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¿Están los medios alimentando el conflicto en Oriente Medio?

Muy pocos, si es que alguno lo hace, invierten tiempo en investigar y en grabar su propio material; las agencias siguen siendo el recurso primario. Esta actitud priva a la región de la oportunidad de exhibir historias de interés humano.
Thembisa Fakude

Thembisa Fakude

¿Están los medios alimentando el conflicto en Oriente Medio?

El crecimiento de los canales de televisión locales está comenzando a contrarrestar la narrativa que hasta ahora ha dominado la cobertura mediática de Oriente Medio. Algunos programas de televisión que reflejan una vida normal están rompiendo gradualmente con la cobertura básica de guerrra y masacres. Sin embargo, el conflicto actual ha impedido que trabajen en la región quienes se inician en el periodismo con nuevas perspectivas. En consecuencia, los canales de televisión están llamando para trabajar a los periodistas más experimentados ya posicionados en la región. Por desgracia, la mayor parte de esta generación más mayor insiste en trabajar de acuerdo con las instrucciones recibidas en coberturas previas de la región. Además, los periodistas más jóvenes y nuevos que llegan a Oriente Medio no pueden viajar libremente con el fin de investigar y reunir información. De forma comprensible, la región está llena de cínicos que desconfían de los extranjeros debido a la brutalidad de los mujabarat (agentes de los servicios secretos) de diferentes países que operan en la región.

Por si fuera poco, la falta de inversión de los medios en logística impide una cobertura adecuada. La tecnología ha permitido a muchas instituciones mediáticas de todo el mundo -en especial a la televisión- retransmitir en vivo tan pronto como estalla una noticia. En Oriente Medio, donde las capacidades de banda ancha aún están muy limitadas, la costosa transmisión por satélite constituye aún la forma de retransmisión predominante. Además, la mayor parte de los técnicos en este campo viven en Europa, lo que implica que las organizaciones de medios regionales se ven forzadas a esperar a que el personal capacitado llegue del extranjero una vez que se desencadena un gran evento. Esta realidad aún supone un desafío para las coberturas informativas de los acontecimientos en Oriente Medio, especialmente cuando son en inglés. En consecuencia, la mayor parte de organizaciones mediáticas dependen para su cobertura de las agencias de información. Al-Jazeera Enlish es el único canal de noticias mundial en inglés que tiene la capacidad de comenzar a emitir y seguir un evento inmediatamente desde su comienzo. La dependencia de agencias de noticias como Reuters, Agence France Presse (AFP) y Associated Press (AP) por parte de muchas organizaciones informativas locales acaba favoreciendo un periodismo perezoso. Son demasiados los periodistas que simplemente montan sus piezas diarias con el metraje que les proporcionan estas agencias. Muy pocos, si es que alguno lo hace, invierten tiempo en investigar y en grabar su propio material; las agencias siguen siendo el recurso primario. Esta actitud priva a la región de la oportunidad de exhibir historias de interés humano.

¿Alimentan los medios el conflicto en Oriente Medio?

Un fenómeno en aumento es la emisión de material audiovisual preparado por grupos extremistas. Cada acto de crueldad va acompañado por una cinta de vídeo o por una publicación online que describe a quienes lo han cometido y explica sus motivos. Lo que se preguntan la mayoría de investigadores en ciencias sociales y analistas de los medios es a quién va dirigido ese mensaje. Existen una serie de jóvenes de todo el mundo que han abandonado sus países para unirse a grupos extremistas, particularmente en Siria. Generalmente se le echa la culpa a internet, o se lo menciona como la principal plataforma empleada para reclutar y atraer a semejantes jóvenes a Oriente Medio. Las imágenes de jóvenes combatientes enarbolando un AK-47 y jurando matar en nombre de la religión se han convertido en algo común en las pantallas de nuestros televisores.
Quizás exista un factor de fama aparejado a que estos vídeos sean mostrados en televisión, y es posible que de esta ecuación forme parte hasta cierto punto un estatus de celebridad dentro de los círculos extremistas. Por lo tanto, no es algo cogido por los pelos suponer que quienes albergan y apoyan la ideología de los extremistas se van a ver atraídos por semejantes imágenes, y puedan sentirse inspirados para unirse a sus filas.
El reto al que se enfrentan la mayoría de las redacciones es decidir si deben emitir o no estas imágenes. El argumento lógico es evidente: los extremistas están usando a los medios para sus propios objetivos, por lo que semejantes imágenes no deben ser retransmitidas. No obstante, existe otro imperativo en el periodismo -el derecho del público a la información- que los periodistas no pueden ignorar; no pueden simplemente retener de forma unilateral del dominio público estas historias e imágenes. Dado que la retransmisión de estas imágenes con frecuencia es determinada por un incremento en la competencia entre los medios, para muchas cadenas es difícil resistirse a emitir imágenes exclusivas. La mayor parte de organizaciones informativas deciden ignorar las normas básicas sobre la retransmisión de imágenes y vídeos; la regla general ahora es que, si hay sangre, debe ir destacado.
El reporterismo de guerra suele significar gran periodismo, y es por ello que ha atraído a Oriente Medio a muchos periodistas noveles. Organizaciones extremistas como Daesh proporcionan el material adecuado en términos audiovisuales. Esto plantea la cuestión de si existen vínculos entre el populismo de las organizaciones radicales y los medios. ¿Qué ocurriría con estas organizaciones si las cámaras apuntan hacia otro lado y se les priva de la exposición mediática? ¿Qué ocurriría si las cámaras se centran en otras noticias de la región? Siendo realistas, la actitud de los periodistas extranjeros implica que esto es algo que probablemente nunca vaya a ocurrir.
En efecto, la implicación de tropas extranjeras en Oriente Medio ha visto la expansión de organizaciones informativas estatales como Russia Today, CCTV y France 24, entre otras. Estas organizaciones han aportado nuevos elementos al establecimiento de la prioridad de las noticias y al tipo de encabezados. Destacan las noticias relacionadas con el papel de sus propios países en el conflicto. En términos de licencia operativa, se supone que el Servicio Global de la BBC no representa exclusivamente el interés nacional británico, y sin embargo el Ministerio de Asuntos Exteriores en Londres lo utiliza en cierto modo como una herramienta de poder blando. La línea editorial de la BBC refleja sin disimulo ciertas posturas nacionales y políticas. El reciente debate sobre la terminología empleada para describir a los sirios que en masa tratan de alcanzar Europa ha creado discusiones interesantes en diversas redacciones por todo el mundo. Finalmente, algunas organizaciones informativas adoptaron una postura que refleja su interés nacional en este debate. Al-Jazeera English, a contracorriente del consenso de las otras cuatro grandes cadenas internacionales, insistió en referirse a los sirios desplazados como ‘refugiados’ y no ‘migrantes’. El sesgo y la sobre-politización de la cobertura televisiva de eventos globales ha conducido a un incremento en el cinismo de los medios en Oriente Medio. La cobertura sesgada y desigual de acontecimientos importantes ha generado en la región apatía hacia los medios tradicionales, en especial la televisión.
La actitud general de los gobiernos y de la sociedad civil en Oriente Medio hacia los periodistas es uno de los principales obstáculos a la hora de cubrir noticias en la región. Hay requisitos estrictos y largas listas de permisos y legalidades requeridos para filmar y reunir información; un incumplimiento de estos puede conducir a la detención del periodista. Algunos gobiernos exigen al interesado una licencia periodística más allá y por encima de la cualificación universitaria y de la oferta de empleo. Esto hace que en algunos lugares de Oriente Medio sea muy difícil practicar un periodismo independiente.
En consecuencia, muchos periodistas extranjeros se hacen pasar por turistas para sortear la restrictiva legislación mediática. Esto ha conducido a la proliferación de los ‘fixers’, individuos que mantienen contactos con diversos grupos y facilitan el acceso a la información a las cadenas y periodistas extranjeros. Trabajar de ‘fixer’ se ha convertido en una de las ocupaciones más prestigiosas en Oriente Medio. Algunos ‘fixers’ son periodistas que no pueden alcanzar los requisitos para trabajar en la profesión. La mayoría, sin embargo, no son periodistas en absoluto, sino individuos bien conectados políticamente, o en otros casos simplemente chóferes capaces de conversar en un lenguaje extranjero.
La dependencia de ‘fixers’ que no tienen experiencia periodística o profesional en la obtención de información está comprometiendo la calidad del periodismo y de la cobertura de la región. No están sencillamente facilitando entrevistas y llevando en coche a los periodistas a lugares importantes. También van a ruedas de prensa, toman notas en árabe y básicamente producen material para los periodistas a los que les da miedo aventurarse más allá de su oficina. Esto, por desgracia, ha comprometido la calidad de la producción informativa. Oriente Medio es un entorno sobre-politizado, así que es necesario investigar a los ‘fixers’ antes de emplear sus servicios con propósito periodístico. No hacerlo conduce a problemas que serían evitables, en particular a una posible manipulación en la cobertura del evento.

Conclusión
Los estereotipos sobre la región, desde la perspectiva de los periodistas y de la de sus audiencias globales, dictan una serie de elecciones editoriales en la cobertura de Oriente Medio. Además, la llegada de las cadenas nacionales ha añadido una nueva dimensión a la cobertura de noticias. Los periodistas informan para audiencias determinadas que esperan un cierto tipo de noticias; en la mayoría de los casos sobre el bienestar y progreso de sus intereses nacionales. Dicho esto, los periodistas también tienen la responsabilidad de educar a su audiencia.
Otro factor importante es que las cadenas de TV internacionales de carácter informativo tienden a cubrir eventos que puedan atraer a muchos espectadores. Esta audiencia se acostumbra a ciertos tipos de narrativas sobre la historia en cuestión; observan y siguen su progresión con la expectativa de una narrativa coherente. Esto, a su vez, crea estereotipos, y para muchos periodistas es difícil cambiar una jerga determinada en medio de una historia en curso, incluso cuando se hace necesario un cambio en la narrativa.
Por ejemplo, incluso después de enterarse de que con frecuencia los kurdos son musulmanes suníes, la mayoría de los periodistas siguen comparando a kurdos y suníes en Oriente Medio como si fueran mutuamente excluyentes. Así, los periodistas intentan ajustarse al guión para mantener su credibilidad, incluso a riesgo de informar mal a su audiencia. Los principales estereotipos actuales sobre Oriente Medio y el Islam sólo pueden cambiar si los medios ofrecen un nivel de cobertura más equilibrado a otras historias importantes. Hasta ese momento, la imagen de la región en Occidente seguirá sin cambiar, y esto afectará también la interacción entre gente corriente de ambas zonas.
En resumidas cuentas, el buen periodismo se desarrolla a través de una combinación de educación, profesionalidad y buena socialización. A la mayoría de ‘fixers’ empleados por instituciones mediáticas en la región con frecuencia les falta esta experiencia esencial. En Oriente Medio existe un sentimiento abrumador de nacionalismo y sectarismo; incluso a algunos periodistas cualificados les cuesta mantener un equilibrio entre su profesionalidad y sus inclinaciones religiosas y políticas, y el empleo arbitrario de ‘fixers’ sin una adecuada comprobación y evaluación no ayuda a esta situación. Todos estos factores combinados alimentan el conflicto en la región. Tal y como están las cosas, es difícil alcanzar otra conclusión.

Thembisa Fakude es la Jefa de Investigación y Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Al Jazeera y pertenece a la Junta Directiva de la Red Al Jazeera

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