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Israel y Estados Unidos son cómplices de la ambigüedad y la impunidad

Una foto tomada el 19 de mayo de 2022 muestra dibujos en una exposición de arte en honor a la periodista palestina de Al-Jazeera asesinada Shireen Abu Akleh [RONALDO SCHEMIDT/AFP vía Getty Images].

No se abrirá ninguna investigación penal para determinar quién mató a la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akleh en mayo. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) emitieron un comunicado ambiguo que se limitó a repetir el tono de no compromiso del Departamento de Estado de Estados Unidos cuando dijo que el análisis balístico no aportaba pruebas concluyentes.

"Existe una gran posibilidad de que Shireen fuera alcanzada accidentalmente por los disparos de las FDI que se efectuaron hacia los sospechosos identificados como pistoleros palestinos armados, durante un intercambio de disparos en el que se produjeron disparos de riesgo para la vida, generalizados e indiscriminados, hacia los soldados de las FDI", dijo la Unidad del Portavoz de las FDI, dejando abierta la posibilidad de que Abu Akleh fuera asesinado por "militantes palestinos".

Por supuesto, la declaración de las FDI suscitó muchas críticas, sobre todo de la familia de Abu Akleh. "Seguiremos exigiendo que el gobierno de Estados Unidos cumpla con sus compromisos declarados de rendición de cuentas", dijeron los familiares en una carta abierta.

Sin embargo, sabiendo que Israel siguió los pasos de Estados Unidos al mostrarse ambiguo sobre la culpabilidad del asesinato del periodista y al abordar la violencia colonial del Estado de ocupación, cualquiera que espere que el gobierno de Estados Unidos ayude se va a sentir decepcionado. Recurrir a los canales internacionales y a la diplomacia es también una muestra de la absoluta impunidad de Israel y de la estructura que la apoya. Al fin y al cabo, Estados Unidos financia la violencia israelí para garantizar que el proyecto colonial continúe en gran medida sin obstáculos. Los derechos humanos y la justicia son adornos para hablar, pero Estados Unidos no perderá los lucrativos acuerdos con Israel para proteger a los palestinos, ni siquiera a los que tienen doble nacionalidad estadounidense.

Israel mata a tiros a la periodista de Al Jazeera, Shireen Abu Akleh, durante la invasión de Yenín - Caricatura [Sabaaneh/Monitor de Oriente].

El asesinato de Abu Akleh y la complicidad estadounidense-israelí para reforzar la impunidad colonial ponen de manifiesto el sistema corrupto al que están sometidas las víctimas y sus familiares. En este caso, a la familia de Abu Akleh no le queda más remedio que pedir al gobierno estadounidense en repetidas ocasiones que haga lo imposible y garantice una investigación creíble sobre el asesinato selectivo. Recurrir a las instituciones internacionales obtiene el mismo resultado burocrático, al igual que un recurso ante la Corte Penal Internacional. Decir que la familia tiene opciones a las que puede recurrir contra esta parodia de justicia sólo da poder a las mismas instituciones y gobiernos que protegen la violencia colonial de Israel.

La familia no sólo ha sufrido pérdidas como resultado directo de las políticas asesinas de Israel, sino que además se ve obligada a suplicar justicia a diplomáticos que apenas son capaces de defender los derechos humanos de boquilla, y mucho menos de estar dispuestos a persuadir a Israel para que haga rendir cuentas a sus soldados por el asesinato de Abu Akleh. La dependencia que Israel ha construido, tanto en términos de relaciones diplomáticas como de niveles de violencia entre el Estado, sus instituciones y los colonos ilegales, es un gran impedimento para cualquiera que busque justicia. La Nakba que está llevando a cabo Israel ha mutilado y matado a miles de palestinos, bajo la mirada de Estados Unidos y la comunidad internacional. No se ha hecho justicia, pero la normalización de la violencia israelí sí ha ganado terreno.

El caso de Abu Akleh generó, sin duda, más atención mediática que los asesinatos de otros palestinos, lo que le permitió permanecer más tiempo en el escrutinio de la opinión pública. Sin embargo, Israel permanece imperturbable, sabiendo que su violencia no es algo que la comunidad internacional esté dispuesta a cuestionar. La declaración de las FDI es una clara admisión desde el corazón de la violencia colonial de Israel de que ningún palestino está a salvo. Para aquellos que buscan la justicia a través de los canales habituales, el mensaje es claro: no esperen más que la humillación.

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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MEMO Staff Writer

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