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Moqtada Al-Sadr no estará ausente durante mucho tiempo

Un partidario del clérigo musulmán chiíta Moqtada al-Sadr se lleva objetos mientras se desmantela su campamento en la Zona Verde de alta seguridad de Bagdad el 30 de agosto de 2022 [AHMAD AL-RUBAYE/AFP vía Getty Images].

Hace casi dos décadas se produjo la invasión estadounidense de Irak, que derrocó al dictador Sadam Husein, destituyó al Partido Baas, desmanteló su opresivo sistema de seguridad y disolvió el ejército oficial. Sin embargo, no se estableció un nuevo mecanismo político para un sistema democrático alternativo, a pesar de la promesa del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de que Irak sería un modelo de democracia en el mundo árabe, que sería emulado por los pueblos árabes.

El vacío político se ha convertido en algo dominante en Irak, y ha sido llenado por grupos políticos y religiosos que no se centran en la construcción del Estado sino, más bien, en todo lo contrario, en contrarrestar las fuerzas que luchan por devolver a Irak un Estado fuerte y coherente, y estas fuerzas están íntimamente relacionadas con Irán.

El sectarismo surgió, creció y se expandió. Irán penetró en todas las instituciones del Estado, como el gobierno, el poder judicial, los medios de comunicación, el parlamento y la sociedad iraquí, bajo la mirada de Estados Unidos. Consiguió crear un ejército iraquí bajo su mando similar al de la Guardia Revolucionaria iraní, denominado "Fuerzas de Movilización Popular" (FMP). También formó partidos políticos, en un momento en el que Estados Unidos se retiró gradualmente de la arena iraquí tras entregársela en bandeja de plata a Irán, debido a sus intereses mutuos en ese país. Tanto EE.UU. como Irán pretendían hacer de Irak un Estado débil y en bancarrota. Estados Unidos quiere que Iraq sea débil para servir a la entidad sionista, mientras que Irán lo considera una extensión de su Estado, como si se hubiera convertido en una gobernación dentro de su territorio. ¿No dijo uno de los funcionarios iraníes que Irán ocupa cuatro países árabes, Irak, Líbano, Yemen y Siria?

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Desgraciadamente, la voluntad de los iraquíes se perdió entre su ciega adhesión a las autoridades políticas y religiosas que se disputan el Estado desde fuera del mismo. Cuando los iraquíes se rebelaron en el otoño de 2019 y trataron de salir de estas autoridades sectarias y corearon "Fuera Irán, fuera Irán", "Irán no gobernará Irak" y otras consignas que hacen referencia al patriotismo, fue una fuerte expresión de un amplio rechazo popular iraquí a todas las intervenciones de Irán en Irak y un rechazo a todos sus hombres en Irak. La revolución de los iraquíes era una expresión del arabismo que corre por sus venas y de la adhesión a todos los valores de la identidad iraquí arraigada en la tierra iraquí, lejos del chiismo persa y del malicioso proyecto safávico que Irán quiere difundir en el mundo árabe. Pero, por desgracia, todo el mundo se volvió contra ellos y acabó con su revolución.

Sin embargo, la ira popular iraquí permaneció oculta bajo las cenizas de este ocupante iraní hasta que apareció en los recientes acontecimientos de Bagdad, como resultado de una acumulación que duró años. Muchas de las élites políticas iraquíes que llegaron con la invasión estadounidense de Irak no vivieron mucho tiempo en Irak, sino que vivieron bajo el sistema jurista islámico de Teherán durante décadas, y fueron apoyadas y formadas bajo el lema "oponerse a Sadam". Cumplieron con todas las obligaciones de obediencia y lealtad a Irán y, cuando regresaron a Iraq, volvieron con la mentalidad del ocupante, no del ciudadano iraquí, y esto nos explica sus asesinatos contra la sangre iraquí, sus robos y su corrupción. Con ello consiguieron empobrecer a un país rico y mantener a su pueblo en la pobreza y la miseria.

Las manos están atadas mientras continúa la agitación política en Irak - Caricatura [Sabaaneh/Monitor de Oriente].

Durante los recientes enfrentamientos lanzados por los partidarios de Moqtada Al-Sadr contra el Palacio de la República, voces afines a la opinión pública suní de Irak elogiaron a Moqtada Al-Sadr como el guerrero que resiste a los iraníes en Irak; llegaron a decir que el ataque de Al-Sadr a la Zona Verde era "nada menos que la liberación de Al-Faw". El ex parlamentario iraquí Najeh Almezan dijo que Moqtada Al-Sadr es el tercer héroe de Al-Qadisiyyah.

Los estadounidenses también celebraron a Moqtada Al-Sadr y empezaron a glorificarlo y a presentarlo como el mayor líder civil iraquí que lucha contra Irán, mientras que Al-Sadr era un criminal buscado y el líder de una banda insurgente en opinión de Bush y del ejército estadounidense en 2004. El comandante militar estadounidense dijo: "La misión del ejército estadounidense es matar o detener a Al-Sadr", mientras que Bush dijo: "No permitiremos que Al-Sadr controle Iraq". Ahora los medios de comunicación estadounidenses lo promocionan y dicen que lidera una revolución nacional contra Irán.

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Al-Sadr fue el único héroe de los recientes acontecimientos iraquíes, y anunció su retirada definitiva de la labor política en la noche del 29 de agosto, y también suspendió sus tuits y las páginas de su Movimiento Sadrista en todas las plataformas de medios sociales.

A pesar de esta decisión de retirada, no es seguro que continúe con ella, ya que anteriormente había anunciado su retiro político en 2014, cerró las oficinas del Movimiento Sadrista y disolvió su milicia armada, el "Ejército del Mahdi", que consta de sesenta mil combatientes, y la convirtió en una organización cultural a la que llamó "Saraya Al-Salam". Luego volvió y suprimió su retiro y participó en las elecciones y en el gobierno, y después decidió volver a armar la organización "Saraya Al-Salam" en 2020, que fue destacada en la última noche de violencia, por lo que creo que su retiro es una evasión o una maniobra de su partido, y volverá a la arena política después de convertirse en la figura más difícil en el ámbito político, y entre los chiíes de Iraq. Tiene millones de partidarios entre los chiíes más pobres, a los que su juventud, motivada por motivos sociales nacionales, no sectarios, había movido. Moqtada Al-Sadr se ha convertido en un líder popular, y no abandonará fácilmente esta posición en favor de los seguidores de Irán.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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