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¿Hacia dónde se dirige Etiopía?

Gran concentración en la plaza Meskel de Addis Abeba, Etiopía, el 22 de julio de 2021 [Minasse Wondimu Hailu/Agencia Anadolu].

Aunque se han realizado importantes esfuerzos internacionales y regionales para impulsar el fin del actual conflicto en Etiopía entre el gobierno y el Frente de Liberación de los Pueblos de Tigray (TPLF), los enfrentamientos entre los bandos enfrentados siguen intensificándose. Los combates, que se prolongan desde hace más de un año, se han cobrado miles de vidas y han desplazado a casi 2,5 millones de personas. Según el Programa Mundial de Alimentos, al menos "9 millones de personas necesitan urgentemente ayuda alimentaria debido al conflicto en curso en el norte de Etiopía".

Los analistas temen que, si no se controla la situación, el segundo país más poblado de África corra el riesgo de caer en una calamitosa guerra civil que afecte a millones de personas más allá del Cuerno de África. Estados Unidos y otros países ya han advertido a sus ciudadanos que abandonen Etiopía. La semana pasada, el primer ministro, Abiy Ahmed, se puso al frente de la guerra contra los rebeldes de Tigray, en medio de los recientes avances militares de estos últimos, como la toma de las ciudades de Dessie y Kombolcha, con lo que se corre el riesgo de llevar la guerra a la capital, Addis Abeba. La reconquista por parte del ejército etíope de la ciudad de Chifra, en la región de Afar, el 28 de noviembre, supone una ganancia militar que eleva la moral del ejército gubernamental.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Abiy llegó al poder en 2018 tras las protestas masivas de los oromo y amhara, los mayores grupos étnicos de Etiopía, contra el gobierno de coalición dirigido por el TPLF, que dominó la política del país durante casi tres décadas. En septiembre de 2020, el TPLF siguió adelante con las elecciones parlamentarias regionales desafiando la orden del gobierno de Abiy de posponer las elecciones alegando la pandemia de coronavirus. La escalada desencadenó un conflicto total en noviembre del mismo año, cuando Abiy ordenó una ofensiva militar contra el TPLF en respuesta a un ataque de este último a una base militar federal en Tigray. Con el apoyo de las fuerzas de Eritrea, el ejército etíope pudo causar grandes pérdidas a los rebeldes de Tigray, que controlaban la capital de la región, Mekelle, y obligaron al TPLF a retirarse a las montañas.

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Sin embargo, desde junio de 2021, el TPLF ha conseguido importantes avances contra el ejército gubernamental, recuperando gran parte de Tigray, incluida Mekelle. Con el apoyo del Ejército de Liberación Oromo (OLA), el TPLF ha seguido avanzando hacia los territorios de Amhara y Afar, lo que ha suscitado preocupación por la posibilidad de que el conflicto se extienda a la capital, lo que provocaría un colapso total del Estado.

¿Cuáles son los riesgos?

Tal y como están las cosas, Etiopía corre el riesgo de verse envuelta en una guerra civil y un colapso del Estado. El número de bandos enfrentados ha aumentado, con otros grupos étnicos que se unen al ejército etíope o al TPLF. Esta evolución corre el riesgo de aumentar las hostilidades étnicas y de amenazar el ya frágil nacionalismo etíope.

Además, se ha producido una vulneración generalizada de los derechos humanos, incluyendo atrocidades masivas, violaciones sistemáticas y torturas, que las Naciones Unidas y los grupos de derechos humanos achacan a los bandos enfrentados. Mientras hablamos, la crisis humanitaria en el país sigue empeorando y, debido al estado de emergencia y a las restricciones a la información de los medios de comunicación, no se conoce realmente el número exacto de muertos y maltratados.

También se teme la balcanización del país. Con las profundas animosidades étnicas y el hecho de que la actual constitución etíope permite la secesión de regiones, la balcanización es innegable. El TPLF ya había amenazado con la secesión. Y si la guerra continúa, es probable que los llamamientos a la secesión de otras regiones cobren fuerza.

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Los países vecinos, así como los miembros de la UE, temen que el prolongado conflicto haga que miles de migrantes huyan de la crisis humanitaria y lleguen a sus países. Kenia ya ha tomado medidas para reforzar la seguridad en sus fronteras con Etiopía.

Mientras tanto, con gran parte de las fuerzas gubernamentales etíopes centradas en la lucha contra el Tigray y sus rebeldes aliados del OLA, Channel 4 News ha informado de que los militantes de Al-Shabaab han aumentado sus actividades a través de la frontera de Etiopía en un intento de aprovechar la situación para infiltrarse en el país y realizar ataques.

Esfuerzos de mediaciónHasta ahora, los esfuerzos de mediación de los actores regionales e internacionales no han logrado un avance para llevar a las dos partes a la mesa de negociación. El Alto Representante de la Unión Africana (UA) para el Cuerno de África, el ex presidente nigeriano Olusegun Obasanjo, se ha reunido tanto con el gobierno etíope como con los dirigentes del TPLF para instar a las partes a que acepten un alto el fuego y entablen un diálogo de paz, pero los avances han sido escasos. Mientras tanto, Jeffrey Feltman, el enviado especial de Estados Unidos para el Cuerno de África, que también está intentando que las partes dialoguen, observó "algunos progresos incipientes", pero teme que estén "siendo superados por los alarmantes acontecimientos sobre el terreno que amenazan la estabilidad y la unidad general de Etiopía".

¿Qué papel puede desempeñar Turquía?

Turquía mantiene unas relaciones profundas e históricas con Etiopía, ya que el primer consulado general otomano-turco se abrió en Harar en 1912, mucho antes de que llegaran muchos países occidentales. En términos de comercio, Turquía ha invertido unos 2.500 millones de dólares en Etiopía en diferentes campos, dando empleo a casi 10.000 ciudadanos etíopes. La mayor parte de esta inversión se realizó durante el gobierno de coalición dirigido por el TPLF. Además, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el primer ministro, Abiy Ahmed, han tomado medidas para consolidar las relaciones entre los dos países, y este último visitó Turquía en agosto de este año.

Además de los vínculos económicos y diplomáticos, Turquía lleva a cabo proyectos culturales y humanitarios en toda Etiopía. En vista del conflicto en curso, Erdogan se ha ofrecido a mediar entre las partes para alcanzar una "resolución pacífica" del conflicto. Con la amplia aceptación entre los actores regionales e internacionales, la única salida al conflicto en Etiopía es encontrar una solución política. Turquía puede apoyar los esfuerzos de la UA para facilitar el diálogo y también, si es posible, liderar los esfuerzos de negociación.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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