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¿Es Biden diferente de Trump en cuanto a Palestina?

El primer ministro de Israel, Naftali Bennett (derecha), se reúne con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (izquierda), en la Casa Blanca el 27 de agosto de 2021 en Washington, DC, Estados Unidos [GPO - Agencia Anadolu].

Cuando Joe Biden fue declarado ganador en las elecciones presidenciales de Estados Unidos el pasado mes de noviembre, las expectativas en Ramala eran altas. Un gobierno de Biden, comparado con el gobierno descaradamente pro-israelí de Donald Trump, sería seguramente mucho más justo con los palestinos. Esa era la opinión generalizada en ese momento.

Como era de esperar, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, fue uno de los primeros líderes mundiales en felicitar a Biden con entusiasmo. "Espero trabajar con el presidente electo y su administración para fortalecer las relaciones palestino-estadounidenses y lograr la libertad, la independencia, la justicia y la dignidad de nuestro pueblo", dijo Abbas inmediatamente después de que se confirmara finalmente el resultado de las elecciones.

En cambio, el entonces primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, esperó un tiempo relativamente largo para ofrecer sus felicitaciones con la esperanza, tal vez, de que su íntimo amigo y firme aliado político Trump lograra revertir el resultado electoral.

Sin embargo, casi un año después, es difícil entender la euforia palestina que reinaba a finales de 2020. ¿Y cómo se explica la ausencia de críticas a la administración Biden por no haber revertido la mayoría de las decisiones pro-israelíes de Trump? Entre ellas, el reconocimiento de Jerusalén como capital "indivisa" de Israel y el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a la ciudad santa, en violación del derecho internacional e incluso de las propias políticas declaradas por Estados Unidos.

¿Por qué los dirigentes de la AP guardan silencio sobre el hecho de que Biden y su equipo, a pesar de su retórica sobre la paz y el diálogo, mantienen el mismo grado de compromiso con Israel que Trump? La respuesta corta es el dinero.

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El único paso tangible con respecto a Palestina que la administración Biden ha dado en el último año ha sido la restauración de los fondos que Trump había recortado de la ayuda a Palestina en 2018, revirtiendo de un plumazo casi tres décadas en las que Estados Unidos, junto con otros "países donantes", financiaba a la AP.

En abril, la Casa Blanca declaró su intención de restablecer una parte, aunque no la totalidad, de esos fondos entregados a la Autoridad Palestina. Una cantidad de 235 millones de dólares iba a ser pagada como 75 millones de dólares en asistencia económica y de desarrollo; 10 millones de dólares en programas de "construcción de la paz" que serían proporcionados por la agencia USAID; y el resto en asistencia humanitaria a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, UNRWA.

Esta última, sin embargo, no llegó sin advertencias. El 14 de julio, la UNRWA llegó a un acuerdo con Washington sobre el uso de este dinero. El llamado Marco de Cooperación estipulaba que "Estados Unidos no hará ninguna contribución a la UNRWA, excepto con la condición de que la UNRWA tome todas las medidas posibles para asegurar que ninguna parte de la contribución de Estados Unidos se utilice para ayudar a ningún refugiado que reciba entrenamiento militar" de algún grupo de la resistencia palestina. En virtud del acuerdo, que fue muy criticado por los palestinos, la UNRWA recibirá 135 millones de dólares adicionales de Estados Unidos.

En el frente político, sin embargo, hay poco más que informar. La oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Washington, aunque se espera que sea reabierta por Biden tras su abrupto cierre por Trump en septiembre de 2018, sigue cerrada. Además, el Consulado de EEUU en Jerusalén Este, ocupada por Israel, que también fue cerrado por el predecesor de Biden, sigue siendo "un importante punto de discordia" entre Israel y EEUU, según Axios.

Tan pronto como el gobierno de Biden declaró su intención de reabrir su misión en el Jerusalén Este palestino ocupado, altos funcionarios israelíes se volcaron en Washington para impedir que se produjera incluso esta simbólica ganancia palestina. El primer ministro israelí, Naftali Bennett, planteó la cuestión a Biden durante su reunión en la Casa Blanca en agosto, solicitando al presidente que se abstuviera de llevar a cabo dicha medida. Según el Times of Israel, Bennett pidió a los estadounidenses que abrieran el consulado en Ramala y no en Jerusalén.

En septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Yair Lapid, advirtió a Washington que restablecer la misión estadounidense en Jerusalén Este era una "mala idea", sugiriendo que tal medida podría forzar el colapso del frágil gobierno de coalición de Israel.

El tema también encabezó la agenda de la reunión de Lapid con el Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken en Washington a principios de este mes. Funcionarios israelíes revelaron que Lapid le dijo a Blinken: "No sé cómo mantener unida esta coalición si reabres el consulado". Esto también fue reportado por Axios.

Para evitar una confrontación y ganar tiempo para el gobierno israelí, Blinken propuso la creación de un comité conjunto para "discutir la cuestión con la máxima discreción". El gobierno israelí está utilizando así la actual coalición de gobierno, que se encuentra dividida, como pretexto para aplazar la decisión de Estados Unidos sobre el consulado. Está insinuando que si EE.UU. reabre el consulado antes de que se apruebe el presupuesto del gobierno en noviembre, la coalición se disolverá, con la ominosa posibilidad de que Netanyahu regrese.

Se espera que el comité no se forme hasta la votación del presupuesto. Incluso entonces, no está claro si Washington logrará persuadir a Israel para que respete la decisión del consulado de Biden.

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En particular, aunque el asunto del consulado debería preocupar más a los palestinos, ningún funcionario palestino será incluido en el exclusivo y secreto comité Blinken-Lapid. Lo más extraño es que a la AP no parece importarle este desaire. No ha habido ninguna protesta pública por parte de Abbas y sus funcionarios. Esto, por supuesto, es típico de la AP, y seguirá siendo así mientras los fondos de Estados Unidos sigan llegando a las arcas de la AP. Todas las demás cuestiones parecen tener poca o ninguna urgencia. Todo gira en torno al dinero.

Si se llega a un compromiso político y finalmente se reabre el consulado de Estados Unidos, ¿cambiará la realidad sobre el terreno? Desde 1994, el consulado ha desempeñado un papel en gran medida simbólico, el que más importaba a la AP. Apenas ha cambiado la ecuación política a favor de los palestinos. En una reveladora y surrealista referencia al consulado, Noga Tarnopolsky escribió en Los Angeles Times en 2019: "El consulado era conocido por acoger una de las fiestas más animadas de la agenda anual de Jerusalén, una gala del 4 de julio celebrada en el jardín delantero."

A un tiro de piedra de las "fiestas más animadas" de la ciudad, cientos de familias palestinas están siendo desalojadas de sus hogares o se enfrentan al riesgo de desalojo por parte de la policía y el ejército israelíes financiados por Estados Unidos. Un poco más lejos está el muro del apartheid israelí que sigue segmentando la Palestina ocupada según la raza, la etnia y la religión. Por lo tanto, está justificado que no seamos demasiado optimistas en cuanto a que la reapertura de la misión de Estados Unidos vaya a cambiar el horrible statu quo en modo alguno.

La administración de Joe Biden está demostrando no ser más que una fachada blanda para las mismas políticas promulgadas por Donald Trump. La única diferencia aparente es que, esta vez, a Mahmoud Abbas y a la Autoridad Palestina, por razones interesadas, no parece importarles.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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