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La incompetencia internacional ha ayudado a sobrevivir a Daesh y a superar sus debilidades

La incompetencia que la comunidad internacional está teniendo no sólo ha ayudado a Daesh a sobrevivir, sino también a superar sus debilidades.
Un combatiente del ISIS frente a un grupo de prisioneros que cavan sus propias tumbas.
Un combatiente del ISIS frente a un grupo de prisioneros que cavan sus propias tumbas.

Hasta el año pasado, Daesh estaba experimentando un crecimiento significativo. El grupo fue creciendo en términos de economía local, partidarios, reclutas y territorio; parecía ser imparable. Dejó perplejos a expertos en terrorismo y las políticas exteriores y de seguridad de los estados nación comenzaron a girar en torno a lo que parecía ser una amenaza existencial. Desde debatir ataques aéreos, fuerzas de tierra e incluso otorgar reconocimiento diplomático a Daesh, las posibilidades parecían interminables; la batalla fue agotadora. Los patrones de las fluctuantes victorias y derrotas de los extremistas en muchos aspectos dependían de la actividad militar a su alrededor, junto con su capacidad de generar ingresos para financiar su supuesto califato.

Un informe del Wall Street Journal, sin embargo, ha demostrado que ahora existen debilidades en la infraestructura económica del Daesh, según revelan los últimos documentos de inteligencia. El grupo comenzó a sentir tensión en sus finanzas después de que Abu Sayyaf, un funcionario de alto rango que tenía un papel similar al de un ejecutivo del petróleo, muriera a manos de las fuerzas especiales de Estados Unidos durante una incursión. Los estadounidenses también lograron la captura de documentos que explican cómo se convirtió Daesh en el grupo terrorista más rico del mundo. A pesar de la falta de experiencia en la industria del petróleo y del gas de Abu Sayyaf, se las arregló para construir una extensa red de comercio de energía que le llevó a triplicar los ingresos de Daesh por la energía en un punto determinado. Lo hizo de muchas maneras, una de las más importante de los cuales fue a través de asegurar negocios con el régimen de Assad en Damasco.

Desde su muerte, Daesh ha sido incapaz de encontrar un sustituto competente, lo que significa que sus ingresos por la venta de petróleo han caído de manera significativa; ahora se apoyan en gran medida en los impuestos y el pago de beneficios inferiores a sus combatientes. La propaganda de Daesh gira en torno a la seguridad financiera para los que optan por someterse al califato y muchos de los que emigran de los países occidentales esperando un lujoso, extravagante estilo de vida. La reducción de los beneficios ha llevado a que se extiende una baja moral entre los combatientes de Daesh, a quienes se les paga un promedio de 50 dólares mensuales, más otros 50 por cada mujer y 35 por cada “esclava sexual”. A los combatientes locales se les suele pagar menos que esto. Para compensar la pérdida de ingresos, Daesh se ha visto obligado a realizar cortes de electricidad en algunas ciudades e imponer más multas y honorarios “recortados” a los residentes. Los documentos muestran que ahora hay más combatientes que piden a sus médicos bajas por enfermedad para poder abandonar sus deberes militares. Por otra parte, los controles fronterizos más estrictos por parte de la policía turca y la pérdida de áreas que alguna vez fueron clave para el contrabando, como Tel Abyad y Kobane, significa que ha habido una disminución en el flujo de combatientes extranjeros.

Por otra parte, la reducción de las ganancias territoriales ha significado menores oportunidades para el saqueo, otra importante fuente de ingresos, en una caída que ha paralizado el crecimiento económico de Daesh. Los últimas mejoras significativas fueron logradas en mayo del año pasado, cuando el grupo capturó Ramadi en Irak. Tras ello, el grupo se extendió en el resto de la provincia de Anbar y partes de la vecina provincia de Salah Al-Din, aunque esto fue después de que Daesh perdiera Diyala y Babil, consideradas como fortalezas militares. Este año ha sido significativamente más difícil para Daesh, con estimaciones de que ha perdido el 22 por ciento de su territorio en Siria e Irak.

Viéndolo con retrospectiva, la pérdida de territorio parece positiva, pero cuando se mira quién ha sustituido la presencia de Daesh en áreas como Diyala en Irak y Palmira en Siria; la situación es preocupante. Teniendo en cuenta el daño que el régimen de Al-Assad ha causado – con bombas de barril indiscriminadas, armas químicas y un sin número de crímenes de guerra – está claro que el presidente sirio no es la mejor opción para su pueblo.

Al-Assad ha llevado a cabo negocios con Daesh y hecho la vista gorda a la afluencia de yihadistas que entraron en Siria desde Irak después de la caída de Saddam Hussein. El suyo no es un régimen que pueda ser invocado para inculcar la estabilidad en Siria. Él permitió que se desarrollara una alianza táctica baazista-yihadista a mediados de los años 2000 porque creía que esto crearía una zona de seguridad interna en el caso de que los estadounidenses decidiera que él merecía una suerte similar a la de Sadam Husein. Esta es sin duda suficiente evidencia de que Siria no puede ser un aliado competente en la lucha contra el terrorismo. En Irak, las zonas que han sido capturadas por Daesh han caído en manos de las milicias chiíes, en alianza con el gobierno iraquí, las cuales están llevando a cabo atrocidades gravísimas.

Otro problema añadido es que a pesar de perder tierras y poder, las condiciones que favorecieron el crecimiento de Daesh todavía siguen latentes. Sin abordar la inestabilidad política y la crisis humanitaria que ha permitido que el grupo crezca, éste seguirá existiendo, aunque reformado y adaptado a las nuevas circunstancias. Daesh lleva sabiendo adaptarse a las nuevas circunstancias desde el comienzo de los ataques aéreos extranjeros, usando coches más pequeños en lugar de los SUV, o caminando en vez de conducir para que los satélites con sensores térmicos no recogieran el movimiento y las actividades de sus combatientes.

También hay algunas actividades financieras de las cuales en realidad sabemos poco y sólo podemos adivinar, como el ingreso por contrabando de drogas. El año pasado, los servicios de inteligencia rusos estimaron que el contrabando de heroína por sí solo representa mil millones de dólares de ingresos para Daesh, alrededor de la mitad de su valor económico en general como “estado”. Estas cifras no han sido cuestionadas a nivel internacional, pero siguen siendo muy difíciles de probar. Esto añade cierta ambigüedad a la capacidad de Daesh para transformarse, renombrarse, recuperarse y reinventarse.

Por lo tanto, la incompetencia que la comunidad internacional está teniendo no sólo ha ayudado a Daesh a sobrevivir, sino también a superar sus debilidades. Aunque gran parte de la forma en que opera sigue siendo un misterio, por lo que sabemos, es evidente que la comunidad internacional no está haciendo frente a los hechos y en su lugar busca soluciones rápidas a la molesta cuestión del Daesh. Esto se está haciendo en su mayoría por tratar con los mismos partidos y regímenes que han permitido que permanecezcan las condiciones ideales para que Daesh prospere. No se puede permitir que esta situación continúe si somos serios acerca de la derrota del grupo extremista.

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