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Sadr afirma que participará en las elecciones de Irak

El líder y clérigo chiíta iraquí Moqtada al-Sadr en la gran mezquita de Kufa, en la ciudad santuario del centro de Irak, a unos 160 kilómetros al sur de la capital Bagdad, el 21 de septiembre de 2018 [Haidar Hamdani/AFP/Getty Images].

El clérigo chiíta iraquí Moqtada Al-Sadr dijo hoy que él y sus partidarios participarán en las elecciones generales de octubre, revirtiendo la decisión tomada el mes pasado de mantenerse al margen, informó Reuters.

El bloque de Al-Sadr forma parte de una coalición que tiene la mayoría de los escaños en el parlamento ahora, y es probable que sea uno de los favoritos en la votación, que fue convocada anticipadamente por el primer ministro Mustafa Al-Kadhimi como respuesta a las protestas populares de 2019.

Al-Sadr dijo en un discurso televisado que la revocación de la decisión se produjo después de que varios líderes políticos, a los que no identificó, le escribieran con una "carta de reformas" para librar a Irak de la corrupción y la mala gestión.

Instó a sus partidarios a acudir a las urnas y votar en las elecciones anticipadas previstas para el 10 de octubre. Un voto a favor de su movimiento, dijo, significaría un Irak liberado de la intromisión extranjera y de la corrupción desenfrenada.

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"Entraremos en estas elecciones con vigor y determinación, para salvar a Irak de la ocupación y la corrupción", dijo Al-Sadr.

Al-Sadr, que cuenta con millones de fieles iraquíes, es uno de los líderes políticos más poderosos de Irak y ha aumentado su influencia sobre las instituciones del Estado en los últimos años.

Los leales a Sadr ocupan puestos oficiales y controlan gran parte de la riqueza del país y las redes de patrocinio. Los detractores acusan a Al-Sadr y a sus partidarios, al igual que a otros partidos iraquíes, de estar implicados en la corrupción dentro de las instituciones del Estado, una acusación que los sadristas rechazan.

Al-Sadr, un operador político imprevisible y astuto, se opone a la presencia de las tropas estadounidenses, de las que unas 2.500 permanecen en Irak, y rechaza la influencia del vecino Irán, una postura que entra en conflicto con muchos políticos chiíes rivales y grupos armados leales a Teherán.

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