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Libertades periodísticas en Egipto: dos eras diferentes

Durante el periodo de Morsi, el Gobierno emitió licencias para 59 periódicos y revistas y 23 canales de televisión, y los medios experimentaron el paso de un sistema de un sólo partido a una plataforma con multitud de partidos y confesiones, concediendo voz a todo el mundo. ¿Y qué ocurre ahora?

Muchos de mis compañeros, así como otros presos políticos que se encuentran en la tristemente conocida prisión de Aqrab, están luchando desde dentro para protestar contra las duras condiciones y las políticas de muerte lenta que el régimen egipcio pone en práctica contra sus oponentes políticos. En esta guerra están implicados cientos de presos que se opusieron al golpe militar que tuvo lugar en Egipto. El movimiento lo lideran Abdullah Al-Shami y Mohamed Soltan, que sobreviven contra todo pronóstico y gracias a la voluntad de Dios de mantenerlos a salvo.

Sin embargo, el éxito de Al-Shami y Soltan no se debe únicamente a su legendaria integridad, que ha pasado a la historia como un gran ejemplo de protesta periodística, sino que también debe ser atribuido en gran parte al apoyo mediático de Al Jazeera, para la que trabaja Al-Shami. Por no hablar del apoyo americano que ha recibido Soltan, de doble nacionalidad estadounidense y egipcia.

Sacamos este tema a colación con el fin de apoyar a nuestros amigos periodistas, y a aquellos que trabajan en los medios y que han estado languideciendo en las cárceles del régimen desde hace más de dos años y medio. Entre ellos se encuentran el diputado Mohsen Radi, el representante cultural en la asamblea constituyente Ahmed Hussein, el líder del partido Istiqlal Magdy Ahmed Hussein, el presidente del periódico Al-Shaab, el editor de Al-Yawm Al-Sabi Hani Salah Al-Din, el periodista Ibrahim Al-Duari y el director del canal de televisión Aqsa en El Cairo, Ahmed Subai.

También está Amro Khafif, el secretario del primer Ministerio de Información, así como el primer presidente del sindicato de ramo de ingenieros de medios y televisión, Hussein Qabbani, un periodista del periódico Karama y los tres editores de Rassd: Samhi Mustafa, Abdullah Al-Fakharani y Mohmmad Al-Adel. Por no mencionar a Mused al-Barbari, el director de Ahrar 25, al periodista Walid Al-Shalabi y, finalmente, a Hisham Jaafar, el presidente del Instituto Mada para el Desarrollo de los Medios.

Estos no son sino algunos nombres de las decenas de periodistas y figuras del mundo de los medios que están languideciendo en las cárceles egipcias. Hay muchos periodistas que no pertenecen a ningún sindicato o a grandes cadenas como Al Jazeera que les puedan defender. Es por ello que hacemos un llamamiento al mundo para hacer un esfuerzo consciente para defender a estos periodistas y evitar que queden encerrados en las prisiones sangrientas y fascistas del régimen.

Hace algunos días, el sindicato de prensa egipcio publicó un informe en el que anunciaba que trabajaría conjuntamente con cinco organizaciones de derechos humanos para preparar una vez al año un informe que destacase la realidad de la libertad de prensa en Egipto. En verdad, el periodismo se ha convertido en una profesión arriesgada, que puede ser castigada con la cárcel. El informe también revelaba que tan sólo en 2015 habían tenido lugar 782 casos de violaciones de derechos humanos que afectaban a periodistas. La naturaleza de éstas fluctúa entre detenciones temporales a arrestos de carácter político, sin mencionar, por supuesto, el alto nivel de maltrato físico al que se enfrentan estos periodistas, así como a la destrucción de sus equipos.

Además, según el informe, a 12 periodistas se les prohibió seguir escribiendo en una serie de publicaciones y periódicos, mientras que otras publicaciones fueron retiradas de circulación por completo, tras haber debatido cuestiones relacionadas con la presidencia, la república, el ministerio del interior y otras instituciones del estado.

Por si fuera poco, el régimen también ha prohibido la publicación continuada de algunos periódicos que tocaban asuntos relativos a ciertos aspectos dentro del gobierno. De hecho, uno de estos periódicos recientemente publicó un reportaje informando de que el estado no había suministrado a sus empleados datos sobre los ingresos fiscales procedentes de impuestos sobre la renta, lo que había conducido a pérdidas para el país de ¡8.000 millones de libras egipcias (1.020 millones de dólares)!

El informe también destaca el regreso de la censura a la prensa egipcia, a pesar de que el presidente Sadat anuló la censura estatal hace 40 años. El retorno a la dictadura militar es el motivo de este resurgimiento.

Según el informe, unos 60 periodistas egipcios, tanto pertenecientes como no pertenecientes al sindicato, se ven afectados en la actualidad por la censura; en tanto que se prevé que esta cifra alcance pronto los 100, lo que confirmaría que Egipto atraviesa una vez más una era propia de un régimen autoritario que se mantiene en el poder gracias a la opresión y a la privación de derechos.

El Comité para la Protección de los Periodistas sitúa a Egipto en segundo lugar, justo después de China, en el top ten de los peores países para practicar el periodismo en 2015. Este informe se publicó a finales de Diciembre y destacaba el número de periodistas encarcelados por año en cada uno de los países.

Aunque China por el momento se mantiene en el puesto número uno, según el informe del Comité, el año pasado en ese país sólo fueron a prisión 49 periodistas. Aunque se calcula que Egipto encarceló a 23 periodistas, aún así podemos argumentar que esta última nación sigue siendo el peor lugar para un periodista tras el golpe de estado. Esta reivindicación no es cierta solamente a la luz del último año, sino para los tres últimos años, desde el golpe de Julio de 2013. Casi 100 periodistas languidecen en las cárceles egipcias en la actualidad, con algunos de ellos condenados a cadena perpetua o a la pena de muerte, mientras que otros han sido condenados a las celdas de aislamiento o a otros castigos de carácter severo por parte de las cortes militares establecidas tras el golpe.

Las cortes militares en Egipto no son ni cortas ni perezosas a la hora de emitir estas sentencias, como tuvimos ocasión de ver con el veredicto que condenó al presidente democráticamente electo del país, el doctor Mohamed Morsi, así como a muchos otros ministros, diputados, académicos y estudiantes. Casi 5.000 de estos individuos permanecen hoy en las numerosas prisiones del régimen.

Si comparásemos el número de periodistas encarcelados en China, según lo recoge el informe del Comité, teniendo en cuenta el total de 220.000 periodistas que ejercen en el país en su conjunto, y la población de 1.300 millones, con el número de periodistas encarcelados en Egipto -que supuestamente asciende a 60 de un total de 80.000 que trabajan en el país (con una población de 90 millones), entonces podemos concluir que el Egipto del régimen militar ocupa el puesto número uno.

Más allá de esto, lo que me llamó la atención todavía más poderosamente fue la manera en la que el informe flirtea con la imagen del régimen, al atreverse a comparar al ejecutivo actual con el gobierno de Morsi de menos de un año y con los 30 años de gobierno de Mubarak. En su introducción, el informe presenta la información de la siguiente forma: “Tras dos grandes revoluciones, el 25 de Enero de 2011 y el 30 de Julio de 2013, y tras la caída de dos presidentes debido a su falta de compromiso con los derechos del pueblo egipcio, los periodistas en Egipto están expuestos de forma continua a una serie de amenazas y violaciones de derechos humanos. El actual poder estatal están lidiando con los periodistas impidiéndoles suministrar a la república la realidad de las noticias sobre el terreno”.

Tales afirmaciones pueden refutarse con la realidad de la situación y a través de las posturas de organizaciones neutrales que afirmaron que en 2012 (en tiempos de Morsi) no había ni un sólo periodista en prisión. Gran parte de la destrucción y de las transgresiones que estamos presenciando en la actualidad han tenido lugar después del golpe de 2013. El régimen golpista también es culpable de la muerte ese año de muchos periodistas y activistas.

Baste decir que en Agosto de 2012 el Tribunal Penal de Giza se pronunció a favor de condenar a prisión a Islam Afifi, el editor del periódico Dustour, que por aquel entonces había publicado muchas cosas ofensivas sobre el Presidente, incluyendo la falsedad de que había vendido terrenos a los palestinos en el Sinaí. A pesar de ello, Morsi estaba implicado en la protección de los derechos de los periodistas. Con la cooperación del ministro Ahmed Mekki, Morsi logró emitir un decreto en el mismo día para evitar que Afifi entrara en prisión. Ésta fue una de las primeras leyes aprobadas por el presidente Morsi tras hacerse cargo del Ejecutivo en base a la Constitución del 11 de Agosto de 2012, que llevaría más tarde a su destitución a cargo de las fuerzas armadas y sus tribunales.

En Abril de 2013, cuando según se informó el Departamento de Asuntos Legales planeaba enviar a prisión a varios periodistas, entre ellos Bassem Youssef, Gamal Fahmy y Gaber Armouti, el Presidente solicitó la retirada de los cargos y declaró: “No quiero a ningún periodista en la cárcel mientras yo permanezca en el cargo”. En efecto, ni un sólo periodista fue encarcelado durante el año en el que Morsi estuvo en el poder, y no se rompió ninguna pluma. No fue suspendida la publicación de ningún periódico, ni se ordenó el cierre de ningún canal de televisión. No se censuró ningún programa y la opinión pública no fue reprimida. El corto periodo de Morsi fue un tiempo de salvación para la oposición.

Durante el periodo de Morsi, el Gobierno emitió licencias para 59 periódicos y revistas y 23 canales de televisión, y los medios experimentaron el paso de un sistema de un sólo partido a una plataforma con multitud de partidos y confesiones, concediendo voz a todo el mundo. ¿Y qué ocurre ahora?

Sospecho que lo que documentan en la actualidad las organizaciones de derechos humanos es apenas la punta del iceberg, en lo que respecta a la represión y a las restricciones que sufren periodistas y medios. Invito a todos y a cada uno a respaldar a mis compañeros y a defender sus derechos frente a la opresión estatal y militar.

Traducido de Al Jazeera, 24 February 2016.

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