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Después de Khashoggi, ¿cuál es el futuro de Oriente Medio?

Un hombre enciende una vela en un homenaje a Jamal Khashoggi. {Getty Images]

La búsqueda del cuerpo de Jamal Khashoggi ha terminado. Tras un mes de extensas investigaciones, el fiscal general de Turquía finalmente ha concluido que el cadáver fue disuelto en ácido y arrojado a un pozo. Las muestras forenses extraídas de un pozo en la residencia del abogado y de drenajes de aguas residuales cercanas lo confirman.

Ninguno de los asesinos de Khashoggi ha sido acusado o extraditado a Turquía, a pesar de las persistentes exigencias de Ankara. Sin embargo, su asesinato marcará el futuro de Oriente Medio.

La credibilidad y la imagen de Arabia Saudí han quedado debilitadas. Con un gobierno ridiculizado y del que el mundo entero desconfía, la habilidad del Reino para gestionar los problemas regionales se ha reducido drásticamente.

Naturalmente, esta situación allana el camino para que otras potencias regionales, en especial Turquía, extiendan su influencia.

Inicialmente, el asesinato de Khashoggi provocó una crisis diplomática con Arabia Saudí y Turquía como protagonistas. Luego, a medida que se conoció la naturaleza espeluznante del crimen, Estados Unidos, la Unión Europea y los medios internacionales se unieron. Ahora que los saudíes han admitido el asesinato, nada volverá a ser igual.

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    En este caso, las reglas relativas a la inmunidad diplomática establecidas en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas son tan relevantes ahora como cuando fueron ratificadas en 1961. La inmunidad diplomática no significa no ser arrestado tras cometer un crimen grave. Tampoco se debe violar la soberanía de los países receptores.

El Artículo 41 establece que las personas que gocen de privilegios e inmunidades tienen el deber de respetar las leyes del Estado receptor y no interferir en los asuntos internos del Estado. La misión tampoco puede utilizarse de manera incompatible con el derecho internacional.

Por lo tanto, Turquía tiene derecho a estar agraviada y preocupada. Agraviada porque su soberanía fue violada por un Estado ‘amigo’ de la manera más terrorífica posible.

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    También debería estar preocupada, ya que es un país que proporciona asilo político a miles de disidentes de toda la región. Por lo tanto, no puede permitir que el asesinato de Khashoggi cree un precedente para que otros gobiernos persigan y asesinen a sus ciudadanos en su territorio.

El asesinato de Khashoggi ha sido un desastre nacional y una humillación para Arabia Saudí. Tras haber impuesto un bloqueo sobre un estado del Golfo hermano, Qatar, bajo el pretexto de que apoya al terrorismo, los saudíes han quedado retratados y han demostrado ser los verdaderos patrocinadores del terrorismo estatal.

Con el apoyo de Israel y del gobierno de Trump, el desacreditado príncipe heredero podrá aferrarse al poder. Pero tendrá un precio. Para empezar, tendrá que introducir más petróleo en el mercado y garantizar que los precios no superen los niveles fijados por Washington.

También tendrá que acelerar el proceso de normalización con Israel y proporcionar un apoyo incondicional al ‘acuerdo del siglo’ de Trump, que supone eliminar todos los derechos nacionales de los palestinos.

El príncipe heredero Mohammad Bin Salman en Arabia Saudí el 5 de noviembre de 2018 [Agencia de Prensa de Arabia Saudí]

    Además, el príncipe heredero recibirá la orden de poner fin a la guerra en Yemen y restaurar los lazos diplomáticos con Qatar.

A pesar de su valor, estas medidas nunca sustituirán al procesamiento penal de los responsables de planear el asesinato de Jamal Khashoggi. Debe hacerse justicia.

Además, el no realizar un juicio serio en un tribunal debidamente constituido animará a los perpetradores a continuar su campaña de asesinatos contra disidentes en su país y en el extranjero. Seguirán causando estragos a sus vecinos, como los que ha sufrido Yemen.

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    Claramente, si los gobernantes saudíes tienen el descaro de hacer lo que hicieron con Khashoggi en un país extranjero, lo que puedan hacer en su Reino, donde ellos mismos se ponen las normas, es inconcebible.

Para los millones de personas en toda la región que fueron inspiradas por sus obras, Jamal Khashoggi siempre será un símbolo de esperanza, democracia y derechos humanos. Su asesinato es la oportunidad perfecta para reanudar el proceso de cambio que empezó en 2011, antes de ser duramente reprimido por Arabia Saudí y sus aliados regionales.

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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Dr Daud Abdullah

El Dr. Daud Abdullah es el director de Middle East Monitor/Monitor de Oriente