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¿Por qué no puedo ser “sushi”?

"La combinación creativa de las palabras suní y chií conduce a la palabra ‘sushi’, que pretende ser una palabra divertida que muestra la inocencia de las niñas y su objetivo de unir a los musulmanes."

‘Sectarismo’ se ha convertido en la palabra de moda de la política de Oriente Medio en el siglo XXI. Desembalada y desempolvada cada vez que un periodista o un analista político quiere hacer una declaración pseudointelectual sobre la violencia intercomunitaria en la región. En la misma dirección que la tan denunciada tesis de Samuel Huntigdon sobre el ‘choque de civilizaciones’, el uso del sectarismo como mecanismo de explicación para el caos político-religioso en el mundo árabe y en Oriente Medio en su sentido más amplio sugiere una forma de impulso soterrado y primordial que enfrenta entre sí a las comunidades y convierte a antiguos amigos y vecinos en enemigos.

Ahora, un nuevo proyecto cinematográfico producido y dirigido por la cineasta británica-iraquí Hoda Yahya Elsoudani busca desenredar algunos de los mitos que rodean el sectarismo; y con ello tratar de dibujar un futuro más luminoso para las comunidades musulmanas de todo el mundo.

“A nadie le gusta el conflicto,” me dice Elsoudani sobre una taza de café en una cafetería del norte de Londres. “Creo que todos deberíamos ser capaces de vivir juntos y en paz a pesar de nuestras diferencias; tenemos tanto en común”.

Titulada ‘¿Por qué no puedo ser sushi?’ –una combinación jocosa de las palabras suní y chií-, la cinta dibuja el absurdo y la intolerancia del sectarismo a través de los ojos de dos jóvenes hermanas que tratan de aprender sobre la historia y la realidad contemporánea del Islam. Las niñas se reúnen con líderes musulmanes y miembros de la comunidad de una serie de corrientes diferentes, haciéndoles preguntas y confrontando prejuicios. En una escena particularmente conmovedora, las niñas se acercan al Speaker’s Corner en el Hyde Park de Londres para hablar a los viandantes sobre el sectarismo y el odio intercomunitario. Al retratar un tema tan delicado a través de los ojos de los niños, explica Elsoudani, fue capaz de simplificar el asunto hasta hacerlo más accesible para la gente.

“Los niños son inocentes, la gente habla con ellos,” dice. “La combinación creativa de las palabras suní y chií conduce a la palabra ‘sushi’, que pretende ser una palabra divertida que muestra la inocencia de las niñas y su objetivo de unir a los musulmanes. Así que lo que realmente intentan decir es “¿Por qué no podemos ser simplemente musulmanes?”; eliminar los conflictos existentes centrándonos en las semejanzas entre las personas”.

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Parte de la inspiración para la película fue la propia frustración creciente de Elsoudani ante el nivel de intolerancia y malentendidos con los que se encuentra de forma cotidiana.

“Llevo queriendo hacer esta película desde hace mucho, mucho tiempo. Al crecer conocí a mucha gente que tiene puntos de vista muy extremistas, y la cinta es una manera de contrarrestar esto. La película trata de un grave asunto contemporáneo, que es ¿por qué la gente no puede simplemente llevarse bien?

A pesar de lo delicado de la cuestión, Elsoudani no teme posicionarse, y dice que el objetivo de la película es derribar barreras entre las personas y hacerles darse cuenta de que no tiene que ser a su manera o a la del otro, sino que siempre se puede encontrar un punto intermedio.

“Quiero que la gente sepa que no estoy tomando partido. Mi principal objetivo es ser justa. Yo no me crié ni como suní ni como chií, simplemente como musulmana. Creo que puedes ser musulmán a través de comportarte como una buena persona y tratar de cuestiones sociales; y eso es lo que pretendo hacer con esta película… Toda mi motivación es revelar las injusticias, corregir malentendidos y devolver a la gente a sus raíces. Hay tanta gente que ha olvidado lo que es el Islam… El Islam es acciones, no palabras”.

Como cineasta independiente (también dirige su propia productora recién fundada, Spoken Iris Films), Elsoudani se ha enfrentado a numerosos obstáculos durante el proceso de planificación y de grabación, entre ellos la falta de financiación adecuada. Afortunadamente, fue capaz de recaudar los fondos necesarios a través de Kickstarter. Con la ayuda de esta financiación, Elsoudani planea producir un largometraje que con suerte será proyectado en salas independientes y en festivales de cine tras su estreno este año.

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