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¿Acabará el gas egipcio en el Líbano con el conflicto energético del Mediterráneo?

Una vista de la plataforma del yacimiento de gas natural Leviatán en el Mar Mediterráneo es fotografiada desde la ciudad costera del norte de Israel, Cesarea, el 19 de diciembre de 2019 [JACK GUEZ/AFP vía Getty Images].

El último trimestre de 2021 ha sido testigo de cómo Egipto ha llegado a un acuerdo con Líbano para exportar gas natural al país en el primer trimestre de 2022.

La primera vez que se hizo público el acuerdo fue a través del asesor principal del Departamento de Estado de Estados Unidos para la seguridad energética mundial, Amos Hochstein. Su anuncio fue una clara indicación de que el plan era esencialmente una construcción estadounidense diseñada como una medida de "resolución de conflictos" para ayudar a disminuir el impacto de la caída libre económica de Líbano.

Aparte de su control por parte de una milicia cuyas prolongadas guerras regionales han ahogado el crecimiento económico, la última pesadilla política de Líbano se refleja en los cortes de energía y electricidad que tiene el país. Los ciudadanos libaneses han tenido que lidiar con la compañía eléctrica estatal, Electricité du Liban, y con el cierre total de la red eléctrica del país después de que sus dos principales centrales se quedaran sin combustible.

Según Bel Trew, periodista afincado en Beirut, el Líbano tiene ahora cero energía estatal, lo que significa que todo el país funciona con generadores privados.

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"La factura del último mes fue de 3,75 millones de liras, lo que equivale a 2.500 dólares en la tarifa oficial y a unos 250 dólares en el mercado negro. ¿Cómo funciona el aeropuerto? ¿Y los hospitales?". Se refirió a esto para destacar la caótica situación energética del Líbano.

Al tiempo que Líbano atraviesa una crisis energética muy difícil, el país también está inmerso en una amarga rivalidad con otros países, especialmente con Israel, por las reservas energéticas del Mediterráneo oriental. Los intentos de resolver la disputa de la frontera marítima entre Líbano e Israel siguen en un estado de constante cambio. En 2019, Líbano no firmó el Acuerdo del Foro del Mediterráneo Oriental porque fue organizado por Israel. La pregunta clave es si la medida sería lo suficientemente importante como para influir en los esfuerzos de mediación de Estados Unidos entre Israel y Líbano.

El ministro israelí de Energía, Yuval Steinitz (R), el ministro griego de Energía, Kostis Hatzidakis (2º R), el ministro egipcio de Petróleo, Tarek el-Molla (2º L) y el ministro chipriota de Energía, Yiorgos Lakkotrypis (L), asisten al Foro del Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF), en El Cairo, el 16 de enero de 2020 [KHALED DESOUKI/AFP via Getty Images].

Aunque Israel quiere comprometerse con Líbano en las políticas energéticas del Mediterráneo Oriental, Líbano no quiere unirse al club porque sigue estando técnicamente en guerra con Israel. El pasado mes de mayo, el ex embajador en Chipre, Michael Harari, declaró que un diplomático israelí invitó a Líbano al Foro del Mediterráneo Oriental, pero que éste se mostró reacio a unirse en las circunstancias actuales. Parece que Estados Unidos está dispuesto a ayudar a Líbano en lugar de fomentar la hostilidad de Israel. La principal razón de este suave enfoque diplomático de EEUU hacia Líbano es el apoyo ofrecido por Egipto y Francia, que ejercen una considerable influencia política en Líbano.

En última instancia, los servicios estadounidenses al Líbano pretenden conectarlo a un marco beneficioso para la región en general, y para Israel en particular. Al fin y al cabo, las reservas energéticas libanesas (petróleo y gas) en el Mediterráneo oriental contribuirían al potencial regional y ayudarían a la rehabilitación del Líbano. Para Estados Unidos, también es vital apoyar la "ola de normalización" entre Israel y los Estados árabes. Este proceso fue creado por los Acuerdos de Abraham a pesar de las interminables ocupaciones de Israel.

El pasado mes de septiembre, cuando la embajadora Dorothy Shea se reunió con los ministros de energía de Líbano, Jordania, Siria y Egipto, dijo que su país tenía un plan mediante el cual Washington facilitaría los pagos de energía a El Cairo, en nombre de Beirut, utilizando los fondos de ayuda del Banco Mundial presupuestados para Líbano. El presidente Michel Aoun, por su parte, se jactó de que la crisis eléctrica del Líbano iba a llegar pronto a su fin.

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Por otro lado, cabe destacar que el régimen sirio está incluido en este plan energético, a pesar de la Ley Caeser. De acuerdo con el proyecto, el gas egipcio estará protegido de la Ley César de protección de civiles de Siria. Los funcionarios sirios han expresado hasta ahora su voluntad de facilitar el plan estadounidense. En consecuencia, el gas natural egipcio será conducido a Líbano a través de Jordania y Siria para ayudar a aumentar su producción de electricidad, según un plan acordado por los cuatro gobiernos para aliviar la grave crisis eléctrica. Si este plan se materializa, el gobierno de Biden tendrá el mérito de haber podido reconciliar a Líbano con la Siria de Assad de manera que se ponga fin a la crisis energética en Líbano.

En resumen, al utilizar la crisis eléctrica como herramienta de resolución de conflictos, Washington gana un enorme papel de mediador entre Israel y Líbano en la disputa energética del Mediterráneo Oriental. Y, en segundo lugar, al eludir la Ley César, la administración Biden reconocería de hecho y concedería apoyo al régimen de Assad, responsable de la muerte de más de 500.000 personas durante los últimos 11 años.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Elif Selin Calik es periodista e investigadora independiente. Es colaboradora habitual de publicaciones en TRT World, Daily Sabah, Rising Powers in Global Governance y Hurriyet Daily News. Fue una de las fundadoras del Departamento de Noticias a Fondo de la Agencia de Noticias Anadolu y participó en la COP23 de las Naciones Unidas en Bonn como observadora. Tiene una maestría en Estudios Culturales de la Universidad Internacional de Sarajevo y una segunda maestría en Diplomacia Global de la SOAS, Universidad de Londres.

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