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La industria local es importante para la gestión de la moneda en Turquía

Peatones caminan en el distrito de Mahmutpasa, uno de los mayores puntos comerciales textiles de Estambul, cerca del Gran Bazar en Estambul el 24 de noviembre de 2021. [OZAN KOSE/AFP vía Getty Images]

La actual crisis monetaria en Turquía ha llevado a muchos ciudadanos a manifestarse contra el gobierno del Partido AK en los últimos días. Antes de analizar la crisis, es importante destacar los resultados del desarrollo económico y social de Turquía desde principios de la década de 2000.

Según el informe "Country Partnership Strategy 2018-2021" del Banco Mundial, Turquía desarrolló su economía rápidamente y se abrió al comercio y a las finanzas extranjeras durante este periodo mediante la aplicación de normativas correspondientes a los estándares de la Unión Europea (UE). El informe confirmó que también se recuperó bien de la crisis financiera mundial de 2008/09.

Por lo tanto, no es una coincidencia que el banco también reconozca que esta mejora económica ha sido impresionante, lo que ha llevado a un aumento del empleo y la renta, y ha convertido a Turquía en un "país de renta media-alta". ¿Qué significa esto? El Banco Mundial dice que los países de renta media-baja tienen que alcanzar una Renta Nacional Bruta (RNB) per cápita de entre 1.036 y 4.045 dólares, mientras que las economías de renta media-alta deben estar entre 3.046 y 12.535 dólares. Por ello, Turquía se encuentra en esta última categoría con un PIB per cápita de unos 8.610,03 dólares en 2020.

Si ese fue el caso el año pasado, ¿por qué su moneda se ha desplomado de forma tan dramática recientemente? A principios de 2021, el valor de la lira turca ya había bajado más de un 40% frente al dólar estadounidense, y el martes llegó a bajar hasta un 15%. Se trata de una situación considerablemente peor que la crisis monetaria que sufrió Turquía en 2018 a raíz de las sanciones impuestas por el entonces presidente estadounidense Donald Trump.

Menos de 25 años después de la mayor recesión durante el último período en el cargo del ex primer ministro Bulent Ecevit (1999-2002), el sector manufacturero de Turquía se enfrenta ahora a un tipo diferente de crisis. Como el impacto de la pandemia de coronavirus se vio en todo el mundo a principios de 2020, es innegable que los fabricantes de todas las industrias se apresuraron a navegar por la nueva normalidad en Turquía. Esta es una de las principales razones de la actual crisis monetaria. Cuando la demanda es alta, el sector manufacturero debe ser fuerte para satisfacerla. Esta es la explicación básica para los países que intentan hacerse fuertes ante la alta demanda durante la pandemia.

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En su libro How Nations Succeed: Manufacturing, Trade, Industrial Policy, and Economic Development, el economista turco Murat Yulek explica la correlación entre la prosperidad de las naciones y la fabricación. Yulek cita el ejemplo de Corea del Sur, que era uno de los países más pobres en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su gobierno sabía que no podía depender de la ayuda exterior si quería crecimiento económico y prosperidad. De ahí que iniciara un modelo de economía circular financiando pequeñas industrias. "Ahora, los mercados estadounidenses están inundados de automóviles fabricados en Corea y las empresas coreanas están presentes en otros sectores de alta tecnología, como los dispositivos móviles", escribió Yulek. "Samsung es el competidor más cercano a Apple y está por delante de otras empresas como Nokia en el segmento de los smartphones".

La industria de defensa de Turquía ha estado en auge durante los últimos diez años. Como miembro de la OTAN desde hace tiempo, por primera vez Turquía empezó a vender sus propias armas a otros países de la OTAN, como Polonia. En mayo de este año, el gobierno polaco firmó un contrato para adquirir drones armados de Turquía para la Fuerza Aérea polaca. Es evidente que Turquía es uno de los principales fabricantes de este tipo de armas. Sin embargo, esto no es suficiente para ser inmune ante una recesión masiva como la que se está viendo en Turquía.

Según los principales economistas, el gobierno de Ankara necesita poner en marcha un proceso de creación de capacidades en todos los sectores manufactureros, como las energías renovables, los automóviles y la tecnología informática. La producción de energía también es realmente importante, ya que una mayor fabricación aumenta la factura de las importaciones de energía. Las políticas de producción energética sostenible ahorrarán dinero a Turquía y crearán independencia económica. En el proceso, puede construir otras industrias utilizando su propia energía. Turquía dio un gran paso adelante en 2018 cuando comenzó su exploración energética en el Mediterráneo Oriental en la búsqueda de una mayor independencia energética.

En un entorno económico mundial incierto, la mejor manera de resistir los choques externos y mantener el crecimiento es acertar con los aspectos básicos en cuanto a las pequeñas y grandes empresas manufactureras. Por ello, para mantener un crecimiento económico sostenible, Turquía debe seguir apoyando la fabricación y un entorno empresarial favorable.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Elif Selin Calik es periodista e investigadora independiente. Es colaboradora habitual de publicaciones en TRT World, Daily Sabah, Rising Powers in Global Governance y Hurriyet Daily News. Fue una de las fundadoras del Departamento de Noticias a Fondo de la Agencia de Noticias Anadolu y participó en la COP23 de las Naciones Unidas en Bonn como observadora. Tiene una maestría en Estudios Culturales de la Universidad Internacional de Sarajevo y una segunda maestría en Diplomacia Global de la SOAS, Universidad de Londres.

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