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La interpretación israelí en el décimo aniversario de la Primavera Árabe

Un manifestante antigubernamental egipcio sostiene su bandera nacional con la inscripción en árabe "Un saludo a los artífices de la revolución egipcia y a sus mártires" mientras se reúnen en Alejandría el 6 de febrero de 2011 en el decimotercer día de protestas que piden la salida del presidente Hosni Mubarak [-/AFP vía Getty Images].

Los círculos políticos, de seguridad y de toma de decisiones israelíes han mostrado recientemente un gran interés por el décimo aniversario del estallido de las revoluciones árabes, advirtiendo de que las olas de la revolución están reviviendo. Esto es así a pesar de que las revoluciones parecen haber terminado al cumplirse los diez años.

Aunque los recientes informes israelíes que marcan el paso de una década desde el estallido de las revoluciones de la Primavera Árabe las consideran unánimemente un fracaso, parecen haberse precipitado en este juicio. Otros movimientos históricos similares que han madurado después de muchos años han resultado exitosos.

En las últimas semanas, los medios de comunicación israelíes se han preocupado por lo que han calificado como protestas de la Primavera Árabe, al cumplirse el décimo aniversario de su lanzamiento contra regímenes dictatoriales. Afirman que estas revoluciones se han convertido en un "invierno islamista" para los islamistas, que aprovecharon el caos y llenaron los vacíos dejados por los gobernantes árabes derrocados.

En su momento, los datos israelíes sugirieron que los manifestantes islamistas estaban más organizados que los liberales y, por tanto, consiguieron hacerse con el poder en las elecciones posteriores a la revolución. El seguimiento israelí de los resultados de las revoluciones árabes después de estos años reveló que los islamistas se beneficiaron de ellas en Egipto, donde el difunto Mohamed Morsi, líder de los Hermanos Musulmanes, llegó a la presidencia antes de que se produjera el golpe de Estado contra él, y en Túnez, donde el movimiento Ennahda tomó el poder. Mientras tanto, otros países fueron testigos de un caos abrumador y de feroces guerras civiles, como Siria, Yemen y Libia.

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Israel adoptó la narrativa de que la Primavera Árabe fue resultado de la política del ex presidente estadounidense Barack Obama. Sin embargo, Washington se vio sorprendido por ella, así como las agencias de inteligencia internacionales, incluida la de Israel. Además, la influencia de EE.UU. sobre los acontecimientos internos árabes parecía modesta, y se conformaba con el apoyo moral hacia la democratización, pero no trabajaba para promoverla por la fuerza.

Esto confirma que la Primavera Árabe no se produjo por las políticas de Obama, sino por la aparición de redes sociales que permitieron a los residentes de los países árabes comprender los límites de sus libertades civiles. Estas redes sociales actuaron como herramientas de organización que antes no existían. Hoy, diez años después, hay bastantes indicios de que la Primavera Árabe acabará dando resultados positivos, a pesar de la preocupación por la longitud del camino que llevará a estos resultados.

El sistema israelí y sus círculos se han percatado de muchos avances árabes después de estos diez años. A través de ellos, es posible juzgar el cambio provocado por la Primavera Árabe para identificar sus significados positivos. Muchos cambios históricos favorables se produjeron tras periodos difíciles y violentos, y la transición de un estado de equilibrio a otro suele requerir un periodo de desorden e inestabilidad.

Al mismo tiempo, las revoluciones árabes empujaron a varios gobernantes árabes a darse cuenta de que están del mismo lado que Israel, contra los grupos islamistas e Irán, lo que puede obligar a los regímenes árabes y a Israel a adoptar una nueva visión de Oriente Medio. Sin embargo, esto privará a Israel de su constante reivindicación de ser la única democracia en Oriente Medio.

La conmemoración de la primera década de las revoluciones árabes coincidiendo con el acuerdo de normalización dio a Israel la sensación de que iba a transformar esta región para que fuera una oportunidad, y no sólo una amenaza. Para ello, se ha despojado de la sensación de peligro a los países vecinos y, en última instancia, ha aprovechado las oportunidades disponibles, favoreciendo un acuerdo con los palestinos.

Tras el paso de una década desde el estallido de las revoluciones de la Primavera Árabe, la comunidad de inteligencia israelí cree que la inestabilidad regional, junto con la fuerza de las redes sociales y el desarrollo de la solidaridad social, puede hacer que las revoluciones estallen de nuevo, y esta vez con más fuerza.

Las protestas árabes estallaron, empezando por Túnez, pasando por Egipto, luego Yemen, Siria y Libia, sorprendiendo a la inteligencia israelí, que no reconocía el poder de las redes sociales. Incluso Washington dio la espalda al presidente egipcio Mubarak, y Obama apretó la soga al cuello para obligarle a dimitir.

La comunidad de inteligencia israelí cuenta con los métodos de seguridad necesarios para analizar la última década en Oriente Medio, pero la mayoría de sus expertos coinciden en que la Primavera Árabe no se ha detenido, a pesar de su forma cambiante. Puede volver a estallar inesperadamente, y probablemente será más poderosa en el futuro, mientras las masas árabes estén descontentas con sus condiciones.

A la luz de la realidad emergente en la región, el establishment militar y de seguridad israelí se está dando un amplio margen para la evaluación de la inteligencia. En las operaciones históricas de este tipo, continúan otras oleadas, y es correcto señalar que a estas oleadas superiores les sigue la agitación regional. Dado que la situación en Oriente Medio es más compleja, se necesitará más tiempo, a pesar de que las generalizaciones sobre la Primavera Árabe no son precisas.

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Desde el punto de vista israelí, los acontecimientos árabes dieron pábulo a las siguientes protestas violentas, y mientras los árabes no consigan lo que quieren de las autoridades gobernantes, la Primavera Árabe puede repetirse, como ocurrió en la plaza Tahrir.

La experiencia de Israel con la Primavera Árabe confirma que la realidad de Oriente Medio es difícil de predecir, a pesar de que este peligroso periodo ayudó a la inteligencia israelí a analizar la dinámica de la región. En el pasado, se afirmaba que la dictadura es mejor que el caos, pero hoy nadie puede promover esta noción fácilmente, y aquí comienza el conflicto.

Después de una década, Israel no prefiere la caída de los regímenes árabes ni el estallido de guerras civiles, sino que busca la continuidad de gobiernos estables, aunque sean dictaduras. Para Israel, es necesaria una dirección clara para lanzar mensajes y negociar, porque Oriente Medio sigue siendo el centro mundial de la Yihad en Siria, Sinaí e Irak, y los fenómenos que estallan y desaparecen en esta etapa, suponen una amenaza para el frente interno israelí.

En opinión de Israel, la Primavera Árabe no sólo arrojó luz sobre el deseo del ciudadano árabe de obtener sus derechos básicos y una condición de vida digna, sino que también puso de relieve el crecimiento del actor no gubernamental, la lucha sin armas militares y el uso de tecnologías avanzadas. Esto es lo que realmente preocupa a Israel en los próximos años.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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