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¿Por qué se ofreció España a mediar entre Argelia y Marruecos?

El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares Bueno, gesticula mientras habla junto a su homólogo pakistaní, Shah Mahmood Qureshi (no visto), durante una rueda de prensa conjunta en Islamabad el 10 de septiembre de 2021. [FAROOQ NAEEM/AFP vía Getty Images]

Normalmente, no dudas en ayudar a tus vecinos a rebajar la tensión para que no te afecte. Sin embargo, si fueras la causa directa o indirecta de esa tensión, ¿realmente querrías hacerlo? En relación con la tensión entre Argelia y Marruecos, ¿puede España ser un mediador honesto? También debemos preguntarnos si Argelia aceptará, en principio, cualquier mediación en su disputa con Marruecos, o si ha puesto una condición para tener un mediador específico.

El lenguaje de los funcionarios argelinos no deja lugar a dudas de que rechazan por completo la idea de la mediación, pero puede tratarse de un juego de manos diplomático para encubrir la preferencia por un mediador sobre otro. Bloquearon los esfuerzos árabes y del Golfo para contener la crisis, y no prestaron atención a los esfuerzos de Mauritania en este sentido.

Entonces, ¿quién es el mediador preferido? ¿Podría ser España? El asunto se complica cada día que pasa, dado el número de rechazos a las sugerencias de tender la mano a los vecinos de Argelia. Subirse a un caballo alto es relativamente fácil; bajarse es más difícil.

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Aunque en un principio España se mostró indiferente a los acontecimientos que tenían lugar al otro lado del Mediterráneo, ahora ha revelado su deseo de acercar a las partes el fin de semana durante una reunión regional en Barcelona. ¿Qué ha llevado a los españoles a llamar a una puerta que saben muy bien que necesitaría un milagro para abrirse? ¿Fueron las buenas intenciones?

Puede que España y Mauritania se hayan ofrecido a mediar entre Argelia y Marruecos, pero sus cálculos regionales son muy diferentes. Si bien es posible explicar las declaraciones y sugerencias oficiales de Nuakchot sobre el deseo de aliviar la tensión entre Argel y Rabat -los mauritanos están dispuestos a no pagar el precio de una escalada adicional debido a factores geográficos y demográficos bien conocidos-, es difícil encontrar una justificación convincente para declaraciones similares de Madrid.

Quedan dudas sobre lo que llevó al ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a declarar hace dos semanas al Diario de Sevilla que Marruecos y Argelia son "países socios esenciales para España y la Unión Europea" y que estaba construyendo una relación con ellos en el Mediterráneo. A continuación, dijo, en un tono un tanto festivo, como si estuviera anunciando un acontecimiento extraordinario, que Barcelona acogerá la reunión de la Unión del Mediterráneo, en la que se tratarán estos temas.

A primera vista, esto refleja la preocupación de Madrid por la posición crítica de las relaciones entre Marruecos y Argelia en los últimos meses, y el temor de España a soportar incluso algunas de las consecuencias de cualquier nueva escalada en los próximos días. Sin embargo, ¿hasta qué punto es lógico y plausible este argumento? ¿No le interesa a España que continúe la hostilidad y el distanciamiento entre los dos vecinos del Magreb? Si Argel y Rabat resuelven sus diferencias, ¿qué ganará España? ¿No sería la perdedora si las dos principales potencias del norte de África se unen?

La lógica hace suponer que el principal motivo de las declaraciones oficiales españolas es el deseo de reposicionar a Madrid en la región, y hacerse con las riendas y el liderazgo de la misma, aunque ello suponga dar la impresión de que España es el pequeño policía regional. La mediación necesita algo más que comunicados de prensa para tener éxito; requiere esfuerzos y acciones serias lejos de los focos. Por esta razón, parece que el afán de España por emitir declaraciones oficiales refleja, en gran medida, una especie de protesta indirecta de Madrid por su exclusión de ser el mediador entre Argelia y Marruecos debido a la falta de entusiasmo de ambos por que España desempeñe tal papel.

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El ministro de Asuntos Exteriores español regresó de Argelia en septiembre con la promesa de que se seguiría suministrando gas a España, sin que nadie supiera cómo se iba a hacer, ni si Madrid había considerado cómo iba a repercutir esto en su relación con Rabat. En aquel momento, los argelinos dijeron que España no tiene nada que ver con sus diferencias con Marruecos, y que la decisión de Argelia de cerrar el gasoducto a España tras pasar por Marruecos no afectará a los españoles. Además, aunque Rabat aceptara dialogar con Argelia, no le haría mucha gracia que los españoles mediaran.

¿Significa esto que no veremos un histórico apretón de manos el fin de semana entre los ministros de Exteriores de Marruecos y Argelia en Barcelona? Si se produce, no es seguro que sea resultado de la mediación española y no de los esfuerzos de nadie.

Sin embargo, el mero indicio de un ligero deshielo entre los dos vecinos puede ser considerado en España como una victoria para la diplomacia ibérica. Ésta ha sufrido reveses en el Magreb, de eso no hay duda. España ha perdido su influencia y su peso diplomático, entre otras cosas por permitir la entrada del líder del Frente Polisario en el país para recibir tratamiento médico. Mientras tanto, una pesadilla recurrente para Madrid es cómo tratarán Marruecos y Argelia a España en el futuro si consiguen reanudar las relaciones normales. Esto atormenta a los españoles más que su preocupación por que la tensión actual se prolongue indefinidamente.

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Al-Quds Al-Arabi el 23 de noviembre de 2021

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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