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Israel: 72 años de catástrofe

Se puede ver a los palestinos huyendo de sus hogares durante la Nakba de 1948, también conocida como "La Gran Catástrofe".

Entre 1947 y 1949, las milicias sionistas y el recién formado ejército israelí expulsaron a más de la mitad de la población nativa de Palestina.

Unos 800.000 palestinos fueron expulsados literalmente por medio del cañón de un arma, o huyeron por miedo a ser masacrados por las fuerzas sionistas.

Los palestinos conmemoran esto cada año como el “Día de la Nakba”, que significa “catástrofe” en árabe. El establecimiento de Israel fue, y sigue siendo, un desastre total y absoluto para el pueblo originario de Palestina.

Pero el Día de la Nakba no se trata sólo de la memoria, sino también de la resistencia.

La Nakba no fue un acontecimiento singular, centrado en torno al 15 de mayo de 1948, el día después de la creación del nuevo Estado de Israel.

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Como el destacado intelectual palestino Joseph Massad ha explicado durante muchos años, la Nakba nunca ha terminado realmente.

Las expulsiones sionistas, despojos y asesinatos de los pueblos nativos de Palestina continúan hasta el día de hoy. La Nakba entonces, no sólo tiene una historia continua de décadas, sino que tiene un futuro mientras el sionismo perdure.

Día de la Nakba 1948 – Caricatura [Carlos Latuff/Monitor de Oriente Medio]

En 1948, las milicias sionistas llevaron a cabo masacres estratégicas de aldeas palestinas con el fin de actuar como ejemplo para el resto, animando a los aldeanos a huir por miedo. La masacre de Deir Yassin es sólo el ejemplo más conocido de esto.

Los refugiados huyeron en 1948 porque temían por sus vidas, y porque esperaban poder volver una vez terminada la guerra. Pero nunca se les ha permitido regresar, sólo porque no son judíos.

Inmediatamente, Israel comenzó a importar gente judía de todo el mundo – como si fueran cargas humanas – para alentarlos y (en algunos casos) obligarlos a convertirse en colonos en el recién establecido estado judío.

En los años inmediatamente posteriores a 1948, Israel estableció una serie de leyes racistas de apartheid que permitían a los judíos de todo el mundo -independientemente de la realidad de sus vínculos familiares con el país- el acceso privilegiado y el derecho a establecerse y recibir la ciudadanía en el nuevo país.

Esto fue codificado bajo la “Ley del Retorno” – que se basa en la ahistórica afirmación de que todos los judíos del mundo están de alguna manera “étnicamente” relacionados con los antiguos hebreos palestinos.

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Al mismo tiempo que establecía estas leyes racistas, Israel negó a los refugiados palestinos y a sus descendientes el derecho a regresar a su patria, a pesar de que este derecho está consagrado en el derecho internacional.

A los refugiados palestinos se les sigue negando el derecho a regresar hasta el día de hoy.

En los últimos años, los palestinos de Gaza iniciaron una “marcha de regreso” regular (la población de la Franja de Gaza es de dos millones de personas, compuesta por alrededor del 70% de refugiados). En una serie de represalias brutales por tener la pura audacia de ejercer pacíficamente sus derechos en virtud del derecho internacional, Israel acribilló a cientos de ellos a sangre fría con balas de francotirador.

La mayoría de los dirigentes mundiales no hicieron más que protestar sin dientes si no fomentaban activamente la matanza.

Después de 1948, Israel entregó sistemáticamente las tierras y los hogares de los refugiados palestinos desposeídos a judíos de Europa y, más tarde, de Oriente Medio.

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De hecho, muchas aldeas palestinas -más de 500 de ellas- fueron sistemáticamente borradas de la faz de la tierra por las milicias sionistas y el nuevo ejército israelí, utilizando bulldozers y dinamita.

Como el infame general israelí Moshe Dayan admitió algunos años después: “Las aldeas judías fueron construidas en lugar de las aldeas árabes [palestinas]. Ni siquiera sabes los nombres de estos pueblos árabes, y no te culpo, porque estos libros de geografía ya no existen. No sólo los libros no existen, los pueblos árabes tampoco. Nahalal surgió en el lugar de Mahlul, Gvat en el lugar de Jibta; Sarid en el lugar de Haneifa, y Kfar-Yehoshua en el lugar de Tel-Shaman. No hay un solo lugar construido en este país que no tuviera una antigua población árabe”.

Sin embargo, hoy en día es falso decir que tales libros de geografía no existen. Gracias a los pioneros historiadores y geógrafos palestinos como Walid Khalidi y Salman Abu Sitta, hoy sabemos exactamente dónde estaban las aldeas palestinas destruidas y qué asentamientos israelíes están construidos sobre sus ruinas y en sus tierras.

Como ha demostrado Abu Sitta, el derecho al retorno no es un mero principio abstracto, sino un objetivo eminentemente práctico y realizable.

Los palestinos tienen derecho a regresar a su patria.

La justicia, la libertad y la igualdad lo exigen.

No habrá paz en Oriente Medio hasta que Israel se vea obligado a reconocer estos hechos.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004

Recordando La Masacre De Rabaa

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