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Sobre la normalización de las relaciones con Bashar

El ministro de Asuntos Exteriores de los EAU, Abdullah Bin Zayed Al-Nahyan, se reúne con el presidente sirio Bashar Al-Assad en Damasco el 9 de noviembre de 2021 [Agencia de Noticias de los Emiratos WAM].

La visita del ministro de Asuntos Exteriores emiratí a Damasco abrió la puerta de par en par a los análisis y a las especulaciones. Mientras que los medios de comunicación consideran esta visita como un reconocimiento por parte de los "países de la coalición" de la victoria del presidente Bashar Al-Assad sobre su pueblo, estos últimos tratan de presentar el asunto como parte de una visión para una solución basada en el principio del enfoque "paso a paso" mencionado en el documento jordano conocido como el "No paper".

La idea del "No paper" se basa en la premisa de que el régimen de Bashar está atravesando una gran angustia, principalmente económica con dimensiones políticas, así como una crisis de gobernabilidad que se manifiesta en la incapacidad del régimen para gobernar con normalidad. Este documento considera que es una base adecuada para tentar al régimen con incentivos "que no puede rechazar" para obtener concesiones a cambio de que cambie su comportamiento.

Por otra parte, el régimen no se opone a recibir incentivos, especialmente en los medios de comunicación, como la normalización y la apertura de canales de comunicación con los opositores de ayer. Le resulta útil afirmar que los "otros" se han dado cuenta de su error y "han vuelto a Damasco". En otras palabras: La normalización es útil para subrayar que el régimen tenía (y sigue teniendo) razón en la guerra que emprendió contra el pueblo, y que la prueba concluyente de su victoria es el reconocimiento de sus opositores ante sus aliados.

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Sin embargo, si la normalización abstracta -es decir, la normalización mediática- se traduce en medidas prácticas como la obtención de ayuda económica o de inversiones en sectores vitales como la electricidad o el combustible, o la activación del comercio exterior, son recompensas que el régimen no tiene inconveniente en aceptar. En cuanto a esperar un precio a cambio de esto, es algo contrario a lo que está en la mente del régimen y a su lógica. ¿Desde cuándo hacer las cosas bien se ha convertido en una deuda que hay que pagar? Sobre todo si el precio es una violación de la "soberanía nacional", como exigir la expulsión de los iraníes y sus milicias, la liberación de los detenidos, la revelación del destino de los desaparecidos, o facilitar la entrega de ayuda humanitaria a las zonas "terroristas" de los "terroristas", o el mayor pecado de todos: proceder a una solución política de acuerdo con las resoluciones del Consejo de Seguridad bajo el paraguas de la ONU.

Assad y el régimen sirio cometieron crímenes de guerra - Caricatura [Sabaaneh/MonitordeOriente]

¿Quién ha dicho que hay un problema político en Siria en primer lugar? El terrorismo ha sido derrotado, la economía ha despegado, según se desprende del discurso de Bashar al inicio de su cuarto mandato, la reconstrucción de las infraestructuras destruidas por los terroristas está en marcha, según los medios de comunicación del régimen, y el pueblo dijo su palabra en las últimas elecciones presidenciales, al votar por abrumadora mayoría a Bashar Al-Assad, expresando así su apoyo a su "sabio liderazgo" y la renovación de su confianza en él. La participación de una "delegación nacional" (que no representa al gobierno sirio ni lo compromete a nada) en las reuniones del llamado Comité Constitucional en Ginebra sólo sirve para satisfacer al aliado ruso y ayudarle a fingir que busca una "solución política" y a responder a las alegaciones y acusaciones de la "otra delegación" y a frustrar sus planes.

En 2009, el monarca saudí acudió a Damasco, tras un distanciamiento que duró muchos años debido al asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, y desde allí se trasladaron juntos a Beirut. La visita fue un incentivo para Bashar Al-Assad, desde el punto de vista saudí, para facilitar la formación del gobierno libanés. La respuesta de Al-Assad y de Hezbolá, con el apoyo de Irán, fue desbaratar el parlamento libanés.

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En cuanto a los países occidentales, su problema con el régimen de Assad se resume en la cuestión de la crisis de los refugiados. Incluso el deseo de los estadounidenses de limitar la influencia iraní en Siria parece haber retrocedido, según lo filtrado recientemente por el diario Asharq Al-Awsat. Si estos países buscan concesiones del régimen a cambio de incentivos, su objetivo es que el régimen proporcione, cambiando su comportamiento hacia sus súbditos, aunque sea ligeramente, la creación de un entorno adecuado para el retorno de los refugiados a Siria. Pero, ¿quién ha dicho que el régimen no trata la cuestión de los refugiados como un arma blandida en la cara de los países que los acogen, para que consientan sus condiciones, para que acepte sus disculpas y normalice las relaciones con él? Esto es lo que está haciendo ahora con los EAU y Jordania. En septiembre, Amnistía Internacional documentó cómo los servicios de inteligencia del régimen reciben a los retornados a Siria con torturas, violaciones y asesinatos como consecuencia de las torturas. Este trato no es sólo una venganza por los que abandonaron el país durante los años de revolución y guerra, sino también un mensaje a los países occidentales de que no quieren que los refugiados regresen, y que lo máximo que pueden desear estos países es reducir el flujo de nuevos refugiados si les ofrecen los incentivos adecuados, no detenerlos por completo.

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Al-Quds Al-Arabi el 17 de noviembre de 2021

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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