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El Líbano puede ser independiente, pero sigue dependiendo de demasiados otros estados

Libaneses de diversos sectores profesionales y de la sociedad civil participan en el desfile civil del Día de la Independencia el 22 de noviembre de 2021 en Beirut, Líbano. [Marwan Tahtah/Getty Images].

Líbano celebra anualmente su "día de la independencia" el 22 de noviembre, día en que se independizó de Francia en 1943. ¿O no? ¿Es realmente independiente el Líbano? Tiene soberanía sobre su tierra y puede tomar decisiones sin la presión externa de París, así que ¿por qué me hago estas preguntas?

Puede que Francia haya retirado a sus burócratas y soldados, pero dejó atrás a personajes moldeados a su imagen para llenar el vacío en Beirut. El Estado colonial abandonó físicamente el país de los cedros, pero sigue manejando los hilos, moviendo a esas personas como si fueran marionetas y permitiéndole gobernar el Líbano desde el otro extremo del Mediterráneo.

Creo que la dimisión del ministro de Información George Kordahi, que se produjo a petición del presidente francés Emmanuel Macron, es la mejor prueba de que Francia sigue gobernando el Líbano. Macron también liberó a Saad Hariri, recordemos, cuando el entonces primer ministro del Líbano era "invitado" de Mohammad Bin Salman en Arabia Saudí, quien lo detuvo, lo insultó y lo obligó a dimitir en directo.

Además, el neocolonialista Macron, que sueña con reconstruir el imperio francés, fue el primero en llegar a Beirut inmediatamente después de la explosión del puerto de agosto de 2020 y empezó a amenazar a los dirigentes libaneses. Les dio seis meses para hacer frente a la crisis económica del país y formar un nuevo gobierno.

Aunque Líbano sigue en manos de los franceses, al Estado colonial se le han unido otros que no formaban parte de la ecuación cuando entregó los papeles de la independencia, a saber, Arabia Saudí, Siria y, más recientemente, Irán. Estos dos últimos parecen haber gestionado sus diferencias para proteger sus propios intereses en Líbano.

Desfile libanés en la capital, Beirut, con motivo del 78º aniversario del Día de la Independencia del Líbano, el 22 de noviembre de 2021. (Foto de ANWAR AMRO/AFP vía Getty Images)

El gobierno de Najib Mikati en Beirut nació de su mano, lo que enfureció enormemente a Arabia Saudí, que se considera el principal socio del gobierno libanés, dado que el Acuerdo de Taif fue negociado por los saudíes y Siria en 1989 y puso fin a la guerra civil en Líbano, que había durado más de 15 años. Ese acuerdo marcó el inicio de la era Hariri, que comenzó con un hijo obediente de Arabia Saudí, el difunto primer ministro Rafic Hariri.

La influencia de Arabia Saudí en Líbano creció, aunque Siria también tenía mucha influencia debido a la presencia de su ejército y agentes de inteligencia en su vecino con el pretexto de evitar el estallido de una nueva guerra civil. Esta "era del mandato sirio" duró más de 15 años, hasta el asesinato de Rafic Hariri y el estallido de la Revolución del Cedro en 2005.

Curiosamente, los manifestantes de la Revolución del Cedro, llamados el grupo del 14 de marzo, estaban dirigidos por Walid Jumblatt, el jefe druso del Partido Socialista Progresista; Samir Geagea, el jefe del Partido de las Fuerzas Libanesas; Amin Gemayel, del Partido Kataeb; y Michel Aoun, del Movimiento Patriótico Libre, que regresó del exilio en París. Saad Hariri, del Movimiento del Futuro, hizo su primera aparición en la escena política, junto a otros líderes tradicionales de estirpe política. Levantaron consignas de libertad, soberanía e independencia. Y, sin embargo, fueron todos ellos los primeros en pedir la destitución de George Kordahi para someterse a las exigencias y condiciones saudíes. Olvidaron sus palabras sobre la soberanía y la independencia y no sintieron ninguna humillación en nombre de su Estado libre, independiente y soberano al aceptar la destitución de un ministro del gobierno a instancias de otro país.

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Arabia Saudí considera que Kordahi insultó al Reino, por lo que decidió castigar al pueblo libanés, expulsar al embajador libanés, retirar a su propio embajador de Beirut, imponer sanciones económicas y amenazar con expulsar a miles de ciudadanos libaneses que trabajan en el Reino; los EAU, Bahréin y Kuwait siguieron su ejemplo. Mientras tanto, Qatar y Omán se contentaron con emitir declaraciones de condena de las declaraciones de Kordahi, en las que calificaba de absurda la guerra de siete años en Yemen y decía que debía terminar. Cabe señalar que las declaraciones se hicieron durante una entrevista televisiva realizada dos meses antes de que fuera nombrado ministro de Información.

¿Acaso la mayoría de los políticos y escritores occidentales, incluido yo mismo, no han calificado de absurda la guerra en Yemen? Ha causado la muerte y las heridas de decenas de miles de yemeníes, y básicamente ha destruido el país. Mucha gente ha exigido que termine inmediatamente, así que ¿cuál fue el crimen de Kordahi por decir lo mismo? ¿Tomaría el gobierno saudí medidas tan duras contra cualquier país occidental cuyos funcionarios cuestionaran la inútil guerra del Reino en Yemen? Lo dudo.

Por qué los saudíes no se sintieron ofendidos cuando Donald Trump insultó al rey Salman y dijo que ordeñaría al Reino porque tenía que pagar la protección de Estados Unidos? Y que si no fuera por EEUU, entonces Arabia Saudí no estaría donde está hoy? ¿Por qué guardaron silencio ante las frecuentes críticas de los líderes y ministros occidentales? El camino que tomó Arabia Saudí con Líbano ilustra la inmadurez de la gobernanza en estos Estados árabes fallidos.

Aunque las declaraciones de Kordahi tocaron las heridas de Bin Salman que sangran desde hace siete años, no son la esencia de la crisis. Arabia Saudí simplemente las aprovechó para crear una crisis fabricada, detrás de la cual se oculta el verdadero problema entre Arabia Saudí e Irán en Yemen y el control de Hezbolá en Líbano, respaldado por Irán.

Kordahi está afiliado a Suleiman Frangieh, jefe del movimiento Marada, aliado de Hezbolá y Siria, y el gobierno se formó sin su participación. Irán formó el gobierno libanés con Siria, y juntos se repartieron las asignaciones ministeriales. Nabih Berri, presidente de la Cámara de Representantes de Beirut, dijo con toda la razón del mundo que con su acuerdo se resolverían las crisis libanesas, y con sus diferencias, las crisis se complicarían.

No cabe duda de que Arabia Saudí se sentía frustrada por su incapacidad para influir en Líbano, a pesar de gastar decenas de miles de millones de dólares en ese país. Finalmente, quedó claro para Riad que el ganador político era el pro-iraní Hezbolá. Esto quedó más o menos confirmado por el comentario del ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Faisal Bin Farhan, a Reuters, de que la crisis era algo más que una declaración de Kordahi. "Creo que es importante que el gobierno de Líbano o el establishment libanés forjen un camino que libere a Líbano de la actual construcción política, que refuerza el dominio de Hezbolá", añadió.

Líbano, una larga historia de desastres y crisis - Caricatura [Sabaaneh/MonitordeOriente].

Macron quería resolver la crisis antes de su visita a Arabia Saudí, para satisfacer al Reino y cumplir su deseo de destituir a Kordahi. Creo que Hezbolá hizo una concesión táctica y aceptó a cambio de la destitución del juez Tariq Al-Bitar, jefe del Tribunal de Casación, que investiga la explosión de Beirut. Así, tanto Teherán como Riad pueden estar satisfechos.

La tragedia del Líbano es que demasiados otros países tienen sus dedos en el pastel, por lo que la cuestión sigue siendo si la dimisión de George Kordahi resolverá o no la crisis saudí-libanesa. Un presentador del canal de televisión saudí Alarabiya, cercano al régimen de Riad, anunció la dimisión de Kordahi como una noticia sin importancia. Su dimisión no era el objetivo principal de Arabia Saudí, aunque sea una victoria moral para los adolescentes políticos que dirigen el Reino.

El verdadero objetivo de Arabia Saudí en Líbano es que quiere que las autoridades frenen a Hezbolá y lo mantengan alejado del gobierno; y desarmado si es posible. Esta es una exigencia imposible que ningún gobierno podría prometer, y Riad es muy consciente de ello. El papel de Hezbolá está relacionado con la realidad de los asuntos regionales e internacionales, por lo que la solución a su problemática presencia, tal y como la ven los saudíes, debe venir también de fuera del Estado libanés.

Por lo tanto, es poco probable que se resuelvan los problemas políticos y económicos del Líbano, y Arabia Saudí no abrirá su tesorería para resolver la crisis financiera y el deterioro de la situación económica del país. No habrá inversiones ni préstamos, que es lo que pide y necesita el gobierno libanés. El objetivo de la mediación de Macron es el regreso de los embajadores.

No cabe duda de que el bello Líbano, que en su día fue la joya de Oriente Medio, está en crisis debido a las complejidades de la política regional e internacional. Como es habitual en estas circunstancias, son los pobres ciudadanos libaneses los que tienen que pagar el precio.

VER: Francia y Arabia Saudí se unen para resolver la crisis del Líbano

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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