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Alemania juzga al combatiente de Daesh

Personas desplazadas de la minoría Yazidi, huyendo de la violencia de las fuerzas leales a Daesh el 10 de agosto de 2014 [REUTERS/Rodi Said]

El viernes, la justicia alemana inició el juicio de un nacional iraquí acusado de participar en el genocidio y de asesinar a un niño de la minoría Yazidi después de esclavizarla a ella y a su madre, mientras estaba activo en las filas de Daesh.

El sospechoso, que las autoridades revelaron que era Taha Al-Jumailly, de 27 años, también fue acusado de crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y trata de personas. Comparecerá ante el Tribunal Superior Regional de Frankfurt el viernes.

Su esposa, Jennifer Fenech, ha estado compareciendo ante un tribunal de Munich durante el último año, ya que se enfrenta a los cargos de matar a una niña, que fue dejada por la pareja para morir de deshidratación en la ciudad iraquí de Fallujah en 2015.

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El juicio de Fenech, que comenzó en abril de 2019, fue el primer juicio del mundo contra miembros de Daesh por cometer atrocidades contra los yazidis, un grupo minoritario de habla kurda con base en el norte de Irak, que han sido perseguidos por la organización terrorista desde 2014.

La madre del niño asesinado, a quien los periódicos revelaron que se llamaba Noura, testificó varias veces en Munich, y relató el sufrimiento que había experimentado junto con su hija Rania.

Según el acta de acusación, Al-Jumailly se unió a Daesh en marzo de 2013 y hasta el año pasado ocupó muchos puestos en las filas de la rama de la organización terrorista en Raqqa, así como en el Iraq y Turquía.

La justicia alemana imputó al acusado por “participar en actividades de trata de personas a finales de mayo y principios de junio de 2015”, al comprar a una mujer perteneciente a la minoría yazidi y a su hija de cinco años y trasladarlas a Falulla, donde fueron sometidas a todas las formas de tortura, incluida la hambruna.

Durante el verano de 2015, la niña fue atada a las rejas de la ventana de la casa donde estaba detenida con su madre, a una temperatura de 50 grados centígrados, como castigo por orinar en un colchón.

La niña murió de sed, mientras que la madre se vio obligada a caminar descalza por fuera causando graves quemaduras en sus pies.

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