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El "hambre" de Gran Bretaña y los peligros del populismo para el mundo

Surtidores de combustible vacíos en una gasolinera Esso el 5 de octubre de 2021 en Maidstone, Reino Unido [Dan Kitwood/Getty Images].

Gran Bretaña, por supuesto, no ha llegado aún a la fase de hambruna, pero, por primera vez desde la guerra de octubre y Ramadán de 1973, está siendo testigo de una gran avalancha de gasolineras. Esto ha llevado al gobierno a pedir al ejército que envíe a varios miles de sus soldados para que conduzcan grandes vehículos de transporte para suministrar a las estaciones el combustible necesario para las largas colas en las calles de Londres y otras grandes ciudades de Gran Bretaña.

Aunque el "hambre" aún no se ha producido, el uso de esta palabra en el título no es por sensacionalismo, sino porque es probable que ocurra si el gobierno no toma decisiones rápidas para resolver la crisis de empleo resultante de la inmigración adversa de ciudadanos de la UE, especialmente de países relativamente pobres de Europa del Este.

Hay muchas noticias sobre la crisis que está provocando la escasez de mano de obra, que -si se juntan- dan una imagen sombría de la situación en Gran Bretaña a menos de un año del inicio de la fase de transición para salir de la Unión Europea (Brexit).

Parte de estas noticias son que los propietarios de las granjas de cerdos, que forman parte del menú de la gran mayoría de los británicos, podrían tener que sacrificar 150.000 animales debido a la falta de mano de obra necesaria para trabajar en este campo, mientras que las advertencias de una crisis en la entrega de pedidos comenzaron a aumentar con la proximidad de la Navidad. También quedó claro que no habrá suficientes pavos, que es la comida tradicional de Navidad, para asegurar la alta demanda en estas fechas.

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Además de los alimentos y el combustible, el sector sanitario también sufre una crisis de empleo, que incluye hospitales, clínicas familiares y residencias de ancianos, que superaron las 17.600 viviendas el año pasado (2020), donde residen cerca de medio millón de personas.

La situación actual no es ciertamente una catástrofe o un colapso, pero representa un peligro real para los cimientos del Estado del bienestar que se formó en Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

El Estado del bienestar se basa en un contrato no escrito entre los pueblos y sus gobiernos. Los gobiernos elegidos, según este contrato, proporcionan servicios que garantizan una vida media a la gran mayoría de los ciudadanos, aunque no puedan trabajar. A cambio, los ciudadanos tienen que pagar impuestos y cumplir la ley.

Este contrato social consiguió situar a los países de Europa Occidental a la cabeza del mundo en cuanto a riqueza, democracia, libertades y responsabilidad de los gobernantes, además de convertirlos en países avanzados en paz social, ya que el bienestar mejora la calidad de vida y, en consecuencia, consigue la paz social de los ciudadanos de los países en los que la gente hace lo posible por conseguir una vida mínimamente digna.

Si el gobierno británico no resuelve la escasez de trabajadores en áreas clave como la sanidad, la alimentación y el combustible, la actual lucha por las gasolineras puede convertirse en parte de la vida cotidiana de los británicos, en los supermercados, en los hospitales y en las calles, lo que, con el tiempo, puede convertirse en altercados y disputas diarias que comprometan la paz social de la que los británicos han disfrutado durante décadas, gracias al "estado del bienestar".

La crisis laboral en Gran Bretaña no se habría producido si la mayoría de los británicos (alrededor del 52%) hubiera votado a favor de la salida de la Unión Europea en 2017. ¡En el resultado de la votación influyeron los eslóganes populistas de los líderes políticos, uno de los cuales dejó la política tras el "Brexit" y empezó a ganar millones en anuncios! Mientras el líder de la campaña del Brexit del partido conservador, Boris Johnson, aprovechó el caos político creado por las negociaciones del Brexit para convertirse en primer ministro con una mayoría sin precedentes desde hace ocho décadas, los ciudadanos empezaron a recoger los malos frutos de esta votación, tanto si decían "sí" como "no".

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea no es el único ejemplo de los peligros del populismo, ya que la crisis de la epidemia del Coronavirus fue un claro ejemplo de estos peligros. Líderes "populistas" como Donald Trump y Boris Johnson se mostraron reacios a afrontar la crisis, lo que retrasó la recuperación parcial, mientras que otros líderes siguieron lanzando consignas populistas sobre que la epidemia era una conspiración, como ocurrió en Brasil que, debido a las consignas de su presidente y a su enfoque populista, se convirtió en el tercer país del mundo en número de infecciones y muertes por el Covid-19.

Muchos -incluidos nosotros- pueden tener muchos defectos con el sistema internacional, la globalización e incluso la democracia, pero este sistema, que ha sido estable desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se ha arraigado en la vida y, por lo tanto, su reforma debe producirse gradualmente y no ser revocada completa y repentinamente.

Un paso tan errático provocará grandes desequilibrios que pagarán los simples ciudadanos. Esto se aplica a la salida de la Unión Europea, a la forma de afrontar la pandemia del Coronavirus y a otras consignas populistas que socavan el concepto de Estado, como es el caso del presidente tunecino Kais Saied, por ejemplo.

Hay grandes críticas y cuestionamientos al sistema global y a la gestión de los Estados modernos, pero la respuesta a ellos no puede ser el "populismo", ¡que supone una amenaza para los Estados y los pueblos!

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Arabi21 el 4 de octubre de 2021

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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