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Estados Unidos miente sobre el posible alto el fuego en Yemen

Ciudadanos de Yemen recogen los cadáveres tras un bombardeo saudí, el 13 de diciembre de 2017[Mohammed Hamoud/Anadolu Agency]

A finales del mes pasado, Estados Unidos hizo un llamamiento a un alto el fuego en Yemen, algo que, inicialmente, hizo surgir la esperanza de un posible avance en el conflicto de ya casi cuatro años de duración. Pero incluso desde el principio hubo serias dudas sobre las intenciones de EEUU, sobre todo dado que el Secretario de Estado, Mike Pompeo, responsabilizó inicialmente del alto el fuego a los rebeldes hutíes, claramente superados a nivel de armamento por los saudíes, los emiratíes y sus aliados.

El llamamiento de Pompeo a los hutíes (conocidos oficialmente como ‘movimiento Ansarullah’) a que cesaran sus ataques contra Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) antes de que estos últimos frenaran sus bombardeos contra Yemen provocó duros reproches por parte de un portavoz hutí, que lo calificó de “farsa total”.

En términos más generales, se ha especulado acerca del momento elegido para la última intervención estadounidense. Algunos medios lo vinculan con el asesinato del  periodista saudí Jamal Khashoggi. Otros, con la catástrofe humanitaria que se ha desatado en Yemen y el deseo de EEUU de evitar ser culpado por la inminente hambruna. 

Sea cual sea su motivación, Estados Unidos es incapaz de aplicar la presión suficiente como para detener a sus aliados en esta brutal guerra, ni tampoco está dispuesto a ello. A falta de un plan integral para gestionar la crisis política subyacente de Yemen, la guerra está suponiendo un coste incalculable para el pueblo yemení.

Un conflicto distorsionado

Una de las razones por las que es tan difícil imaginar una solución creíble para el conflicto yemení es que se ha presentado de manera errónea desde el principio. En Occidente, la guerra casi siempre se enmarca como un conflicto de poder entre Irán y Arabia Saudí, con ésta última a menudo representada como valedora de la soberanía yemení, al menos en la fase temprana de la campaña.

Aunque es cierto que, en parte, Arabia Saudí empezó sus bombardeos en 2015 para devolver el poder a Abd Rabbuh Mansur Hadi, la verdadera razón detrás de la fuerte intervención del reino es el deseo de la Casa de Saud de someter a Yemen a la condición de Estado vasallo.

Este deseo quedó todavía más de manifiesto con la llegada al poder de Mohammad Bin Salman, que ha desarrollado una dura política exterior contra los yemeníes, con resultados desastrosos. Como ha demostrado la guerra de Yemen, a pesar de la inversión de cientos de miles de millones de dólares en su ejército a lo largo de las tres últimas décadas, Arabia Saudí no tiene ni la destreza militar ni el conocimiento estratégico como para gestionar eficientemente un conflicto en su propio patio trasero.

En términos más generales, los objetivos y prioridades de los saudíes y emiratíes han divergido constantemente, hasta el punto actual de llevar a cabo campañas militares paralelas – a veces incluso enfrentadas. Ambas potencias quieren derrotar a los hutíes, pero, más allá de eso, coinciden en pocos más aspectos en cuanto a Yemen.

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El apoyo de EAU a los separatistas del sur de Yemen es un punto importante de disputa entre las dos potencias y que podría desencadenar otro conflicto grave en el país una vez termine la guerra actual.

Además, la cada vez mayor “privatización” de la guerra, como quedó demostrado con el uso de mercenarios mayoritariamente extranjeros en Yemen por parte del ejército emiratí, está causando distorsiones y complicaciones en el terreno, cuyas repercusiones se desatarán durante los próximos años.

Por ejemplo, la contratación por parte de Emiratos de mercenarios israelíes y estadounidenses para asesinar a líderes de Al-Islah (la rama yemení de los Hermanos Musulmanes) fue una política pésima que no sólo socava la posibilidad de un consenso político en Yemen, sino que además arriesga que se profundice la crisis política del país.

¿Guerra interminable?

 Como demuestra la batalla por la ciudad portuaria de Hudaydah, Arabia Saudí y EAU continúan luchando en Yemen, ya que ninguno cuenta con la capacidad táctica y operacional o con la coherencia a nivel estratégico como para avanzar en esta guerra.

En contraste, los hutíes permanecen firmemente arraigados en Saná y siguen demostrando su capacidad ofensiva disparando misiles balísticos contra importantes objetivos saudíes dentro del Reino. Los hutíes también han usado drones para atacar a objetivos en Emiratos, incluido el aeropuerto de Abu Dabi.

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Es precisamente esta amenaza de atacar con misiles objetivos emiratíes, especialmente en Dubái, lo que supone una ventaja psicológica para los hutíes en el conflicto. Los saudíes y los emiratíes no pueden hacer más que lo que llevan haciendo sin descanso durante los últimos tres años; ataques aéreos. Sin embargo, los hutíes pueden intensificar gravemente el conflicto y elevar en masa los costes tanto para Arabia Saudí como para Emiratos Árabes Unidos – y, por extensión, para sus aliados occidentales – al atacar objetivos emiratíes.

Es esta amenaza de una escalada repentina – y la imprevisibilidad que lleva asociada- lo que ha provocado que los Estados vecinos, especialmente Omán, pidan un alto el fuego. Pero todo llamamiento realista para un alto el fuego debe tener en cuenta los hechos básicos en el terreno, sobre todo el éxito hutí a la hora de mantener su control en Saná y gran parte del norte frente a una campaña militar larga y brutal.

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Además, los esfuerzos para alcanzar un alto el fuego deben involucrar lo máximo posible a los yemeníes. Como resulta cada vez más evidente, a Arabia Saudí y a Emiratos Árabes Unidos les dan igual los intereses de Yemen; sólo los propios yemeníes pueden representar de manera creíble a estos intereses.

Las partes enfrentadas en Yemen tienen una oportunidad mucho mayor de resolver sus diferencias si las potencias extranjeras les proporcionan el espacio necesario para articular sus quejas y aspiraciones. Para que eso pueda suceder, Arabia Saudí y EAU deben detener su campaña militar de inmediato.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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