciente con Hatoum en The Guardian en la que describe su primera visita a la casa de sus padres en Haifa. Si bien el país era completamente nuevo para la artista, la casa de sus padres le pareció familiar. Se había construido una imagen visual de la misma a través de los recuerdos de su padre. La memoria en este sentido, sin duda, funciona para cerrar la distancia entre los desplazados y su tierra natal, una herramienta utilizada por los exiliados para disminuir el dolor de la separación causada por la guerra. Su pieza Medidas de Distancia habla de este dolor, ofreciendo cartas escritas por la madre de Hatoum en Beirut para su hija en Londres.

Hatoum es sin embargo cautelosa respecto a lo que los espectadores sobre-interpretan de sus raíces. “Vienen con esta idea preconcebida de dónde vengo”, dijo Hatoum al hablar con el New York Times el año pasado, “y por lo tanto lo que estoy poniendo en mi trabajo, y tienden a sobre-interpretar la obra en relación con mi pasado.”

Es difícil no hacerlo: la exposición cuenta con el ícono de la kufiyyeh (el famoso pañuelo palestino), un símbolo de solidaridad con el pueblo palestino, tejidos de pelo, el bordado palestino colgaba como las delicados ventanas y esculturas de vidrio de granadas de mano. Por ejemplo, su trabajo “Sentencia de Luz” muestras casillas de prismas que proyectan sombras que se sacuden como resultado de una bombilla de luz oscilante. El efecto sobre el espectador es sofocante, inquietante y desconcertante. Inmediatamente pensé en prisioneros palestinos y después en la inestabilidad constante del desplazamiento. Sin embargo, Hatoum hace referencia a las estructuras de poder en entornos urbanos occidentales y su regimentación de los individuos, observaciones que formuló tras su traslado a Londres.

No hay una única interpretación de cada pieza – el espectador puede ver una declaración sobre la situación de la mujer, toques tradicionales o un análisis de las estructuras de poder occidentales. Para Hatoum este es el punto. Una cosa parece segura : este cuerpo de trabajo está lleno de contradicción e incertidumbre. Ella juega con lo cotidiano y lo distorsiona; subvierte estructuras minimalistas con mensajes políticos e incluso lo familiar se convierte en extraño. En el proceso nos hemos quedado expuestos a la contradicción y la incertidumbre del mundo en que vivimos.

Haz click aquí para acceder a más información sobre la exposición de Muna Hatoum en Londres.

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