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Tras huir de la persecución, los secuestros y el genocidio, ¿qué espera a los refugiados en Grecia?

El nuevo acuerdo de deportación entre la UE y Turquía significa que ciertos grupos, como marroquíes, iraníes y paquistaníes, son contemplados como “migrantes económicos”

Los refugiados en Moria, en la isla de Lesbos, están siendo trasladados a la Grecia continental como paso previo a su deportación, tras haber estado atrapados durante semanas después del cierre de la ruta de los Balcanes. Con la amenaza de la deportación pesando sobre ellos, las esperanzas de los refugiados de un futuro en Europa se están desvaneciendo minuto a minuto. Los hombres rompen en lágrimas bajo condiciones que nadie podría soportar.

El nuevo acuerdo de deportación entre la UE y Turquía significa que ciertos grupos, como marroquíes, iraníes y paquistaníes, son contemplados como “migrantes económicos”. Lo cierto es que la guerra, la persecución y el genocidio también están produciéndose en sus países de origen. El nuevo acuerdo implica que el tratamiento que reciben los refugiados y estos “migrantes económicos” en Grecia es abrumador. El acuerdo viola los derechos humanos y la ley internacional en tanto que compromete el derecho de las personas a solicitar asilo, empeora el problema de la trata de personas y hace depender el reasentamiento de que los refugiados arriesguen sus vidas cruzando el mediterráneo, con su inhumano plan de “uno dentro, uno fuera”.

Los así llamados “migrantes” “económicos”, “irregulares”, caen por los agujeros del sistema, ya que las condiciones del asilo se endurecen, con el riesgo de que se produzcan evaluaciones sumarias; agrupar a la gente de forma homogénea para evaluarla es claramente una violación de la ley internacional, que estipula que las personas han de ser evaluadas de forma individual. El hecho de que muchos de los que están en Moria hayan huido de falsas acusaciones de blasfemia, apostasía, por el hecho de pertenecer a la comunidad LGBTQ o para huir del genocidio, vuelve muy ineficiente semejante aproximación a la hora de identificar casos vulnerables, y hace que los afectados se inhiban y eviten dar un paso adelante; hacerlo y explicar su situación delante de sus compatriotas podría poner sus vidas en peligro una vez más.

Tuve la ocasión de hablar con Adi, un hombre en la treintena que se embarcó para Lesbos hace 30 días, tras cruzar Paquistán, Irán y Turquía. “El viaje fue muy peligroso,” me dijo. “Había un agujero en la barca hinchable y comenzó a entrar el agua, pero Alá todopoderoso envió a sus ángeles, en la forma de un barco, a rescatarnos”. En Paquistán existen muchos problemas, me explicó; terrorismo, guerra y desempleo. “Incluso los que estudian un máster acaban sin trabajo”. Subrayó que hay problemas de corrupción y con el gobierno en general; ya que el nepotismo campa por doquier debido a la situación desesperada. Adi afirma que sólo quiere quedarse un año, para tener tiempo de ponerse a salvo, encontrar trabajo y formarse antes de volver a Paquistán con más recursos para comenzar de nuevo. Me contó que su tío ha intentado estrangularle en varias ocasiones, al considerarle un traidor por querer ir a Europa, algo que Adi cree que es lo correcto.

Necesita obtener protección ante los problemas sociales que afectan Paquistán, con Daesh, los Talibán y otros grupos amenazando continuamente su país. Los drones americanos son otra cuestión; mucha gente inocente muere en el nombre de la “Guerra contra el Terror”. Adi me contó que la violencia en el Punjab está destruyendo la responsabilidad de la gente, y destruyendo su esperanza. Si le deportan, insiste, su tío le matará, y eso si llega a volver a su país. El gobierno paquistaní no reconoce a los deportados sin pasaporte. La mayoría no lo poseen, y tienen que volver a entrar en el país de forma ilegal. Si solicita asilo en Grecia, su familia en Paquistán estará en peligro porque será visto como un traidor por un estado que niega las acusaciones sobre grupos en conflicto y sobre la deteriorada situación económica.

Veo que Europa posee el mismo espíritu generoso que el Islam,” concluyó Adi. “Es por esto que espero que empiecen a registrarnos”.

Uno de sus amigos del campo, Uman, es un periodista paquistaní. Explicó que el gobierno en Islamabad le ha prohibido ejercer su profesión y que no existe libertad de expresión. Además ha sido amenazado por los Talibán, por funcionarios paquistaníes y otros grupos. Está huyendo de la persecución pero teme que si solicita asilo su familia esté en peligro. “El gobierno me acusa falsamente de haber hecho cosas malas para justificar el meterme en la cárcel y castigarme,” dijo.

Uman ha trabajado como periodista durante siete años, y durante los cuatro últimos ha recibido amenazas de la policía y de grupos armados como los Talibán. Tiene tres juicios abiertos por supuesta apropiación indebida de tierras, empleados contra él para impedirle trabajar como periodista. No puede volver a Paquistán sin enfrentarse a la persecución y a la muerte, insiste. Esto llena sus ojos de pena y desesperación, mientras relata su huida de un pequeño pueblo de Paquistán, después de recibir varios disparos en el muslo y en la mano. Con la esperanza de un futuro seguro, viajó por Irán, el Kurdistán y Turquía antes de emprender el peligroso cruce marítimo a Grecia. Ahora teme por la seguridad de su mujer, su madre y sus dos hijos en Paquistán.

Traficantes y secuestradores

La mayoría de los refugiados con los que hablé en Moria habían sufrido por lo menos un secuestro durante su viaje hasta aquí, o bien en Turquía, en el Kurdistán o en Irán. Los refugiados se enfrentan a robos, extorsiones y torturas. Estos abusos parecen estar bien organizados, con violaciones de derechos humanos ocurriendo a escala regional. “[Los traficantes] esperan en el bosque, conocen los senderos,” explicó el estudiante de ingeniería Kabir. “A veces los traficantes pasan información a los secuestradores, o son ellos mismos secuestradores y nos golpean con mucha fuerza”. Me contó que su grupo fue secuestrado durante diez días y golpeado hasta que sus familias transfirieron otros 2.000 dólares. Su familia es muy pobre y tuvo que pedir un préstamo para pagar a los secuestradores. “Ahora tengo aún más motivos para quedarme en Europa, ya que tengo que buscar un lugar seguro y ganar suficiente dinero para devolver mi préstamo, sino las autoridades me matarán”. Asegura que la policía iraní sabía lo que estaba ocurriendo, pero no hizo nada para impedirlo. También acusa a algunos de los otros refugiados de ser secuestradores ellos mismos, disfrazados como “agentes” que supuestamente deberían garantizar la seguridad durante el viaje.

Nuestro grupo tomó un taxi en Turquía. Después de decirle al conductor a dónde queríamos ir, nos llevó prisioneros,” afirma Fahad, diplomado en informática. Su hermano tuvo que vender su casa, en su país, para pagar el rescate y liberarle de su cautiverio en las montañas, donde el taxista le había escondido junto con sus compañeros.

Amid huyó de Paquistán después de que su madre y dos de sus amigos recibieron disparos. Sobrevivió, aunque con heridas, cuando un grupo armado irrumpió en su clase, en la universidad. “Entonces decidí venir a Europa,” explicó. “Quizá aquí pueda encontrar protección”. Instó a los europeos a comprender la necesidad de las personas que intentan llegar al continente.

Grecia cede y las ONGs se marchan por razones morales

Lo que espera al 60% de los refugiados que no son sirios en Turquía es ser apátridas, y todo lo que este estatus lleva aparejado. Ya que Turquía sólo reconoce la Convención de Ginebra de 1951 de los derechos de los refugiados con unos ciertos límites regionales, no cuenta con procedimientos de asilo para refugiados que vienen de fuera de Europa. Los refugiados sirios entran en el sistema de “uno dentro, uno fuera”, pero para todos los demás que no pueden volver, digamos, a Irán o a Paquistán, debido a que no poseen pasaportes y se marcharon de forma ilegal, las deportaciones implican la muerte o una vida de apátrida en Turquía. No solamente les tocará trabajar en el sector del trabajo informal y mal pagado, sino que se enfrentarán a la posibilidad de ser secuestrados y torturados de nuevo.

Europa debe escuchar a las ONGs internacionales y a aquellos organismos sobre el terreno que están negándose a ayudar a implementar el acuerdo de deportación por razones morales y de derechos humanos. Incluso la ONU se ha posicionado en contra y ahora se niega a cooperar, dejando a las autoridades griegas al cargo del proceso. Dado que no están preparadas y carecen de personal, únicamente nos queda esperar y preguntarnos qué espera a los refugiados en los próximos días, semanas y meses.

 

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