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La frustración israelí ante el continuo dilema de Gaza

Llamas tras un ataque aéreo israelí alcanzara objetivos de Hamás en la ciudad de Gaza, Gaza, el 15 de junio de 2021 [Ali Jadallah - Agencia Anadolu].

Dos meses después del fin de la última agresión israelí a Gaza, Israel admitió que no hay una solución sencilla para la situación en la franja. La inestabilidad del actual alto el fuego obliga a Israel a debatir una serie de medidas necesarias para debilitar a Hamás y hacer que la Autoridad Palestina (AP) vuelva a Gaza.

El ministro de Defensa, Benny Gantz, y altos funcionarios coinciden en que un alto el fuego sostenido en Gaza requiere fortalecer a la AP y permitirle participar en la reconstrucción de Gaza, pero la brecha entre Cisjordania y Gaza es muy profunda.

Desde el comienzo de la guerra, Egipto ha tratado de liderar una estrategia alternativa basada en la suposición de que la AP está volviendo a gobernar Gaza gradualmente. Esto tiene eco en Estados Unidos e Israel como un cambio fundamental que permite coordinar los esfuerzos israelíes-egipcios-estadounidenses. La idea principal de esta estrategia es apoyar el fortalecimiento de la AP y su regreso a Gaza. Sin embargo, el reto actual es transformar esta idea de la retórica a la práctica sobre el terreno.

El mayor dilema al que se enfrenta Israel en Gaza es el dinero que llega a Hamás y cómo diseñar un mecanismo de reconstrucción que garantice que el movimiento no se beneficie de él. Estamos hablando de un mecanismo que se estableció tras la guerra de 2014, pero que necesita ser actualizado para lograr la estabilidad en Gaza. Sin embargo, este paso por sí solo no será suficiente para cambiar el equilibrio de poder entre Hamás y la AP. Fortalecer la AP y facilitar que vuelva a gobernar Gaza requiere que Israel emprenda cinco pasos fundamentales.

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El primer paso es mejorar las posibilidades de éxito de esta idea. Las dos partes no aceptarán participar o liderar un esfuerzo que está condenado al fracaso. Para ello, Israel debería suavizar las restricciones a la circulación de bienes y personas en Gaza y apoyar grandes proyectos, como la planificación, construcción y funcionamiento de un puerto marítimo bajo la supervisión de la AP, teniendo en cuenta las necesidades de seguridad de Israel.

El segundo paso es que la AP permita un mayor entendimiento entre Fatah y Hamás sobre el reparto de poder y responsabilidades entre ambos. Israel debe apoyar la formación de un gobierno tecnócrata, y no vetarlo. Este gobierno, dirigido por la AP, se encargaría de gestionar los asuntos civiles en Gaza, sujeto a un mecanismo de garantía de que Hamás no tendrá acceso a los fondos gestionados por este gobierno.

El tercer paso se refiere a la falta de un medio eficaz de defensa y seguridad en Gaza. Israel no culpará a la AP, ni la hará responsable de cualquier violación del alto el fuego por parte de un tercero.

En cuanto al cuarto paso, no se espera que la AP coopere con una estrategia que sólo mejore las condiciones en Gaza, por lo que todo el planteamiento propuesto implica garantizar que la situación en Cisjordania también mejore, independientemente de lo lejos que esté Gaza de ella.

Por último, el quinto paso se refiere a evitar cualquier provocación israelí en los lugares sagrados de Jerusalén y sus alrededores, mantener el statu quo en la mezquita de Al-Aqsa y no evacuar a los palestinos de sus hogares en Jerusalén Este. Todos estos son pasos que no sobrepasan los límites ideológicos del nuevo gobierno israelí, y ninguno de los miembros de la coalición se opone a medidas que afecten directamente a la calidad de vida, la estabilidad o la seguridad en Cisjordania.

La adopción de estas medidas tiene una serie de beneficios para Israel; en primer lugar, impedirían a Hamás afirmar que representa a los palestinos. Y lo que es más importante, el gobierno israelí no quiere verse arrastrado a la reocupación de Gaza, por lo que necesita urgentemente un gobierno palestino allí. Israel debe saber que los acontecimientos en Cisjordania y Jerusalén afectan a la estabilidad en Gaza, y viceversa.

Esto significa que dos meses después de la guerra de Gaza, la situación allí sigue siendo inestable y peligrosa. Hasta ahora, las negociaciones sobre el acuerdo de intercambio de prisioneros parecen estar estancadas, y la reconstrucción de Gaza sigue siendo un sueño lejano. De hecho, Hamás resultó gravemente herido en la guerra, pero salió aparentemente victorioso. Durante los días de los combates, sus combatientes parecían confiados, y algunos de ellos incluso se convirtieron en estrellas mediáticas en las redes árabes. Sin embargo, en realidad, saben que pronto deberán obtener una gran cantidad de ayuda para la reconstrucción de Gaza, o volver a escalar la situación si no se satisfacen sus demandas, como habían prometido a sus partidarios.

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Durante los últimos 14 años, Israel asumió que la política de "divide y vencerás" entre Cisjordania y la Franja de Gaza, y entre Al Fatah y Hamás, servía a sus intereses. Sin embargo, nada de esto ocurrió. Durante la última guerra de Gaza, Israel se dio cuenta de que es imposible contener a Hamás o llegar a un entendimiento con ella. Hamás es una organización ideológica con objetivos claros.

No hay duda de que Hamás quiere convertirse en el amo de la casa en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y obtener el reconocimiento internacional, por lo que la próxima ronda de combates con Hamás parece inevitable. Puede que ocurra ahora, en medio del caluroso verano, o en otra ocasión. Es útil que los israelíes comprendan que esta vez los combatientes de Hamás aumentarán la producción de cohetes para rellenar sus depósitos y minar los túneles subterráneos.

El aumento de la fuerza de Hamás en la calle palestina, especialmente en Cisjordania, y la insistencia de Israel en una nueva ecuación con el movimiento en Gaza, aumentan las posibilidades de que se produzca una nueva escalada militar. Si los israelíes intentan describir con claridad la situación en Gaza y resumir los resultados de la guerra, pueden tener dificultades para hacerlo o para encontrar respuestas. Esto confirma que Gaza es un problema complejo para Israel, y parece que la última guerra es sólo una pequeña pausa. Así, los dirigentes del ejército de ocupación siguen revisando los acontecimientos de la guerra, sacando lecciones de ella y preparándose para la siguiente.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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