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Los pecados políticos que han destruido la imagen de Arabia Saudí

Bandera de Arabia Saudí [Ahmet Bolat/Anadolu Agency]

Por Hussein Laqra’a

El rechazo general de ciertas élites políticas y culturales árabes hacia la visita a sus países del príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammad Bin Salman, indica el enorme daño que ha sufrido la imagen del Reino en la región en los últimos años. Esto es debido a los grandes errores cometidos por el gobierno en Riad, errores tan graves que se consideran pecados políticos, de los que el asesinato de Jamal Khashoggi se considera la gota que colmó el vaso.

Consideremos la participación de la coalición saudí en la guerra de Yemen y el asedio impuesto sobre su pueblo desde marzo de 2015, que han tenido consecuencias catastróficas. La coalición no ha logrado su objetivo principal – la restauración del gobierno legítimo – y el país ha sufrido enormes pérdidas financieras y humanas. La hambruna amenaza la vida de la mitad de la población yemení, y la malnutrición crónica ha afectado a millones de niños que están en los huesos. Según las organizaciones internacionales, un niño muere cada 10 minutos en Yemen; eso son 85.000 niños, y contando, que mueren de hambre y enfermedades. Todo esto supone un crimen contra la humanidad. Los aliados de Arabia Saudí en Occidente se avergüenzan de esto y han pedido a Riad que levante el asedio, ponga fin a la lucha y busque una solución política.

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El segundo pecado político es la normalización con Israel y el empujar en esta misma dirección a los Estados del Golfo, preparando el establecimiento de una “OTAN” árabe-israelí contra Irán el año que viene. Quienes pagan el precio son la causa palestina y Jerusalén. Además, Arabia Saudí es hostil hacia la resistencia palestina legítima y la describe como “terrorismo”, y también ha participado en el “acuerdo del siglo” de Donald Trump. Trump dijo hace poco que, de no ser por Arabia Saudí, la existencia de Israel se vería amenazada. Esto provocó una ola de indignación y resentimiento entre el pueblo árabe, que ahora piensa que el Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas en Makkah y Medina ha unido fuerzas con el enemigo y ha vendido a la causa palestina y a la mezquita de Al-Aqsa para preservar la monarquía. Esto es una traición imperdonable a ojos del pueblo.

A continuación nos encontramos con la supresión, la detención y la tortura contra los disidentes saudíes, incluidos docenas de intelectuales, activistas humanitarios, predicadores y académicos. Entre los encarcelados se incluyen Salman Al-Ouda, Safar Al-Hawali, Awad Al-Qarni, Ali al-Omary y Ali Bin Omar Badahdah, además de otros imanes independientes que se negaron a apoyar el injusto asedio saudí sobre Qatar, su hostilidad hacia la resistencia palestina y su normalización de Israel. La campaña de detenciones ordenada por Bin Salman refleja su absoluto rechazo hacia la opinión de los demás. Esto quedó demostrado claramente con lo sucedido con Jamal Khashoggi, quien fue brutalmente asesinado y desmembrado simplemente por oponerse a la nueva dirección que había tomado el Reino bajo el mandato del príncipe heredero.

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También podemos añadir el papel vital de Arabia Saudí en la destrucción de Siria y hacerla retroceder décadas. Riad también respaldó el golpe de Estado contra el gobierno legítimo egipcio del presidente Mohamed Morsi y dirige el asedio sobre Qatar. También estuvo involucrada, junto a Emiratos Árabes Unidos, en las sanciones de Trump contra Turquía hace unos meses, contribuyendo así a la devaluación de la lira turca. Además, los saudíes redujeron el precio del petróleo en cuestión de semanas en respuesta a las exigencias de Trump, lo que perjudicó a las economías de varios países árabes que dependen principalmente del petróleo para obtener ingresos en divisas. Todos estos pecados políticos han supuesto un duro golpe para la imagen de Arabia Saudí a ojos de las naciones árabes y musulmanas.

No hace falta decir que tan sólo el dinero del petróleo podrá reparar su imagen. Para eso necesitarían revisiones radicales de sus políticas en la región.

 

Este artículo fue publicado en árabe en Echorouk Online el 4 de diciembre de 2018.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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