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Esperma sionista en el vientre del cine árabe

Largometraje Amira

No tengo palabras para describir la película Amira. Lo menos que podemos decir de esta película es que es una película vil y despreciable que no sólo ofende a los honorables prisioneros palestinos, que pagan el precio de sus posturas heroicas y su defensa de la libertad, sino que es ofensiva para todos los palestinos y la propia causa palestina, la más justa del mundo.

Por desgracia, todos los realizadores de la vergonzosa película Amira son árabes. Son jordanos, egipcios, emiratíes y saudíes. Los actores son jordanos, el director es egipcio y el guionista es egipcio. En cuanto a la producción, se trata de una producción conjunta de varias empresas de Egipto, entre las que se encuentra el erudito embustero Moez Masoud, de Jordania, de los EAU y de Arabia Saudí. Imagínense, ¡todos estos individuos reunidos para desafiar el honor y la dignidad del pueblo palestino!

La película gira en torno a un escenario fabricado y contaminado con objetivos malintencionados en un intento de crear confusión y poner en duda la más honorable e innovadora lucha palestina, el esperma que los presos palestinos sacan con éxito de sus celdas, en contra de los deseos de los carceleros de la ocupación, no como la película intenta demostrar e insiste.

Amira, la chica de la que trata esta vil película, es una joven de diecisiete años que nació por inseminación artificial, mientras su padre estaba encarcelado en las prisiones de la ocupación, ya que de alguna manera envió su esperma a su esposa, como ambos acordaron. Amira estaba orgullosa de su padre encarcelado por la ocupación, considerándose hija de un luchador palestino. Lo visitaba a menudo con su madre y, durante una de estas visitas, el heroico preso le pidió a su mujer que repitiera la experiencia, a lo que ella se negó, al principio, pero luego accedió. Le envió su esperma y, esta vez, nos encontramos con la sorpresa de que los médicos declaran al marido estéril y no puede tener hijos.

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Esto lleva a la familia del marido y a Amira a sospechar primero del comportamiento de la madre, e inician el proceso de búsqueda de compatibilidad genética con todo el entorno de la esposa, pero sin éxito. Cuando la esposa comienza a sentirse rodeada, confiesa haber engañado a su marido con un amigo de éste, que estaba en prisión con él y que le había entregado una carta en el pasado. Está a punto de pagar su vida como precio de su confesión, pero aparece el médico que supervisó el proceso de inseminación y confirma que el embarazo fue el resultado de la muestra contrabandeada.

Amira continúa la búsqueda de su padre biológico hasta que se convence de que un guardia de la prisión israelí, que contrabandeó el esperma, lo sustituyó por el suyo propio. La vida de Amira da un vuelco, pues es hija del opresor y de la víctima, del asesino y del asesinado, del ladrón y de la víctima del robo. Su madre es Palestina, y su padre es la ocupación, y ella tiene que vivir con su realidad existencial y aceptarla, e incluso defenderla. Esto es lo que Amira no pudo soportar y entonces se derrumba y le dice a su madre que deben abandonar Palestina, y este es el fondo o la narrativa que los cineastas quieren transmitir al mundo. Que deben expulsar a los palestinos de la tierra de Palestina y que la tierra pertenece a los judíos, representados por el esperma del soldado israelí.

La película Amira se construyó sobre una premisa falsa que fue expuesta por varias partes palestinas, entre ellas la Comisión de Asuntos de Detenidos y Ex Detenidos, el Comité Superior de Seguimiento de los Asuntos de los Prisioneros y el Club de Prisioneros Palestinos en relación con la cuestión de la transferencia de esperma de los prisioneros palestinos a sus esposas. Se hace a través de un mecanismo que no deja la más mínima oportunidad para la manipulación o el cuestionamiento de la identidad del esperma que se entrega, en mano, del preso a su esposa y a su familia, en presencia de testigos y está documentado en un registro oficial y, por lo tanto, no puede ocurrir el más mínimo error.

La película es un intento miserable y desesperado de desacreditar el linaje de estos niños, a los que los palestinos llaman con orgullo "embajadores de la libertad". Presenta a la sociedad palestina como una sociedad frágil, violenta contra sí misma y contra los que la rodean, y racista e intolerante. Es una película sospechosa que distorsiona la imagen de la lucha palestina en su forma más pura, el contrabando de esperma. La película rezuma malicia, falsificación, distorsión y conspiración.

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Esta película se identifica con la política del carcelero y pretende criticar este logro y lo que constituye una gran victoria en la historia de las tristemente célebres prisiones israelíes. En lugar de avergonzar la sádica política del carcelero opresor, ataca este honorable logro de los oprimidos. En lugar de ponerse del lado de los perseguidos en sus derechos humanos básicos, se pone del lado del opresor.

Es una película puramente sionista, y es natural que gane varios premios internacionales. Los cineastas esperaban proyectarla en los Oscar, si no hubiera sido por la ira popular que recorrió el mundo árabe y la presión en las redes sociales para que se retirara la película, que de hecho les obligó a retirarla. Esto demuestra la fuerza e importancia de los medios de comunicación alternativos para presionar y muestra el poder de la palabra.

Los ciudadanos palestinos han asumido la causa de la nación, que ha abandonado su deber, dejando a los palestinos solos para resistir la ocupación racista israelí que ocupó su tierra, mató y expulsó a la mitad del pueblo palestino, estableció su estado y ejerció todas las formas de opresión y tiranía contra el pueblo palestino. Los prisioneros se han convertido en el símbolo de la liberación de esta ocupación usurpadora, que toda la humanidad a lo largo de la historia rechaza.

Termino diciendo: ¡los cineastas no encontraron otro nombre que el de Amira, que ama a Palestina y a los palestinos y sueña con que Palestina vuelva al corazón de la nación!

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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