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Moscú y Damasco, ¿una diferencia o un distanciamiento?

Los distintos ángulos de Damasco y de Moscú hacen que existan “diferencias” en posturas que podrían acabar con un “distanciamiento” de ambos aliados. A lo largo de los próximos días, seremos capaces de ver la naturaleza y los límites del acuerdo, así como las diferencias en las posturas de ambos países, en particular después de que “callen los cañones” y comiencen las labores para poner fin a todos los actos hostiles

El decreto presidencial de Bashar Al-Assad para llevar a cabo elecciones al Parlamento en Abril no ha recibido mucha atención en los círculos de la política y de los medios internacionales, no solamente porque el Parlamento en Siria -como en la mayoría de países árabes- no desempeña el papel principal en la política y en la toma de decisiones, sino también porque el resultado de las elecciones no tendrá influencia en las posturas de sobra conocidas en las que se mantienen los países implicados en la crisis siria. Además, todas las miradas están puestas en el programa para la conferencia de Viena y la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU, que estipula que las elecciones presidenciales y legislativas tendrán lugar 18 meses después de que comience un proceso político en Siria.

Sin embargo, esto no ha impedido que los espectadores y los políticos traten de entender el sentido subyacente del decreto, buscando el “mensaje” que encierra, con el fin de comprender mejor la mentalidad de quienes toman las decisiones en Damasco. Así salen a la superficie dos lecturas, no más. La primera es “buenas intenciones o buena voluntad”, como un intento del régimen de mandar más de un mensaje a más de un receptor: un mensaje implícito de su rechazo al sendero de Viena, a su cronología y a la “transición política” en base a la cual fue establecido; y una “confirmación o reiteración” de la independencia del régimen con respecto a sus aliados, especialmente Rusia, después del fuego cruzado en público que siguió a las declaraciones de Assad y a la respuesta de Vitali Churkin embajador de Rusia ante la ONU.

Si bien es cierto que las relaciones entre Moscú y Damasco nunca han sido más fuertes de lo que son hoy, también es verdad que hay signos de una “diferencia” entre sus respectivas posiciones que podría llevar a un “distanciamiento” entre ambos. Moscú muestra una mayor afición al sendero de Viena y a la “solución política”, considerándola una condición para no involucrarse en el actual atolladero sirio. El gobierno ruso además tiene más prisa para implementar el acuerdo entre Kerry y Lavrov en lo que respecta a las “acciones hostiles” entre ambos bandos.

A lo largo del mes pasado, las fuerzas del régimen de Assad, bajo una cobertura aérea rusa intensiva, lograron una serie de avances cualitativos a lo largo de varios frentes en las zonas rurales de Alepo, Latakia, y en el sur. Estas victorias revivieron las ilusiones del régimen de una “solución militar” y Assad dijo que los combates continuarán hasta que el conjunto de Siria vuelva a estar bajo control del régimen, subestimando la importancia del apoyo que su país recibe de sus aliados iraníes y rusos. Entonces llegaron las “advertencias” desde Nueva York, a través de Churkin, y Assad cambió de tono y de discurso en varias declaraciones posteriores.

A lo largo de la semana pasada, todo apuntaba a que la ofensiva del régimen en varios frentes y ejes estaba acercándose a un paro, especialmente después de que Daesh ocupara con éxito la ciudad estratégica de Khanasir y bloqueara la carretera a Alepo. Algunos creen que esto lo propició el agotamiento del ejército sirio, que combate en gran número de frentes; otros, que fue un declive en la frecuencia de los bombardeos rusos. Éste fue un mensaje a los líderes en Damasco, dando a entendender que, sin una alineación con las políticas de Rusia, no recibirán el apoyo que desean; y que es Rusia y no Siria, el “experto” que está guiando el ritmo de las relaciones entre los acontecimientos sobre el terreno y el discurso diplomático.

No hay duda de que el acuerdo Kerry-Lavrov sorprendió al régimen en Damasco, en un momento en el que se encontraba disfrutando al máximo de sus avances sobre el terreno. Tampoco hay duda de que el régimen quería un “periodo de gracia” adicional para continuar con lo que habían empezado. En términos locales sirios, aquello a lo que aspiraba y lo que quería el régimen era completamente legítimo, pero las consideraciones de Rusia van más allá de Azaz y Khanasir, y están vinculadas con todos sus otros intereses y estrategias. En base a esto, Rusia está dispuesta a detenerse ante límites que no gustan al régimen, pero sirven mejor a los intereses de Moscú y a sus relaciones con EE.UU. la OTAN y Occidente en general.

Los distintos ángulos de Damasco y de Moscú hacen que existan “diferencias” en posturas que podrían acabar con un “distanciamiento” de ambos aliados. A lo largo de los próximos días, seremos capaces de ver la naturaleza y los límites del acuerdo, así como las diferencias en las posturas de ambos países, en particular después de que “callen los cañones” y comiencen las labores para poner fin a todos los actos hostiles.

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