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Después de matar a mujeres musulmanas, la comunidad internacional no puede enseñarnos cómo tratarlas

Niñas de una escuela secundaria asisten a una lección mientras la educación en las escuelas primarias y secundarias continúa en la ciudad bastión de los talibanes, Kandahar, Afganistán, el 28 de septiembre de 2021 [Bilal Güler/Anadolu Agency].

A principios de esta semana, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que los talibanes no cumplieron sus promesas en materia de derechos de las mujeres y las niñas, tras la liberación de su país de la ocupación estadounidense con apoyo internacional que duró 20 años. Instó a los talibanes, los nuevos gobernantes de Afganistán, a cumplir sus obligaciones en virtud de los derechos humanos internacionales y el derecho humanitario.

"Un aspecto central de esas promesas era la posibilidad de que las mujeres pudieran desplazarse, trabajar y disfrutar de sus derechos básicos, y que las niñas tuvieran acceso efectivo a todos los niveles de educación, igual que los niños", dijo Guterres a los periodistas en la sede de la ONU.

"Estoy especialmente alarmado al ver que se rompen las promesas hechas a las mujeres y niñas afganas por los talibanes", dijo, y añadió: "Las promesas rotas conducen a sueños rotos para las mujeres y niñas de Afganistán". Pidió que las mujeres y niñas de Afganistán "sean el centro de atención".

Tras el anuncio del gabinete talibán, en el que no hay ninguna mujer, se ha producido un gran revuelo en todo el mundo por considerarlo una muestra de supresión de las mujeres. Decenas de mujeres afganas salieron a la calle coreando en contra, lo que tuvo una amplísima cobertura mediática mundial. "Queremos igualdad de derechos, queremos mujeres en el gobierno". La BBC informó que una de las mujeres dijo: "No podemos aceptar esto, y por eso salimos".

Así pues, parece que el mundo está preocupado por la situación de las mujeres musulmanas, que según ellas se está deteriorando en Afganistán tras la retirada de las fuerzas de ocupación estadounidenses e internacionales del país.

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Sí, tienen razón. Como todos los que tienen conciencia, también me preocupan las condiciones de las mujeres en Afganistán y no toleraré que se practique ninguna opresión, pero no sólo hay que preocuparse por las mujeres musulmanas de Afganistán, sino por todas las mujeres musulmanas del mundo.

Por ejemplo, Guterres tiene que echar un vistazo a las mujeres musulmanas de China, la región uigur, donde cientos de miles de mujeres y niñas han sido separadas de sus familias y están encerradas en "campos de concentración", mientras el mundo les presta poca atención, con muy poca cobertura mediática y escasa reacción de los líderes mundiales y los organismos internacionales.

Hay decenas de mujeres y niñas que cumplen largas condenas en cárceles egipcias, que ni siquiera son aptas para animales. Varios grupos de derechos han destacado su problema, pero ni Guterres ni ningún líder mundial les ha prestado la atención que merecen.

Incluso el Congreso de Estados Unidos, cuando bloqueó parte de la ayuda militar estadounidense a Egipto, pidió a El Cairo que mejorara la situación de los derechos humanos y se limitó a pedir la liberación de unos 15 o 16 activistas de derechos, que trabajan con una ONG laica.

Varios organismos de la ONU, encabezados por Guterres, han emitido informes en los que afirman que las mujeres y los niños de Yemen están viviendo la peor crisis humana del planeta. Su difícil situación también ha sido ignorada.

La lista es demasiado larga en lo que respecta a la humillación de los derechos de las mujeres musulmanas en todo el mundo, pero la comunidad internacional, dirigida por los opresivos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, pone sus intereses y planes y los de sus aliados por encima de cualquier derecho de otras naciones y pueblos.

Otro ejemplo es el de los musulmanes de la India, que son perseguidos por el gobierno y las turbas hindúes. Esto incluye a mujeres, niñas y niños. Se les expulsa por la fuerza de sus hogares y se les detiene, se les golpea y se les asesina y no se ha alzado ninguna voz real u oficial.

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La ocupación india de Cachemira, que dura décadas, y las atrocidades que cometen a diario las fuerzas de ocupación indias contra los cachemires han supuesto la opresión y la supresión de mujeres y niñas en Cachemira. Cabe destacar que, durante décadas, sólo ha habido voces apagadas que piden el fin de la ocupación india, la liberación de este territorio musulmán y el fin de la opresión de sus habitantes musulmanes.

En Palestina hay mujeres y niñas golpeadas, detenidas y asesinadas. La comunidad internacional lo sabe todo pero, como la víctima es musulmana y el opresor no, el mundo hace la vista gorda.

Los 20 años de ocupación estadounidense en Afganistán produjeron un equipo de atletas de judo, varias ciclistas, varias músicas y varias futbolistas, además de varias tripulantes de cabina. Sin embargo, miles de mujeres fueron asesinadas y decenas de miles enviudaron, con decenas de miles de niñas huérfanas además de decenas de miles de madres que perdieron a sus seres queridos.

Durante este periodo en Afganistán, EE.UU. no hizo ningún esfuerzo para alentar a las mujeres científicas y académicas. No se construyeron escuelas ni universidades para niñas y mujeres. No se construyeron infraestructuras adecuadas en el país para que la vida de las mujeres y las niñas fuera cómoda.

La ironía es que las personas que han aterrorizado y matado al pueblo afgano durante dos décadas están pidiendo a los gobernantes afganos que no aterroricen y maten a su pueblo.

La cuestión para la comunidad internacional no son los derechos de las mujeres o la vida de las personas, sino las decisiones prejuiciosas, los planes y las campañas de desinformación a las que los enemigos de Afganistán deben renunciar para que el país sobreviva y defienda a toda su gente, hombres y mujeres.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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