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¿Existe alguna posibilidad de éxito para la iniciativa de Sisi?

De pronto, sin previo aviso, el presidente egipcio Abdel Fatah Al-Sisi ha propuesto una iniciativa para lograr una verdadera reconciliación palestina, como paso previo para lograr un acuerdo de paz palestino-israelí. Este acuerdo pretende abrir la puerta a la realización de profundos cambios en la región, y a la transformación de la fría paz entre Egipto e Israel en una paz cálida.
Al-Sisi no ha revelado el contenido de su iniciativa, pero su anuncio ha coincidido con su discurso sobre la situación en Israel, al que ha instado a responder a los requisitos de paz. Este signo ha sido entendido e interpretado como un reflejo de su esperanza de que se produzca un cambio en la coalición de gobierno que permita lanzar su iniciativa.
Tras el discurso de Al-Sisi, una serie de fuentes israelíes señalaron que su iniciativa no había salido de la nada, sino que era el resultado de un esfuerzo en el que se habían implicado varias facciones, incluido Tony Blair, que habría visitado Egipto e Israel en varias ocasiones con este propósito. Además, Yitzhak Molcho, asesor de Benjamin Netanyahu, viajó a El Cairo muchas veces durante las negociaciones para incluir Campo Sionista, la formación dirigida por Isaac Herzog, en el gobierno, con el fin de limar parte de su extremismo y permitir su participación en la implementación de la iniciativa francesa. Dicha iniciativa francesa fue rechazada en el pasado por Netanyahu; pues él favorecía un acuerdo basado en las condiciones y referencias del actual proceso de resolución, que ha tratado vigorosamente de resucitar.
En lugar de Campo Sionista y de Herzog, quien entró a formar parte del gobierno ha sido el extremista Avigdor Lieberman, que ha pedido “la destrucción de la presa de Asuán en Egipto” y “que la Franja de Gaza sea transformada en un estadio de fútbol”. Esto ha ocurrido después de que el ministro de defensa israelí Moshe Ya’alon fuera forzado a dimitir, a pesar del hecho de que quisiera “planchar la conciencia palestina” y se opusiera obstinadamente al establecimiento de un estado palestino. Sin embargo, el castigo le llegó por algunas de las posturas profesionales y morales que expresó abiertamente, como su defensa de la declaración del jefe de estado suplente en la que describía lo que estaba ocurriendo en Israel como similar a lo que había ocurrido en la Alemania Nazi antes del ascenso de Hitler.
Herzog manifestó que Netanyahu había perdido una oportunidad histórica y que sus acciones eran irracionales. En efecto, la inclusión de Lieberman en el gobierno ha sido una bofetada a todos los mediadores y a aquellos que han tratado de rescatar lo que queda de la solución de los dos estados, incluido Al-Sisi. Les ha dejado en una situación incómoda; ¿cómo puede Al-Sisi continuar con su iniciativa después de que Israel haya sido tomado por los partidos más religiosos, extremistas y de derechas? Las cosas han llegado hasta el punto de que, en su discurso de dimisión y en la rueda de prensa posterior, Ya’alon se refiriera al extremismo que se ha adueñado del Likud y del gobierno. También el antiguo primer ministro Ehud Barak ha advertido contra los signos de fascismo que se perciben en Israel.
Tememos escuchar opiniones que justifiquen las acciones emprendidas para promover iniciativas árabes moderadas, a pesar del hecho de que Lieberman haya entrado al gobierno, porque podrían exponer y avergonzar al gobierno de Netanyahu y ayudar a convencer a las facciones influyentes de la comunidad internacional para presionar a Israel. Ésta es una posibilidad que merece ser discutida, aunque no se pueda confiar en ella, puesto que, por un lado, el mundo entero teme las repercusiones del extremismo rampante en Israel y del declive, o muerte, de la denominada solución de los dos estados. Sin embargo, por otro lado, debemos tener en cuenta lo siguiente:
En primer lugar, la situación árabe es pésima, debido a las guerras civiles, doctrinales y sectarias que han dividido en la práctica a una serie de países árabes, particularmente Siria e Irak, y que amenazan con dividir al resto. Por ello, amenazan con producirse más concesiones árabes, como pone de relieve el incremento de los encuentros entre Israel y Arabia Saudí –aunque no sean a nivel oficial-, y el aumento de los rumores sobre una cumbre árabe-israelí para confrontar lo que se conoce como la amenaza iraní. Por añadidura, si lo que anuncia el canal israelí Channel 10 es cierto, Arabia Saudí ha expresado su disposición a modificar dos de las cláusulas de la iniciativa árabe (relativas a los Altos del Golán y al derecho de retorno), en tanto que con anterioridad los árabes han expresado ya su disposición a añadir el concepto de “intercambios de territorio” a la iniciativa, el cual legitima los asentamientos. También hemos oído hablar de los esfuerzos americanos por eliminar la condición de la normalización árabe de Israel como requisito para aceptar la iniciativa, instando a Israel a aprobarla. Esto lo solicitó recientemente Francia, con el fin de que su iniciativa tuviera éxito. La situación en el mundo árabe es sin duda un punto débil, pues vuelve tentador el ejercer presión sobre los árabes, viéndose estos más inclinados a responder a la presión que Israel.
En segundo lugar, Egipto se encuentra en una mala situación, si no es en la peor, debido a las condiciones económicas en el país y a la guerra contra el terrorismo. Al-Sisi no es como Sadat, armado con la victoria de octubre cuando tuvo la iniciativa de visitar Israel. Por lo tanto, sean cuales sean los medios de los que dispone Al-Sisi para hacer presión dependerán del retorno a unas negociaciones vanas. Ello se debe a que nadie que tenga una mentalidad práctica podrá imaginar al gobierno de Netanyahu dispuesto a emprender negociaciones bajo auspicios internacionales, independientemente de la inclusión de Herzog. También se han difundido noticias de que Israel podría cambiar su postura con respecto a la iniciativa francesa después de que Francia prometiera que la conferencia internacional no sustituiría a las negociaciones bilaterales, sino que sería más bien una plataforma para lanzarlas.
De momento, Netanyahu considera que el éxito de las iniciativas egipcia o francesa podría amenazar a su gobierno. Además, no ha perdido la esperanza de que los árabes, que se encuentran débiles y divididos, busquen aliarse con él. En este caso, la causa palestina será la víctima, bajo la premisa de que la paz solamente puede ser alcanzada por el ala de extrema derecha en Israel. La prueba de esto es el hecho de que fuera el gobierno de Menachem Begin el que firmó el tratado de paz con Anwar Sadat.
Algunos palestinos dieron la bienvenida a la iniciativa francesa y otros la rechazaron antes de conocer su contenido, a pesar del hecho de que paulatinamente se está volviendo más similar a la postura y a las condiciones israelíes. Esto lo demuestra el hecho de que Francia ha modificado su postura con respecto a la presentación del borrador de la resolución al Consejo de Seguridad, cosa que era su plan hace dos años.
En lugar de ello, esto será el paso final, después de que el borrador haya sido aprobado a nivel regional e internacional, con el fin de no encontrarse con el veto estadounidense e israelí.
Francia también se retractó de su exigencia de un calendario para finalizar las negociaciones, y de su promesa de reconocer al estado palestino si su iniciativa fracasaba. También hemos observado cómo el borrador francés incluía la “carácter judaico” de Israel, así como el vergonzoso fracaso de Francia a la hora de votar en la UNESCO, y su retractación de la promesa de corregir este error en la próxima votación. Todo esto constituye la reacción de Francia al rechazo por parte de Israel de la iniciativa francesa, que podría llegar al punto de pedirle a Francia la inclusión de una cláusula en la que reconozca el vínculo judío de Jerusalén a través del así llamado Monte del Templo.
Para que la postura árabe no sea considerada extrema, los árabes han de insistir en que la referencia de cualquier acción será el reconocimiento de la resolución 19/67 de la ONU, que incluye el fin de la ocupación y el establecimiento de un estado. Sin embargo, si la referencia a cualquier acción política, tal y como ocurre en la iniciativa francesa, es poco clara o está incompleta, tendrá como resultado que la facción más fuerte impondrá sus puntos de vista e interpretaciones a la facción más débil.
Emprender acciones sin que exista una referencia clara y vinculante hará que los mediadores árabes y no árabes emprendan acciones en un esfuerzo por evitar un vacío que podría verse llenado por otras iniciativas y facciones no deseadas, lo que sería negativo, en tanto que mantendría el actual statu quo deteriorado. O bien, su objetivo será mediar entre ambas posturas actuales palestinas e israelíes, donde Israel es totalmente extremo y los palestinos y los árabes son extremadamente moderados. Esto significa que cualquier compromiso se basará en la imposición de más condiciones y exigencias a los palestinos.
Tras el fracaso del así denominado “proceso de paz” y después de que Israel se haya retirado incluso de los infames Acuerdos de Oslo, asumiendo sus posturas previas, los palestinos deben retroceder también al punto de inicio y retractarse de todas las grandes concesiones que han realizado. Éstas incluyen el reconocimiento del derecho de Israel a existir en el 78% del territorio palestino, la dependencia económica y en materia de seguridad, la normalización de relaciones, el rechazo y la renuncia a la resistencia y la aceptación del concepto de los intercambios de tierra, así como una solución para la cuestión de los refugiados.
Traducido de Arabi21, 25 de mayo 2016.

 

 

 

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