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Turquía y la opción de la neutralidad

Uno de los tres buques rusos, un gran buque de desembarco de la clase Ivan Gren, el "Pyotr Morgunov", navega por el estrecho del Bósforo en ruta hacia el Mar Negro pasando por la ciudad de Estambul el 9 de febrero de 2022 [OZAN KOSE/AFP vía Getty Images].

Los políticos turcos han esperado varios días antes de calificar los acontecimientos en Ucrania de "estado de guerra", tras referirse primero a la invasión rusa. La propia Rusia, por su parte, se refiere a ella como una "operación militar", para evitar las consecuencias, especialmente las relacionadas con la Convención de Montreux, cuyos términos permiten a Turquía cerrar los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo a los buques de guerra en tiempos de guerra o en caso de que Turquía esté en peligro.

Ucrania pidió a Turquía que cerrara los estrechos a los buques de guerra rusos, pero Ankara se limitó a subrayar el "papel efectivo de la Convención de Montreux en el mantenimiento de la paz regional" y encontró una forma de salir de su apuro al no describir lo que estaba ocurriendo como una guerra. Sin embargo, tras cambiar la descripción de "operación militar" a "ataque inaceptable" y luego a "estado de guerra" entre dos de los países del Mar Negro, en el que el mar es uno de los frentes de lucha, así como la implicación indirecta de la OTAN, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlut Cavusoglu, se animó a decir que su país aplicará la convención de forma transparente. "Hemos advertido tanto a los países del Mar Negro como a los que no lo son que no envíen buques de guerra a través de los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos", explicó.

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Turquía no ha necesitado el asesoramiento de los defensores de los derechos humanos y de los expertos militares para calificar de guerra lo que está ocurriendo entre Rusia y Ucrania y así justificar la aplicación de la convención. Este paso refleja un limitado cambio simbólico en el discurso político turco, aunque no se aleja del contexto de los políticos turcos de no tomar medidas que vayan más allá de lo necesario y que puedan enfadar a Rusia y perturbar las relaciones entre Ankara y Moscú.

De hecho, Turquía se encuentra en una posición poco envidiable dada la naturaleza de sus relaciones tanto con Rusia como con Ucrania. De ahí que sus políticos hayan intentado adoptar una posición moderada en la guerra, sin favorecer a ninguna de las partes. Esto fue difícil porque la invasión rusa es un enfrentamiento entre Rusia, por un lado, y Ucrania y Estados Unidos -además de la OTAN-, por otro. Fue una prueba para la política exterior y las relaciones internacionales de Turquía, como miembro de la OTAN y con relaciones militares y económicas con Ucrania, al tiempo que mantiene relaciones multifacéticas con Rusia, especialmente en cuestiones regionales. La posición de Turquía requiere, pues, consideraciones y cálculos complejos.

Desde el comienzo de la crisis el mes pasado, Turquía ha hecho muchos esfuerzos diplomáticos para evitar una guerra abierta. El presidente Recep Tayyip Erdogan consideró que el marco adecuado para resolver la crisis era la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, y no la OTAN, y se ofreció a mediar entre las dos partes. Esto no fue escuchado por los rusos por muchas razones, entre ellas que Rusia no considera a Turquía como un mediador neutral en la crisis. La razón más importante, sin embargo, es el apoyo de Turquía a la unidad del territorio ucraniano y su negativa a reconocer la anexión de Crimea por parte de Rusia, así como el apoyo de Ankara a algunas actividades de los tártaros de Crimea. Por lo tanto, los políticos turcos siguen sentados en la valla lo mejor que pueden, adoptando posiciones moderadas. Así, aunque Turquía ha subrayado la unidad del territorio ucraniano y su seguridad, y ha advertido a Rusia de que no invada, también ha criticado los esfuerzos de la OTAN por aceptar a Ucrania como miembro. Además, Ankara no cree que los Estados miembros de la OTAN, y en particular Estados Unidos, hayan tenido en cuenta las preocupaciones de seguridad de Rusia.

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Incluso después de la invasión rusa, la postura moderada de Turquía no cambió mucho. Los dirigentes turcos la consideraron inaceptable y una vulneración del derecho internacional, al tiempo que afirmaban su continuo apoyo a la unidad y la soberanía de Ucrania. También criticó a la OTAN por no haber tomado medidas más firmes mientras se desarrollaba la crisis antes de la invasión. Sin embargo, Turquía no llegó a imponer sanciones a Rusia, como han hecho otros países de la OTAN, lo que debería contribuir a mantener su relación con Moscú.

Ucrania es uno de los principales socios comerciales de Turquía, y el comercio entre ambos países supera los 7.420 millones de dólares al año. Más de dos millones de turistas ucranianos visitaron Turquía el año pasado, y ambos países están trabajando en proyectos conjuntos para desarrollar motores de aviación, cooperar en la fabricación de armas de alta precisión e intercambiar información para impulsar sus respectivas capacidades de defensa. Turquía ha vendido aviones no tripulados a Ucrania, que han sido utilizados contra las fuerzas rusas.

A pesar de estos acontecimientos, las relaciones turco-rusas han experimentado un crecimiento constante en los últimos años, que se ha reflejado en nuevos niveles de cooperación y coordinación en el sector económico, especialmente relacionado con la energía mediante la firma de un acuerdo por el que Rusia construirá un reactor nuclear en Turquía. Desde el punto de vista político, Ankara y Moscú se han entendido y consensuado en muchos asuntos regionales, a pesar de la competencia entre ellos, como Siria, Libia y Nagorno-Karabaj. Polémicamente, por supuesto, Turquía compró el sistema ruso de defensa antimisiles S-400 en 2019, para molestia de la OTAN.

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En general, la posición de Turquía sobre la invasión rusa de Ucrania es reconocible como una política del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (Partido AK), que ha tenido éxito con las alianzas flexibles, encarnadas por la tendencia de Turquía hacia una política exterior independiente, y el equilibrio de su orientación entre Oriente y Occidente. Ha reducido su papel funcional afiliado a Occidente, mediante entendimientos y consensos, en lugar de depender de un aliado dominante. Esto le permite beneficiarse de sus aliados de la OTAN, así como de sus asociaciones con Rusia y China, sin tener que renunciar a ninguna de ellas.

Por eso Erdogan anunció que no renunciaría a Rusia ni a Ucrania, porque ponerse del lado de uno a costa del otro le costaría caro a Turquía. Sin embargo, esta posición puede tener muchas consecuencias, sobre todo porque la invasión rusa de Ucrania ha cambiado muchas ecuaciones, cálculos y alineamientos globales y europeos, que pueden tener efectos y repercusiones catastróficas para Turquía en varios niveles.

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Al-Araby Al-Jadeed el 8 de marzo de 2022

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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