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Por favor, esperen su turno, todos serán atendidos

Visita del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu a Omán para entrevistarse con el sultán Qaboos ibn Said, el 25 de octubre de 2018. [PM of Israel/Twitter]

El pasado viernes, el mundo árabe habló hebreo mientras tres países árabes alzaban la bandera israelí. Estas banderas se ondearon en Qatar, que recibió al equipo de gimnasia israelí, en Emiratos Árabes Unidos, donde compitió el equipo israelí de judo, y en Omán, donde el sultán Qaboos recibió al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y a su esposa. Fue como si los líderes árabes compitieran por la compasión y la satisfacción israelíes, tanto, que casi podía escuchar a Netanyahu decir: “Por favor, esperen su turno, árabes. Todos serán atendidos”. Estos países han adulado al enemigo israelí y a su carrera frenética hacia la normalización; todo el mundo corre hacia Israel, ya que es el protector de sus tronos. Esto me recuerda al poema del difunto Nizar Qabbani; “Correr”.

 

Vivimos en la época de correr,

    como ovejas antes de la matanza.

    Corrimos sin aliento

    nos apresuramos a besar

    los zapatos de los asesinos…

 

En este día de carrera, seis palestinos fueron asesinados por el enemigo israelí mientras protestaban pacíficamente durante la 32ª semana de la Gran Marcha del Retorno. El ministro de Exteriores omaní, Yusuf Bin Alawi, no se avergonzó al describir la visita como la de “un Estado en la región” para discutir una solución al conflicto israelí-palestino.

Leer: Netanyahu: “El camino hacia una paz integral pasa por la normalización de relaciones con los Estados árabes”

 Después de la auspiciosa visita del líder israelí a un país árabe – con el que Israel no tiene relaciones diplomáticas -, ordenó a su ejército que atacara a la Franja de Gaza. Entonces, ¿cómo es posible que el objetivo de estas conversaciones fuera el camino hacia la paz? El propósito de Israel en su visita a Omán y las reuniones secretas entre Netanyahu y cargos militares y políticos árabes – que quedaron deliberadamente expuestos por los medios israelíes – y en la normalización de las actividades deportivas y artísticas es cambiar la actitud árabe respecto a la ocupación de Palestina. Israel pretende construir una nueva consciencia árabe que no lo considere como el enemigo histórico de la nación árabe. Esta nueva consciencia consideraría a Israel como a un amigo, igual que como a cualquier país árabe cercano. Este enfoque refleja las palabras del ministro omaní respecto a cómo Israel es un Estado de Oriente Medio y que, por lo tanto, no es extraño que Israel visite Omán.

Los medios y las élites liberales árabes formadas en centros de investigación estadounidenses, que trabajan para cambiar a Israel como enemigo por Irán, Turquía y la resistencia islámica de Hamás, también están llevando a cabo esta tarea. Trabajan para promover la normalización de la ocupación israelí y pretenden cambiar y falsificar la historia sobre todos los símbolos históricos asociados con Palestina, así como ofender a toda la nación palestina y acusarla de vender sus tierras. Sin embargo, la verdad es que esta gran nación ha hecho el mayor de los sacrificios durante todo un siglo para resistir a la ocupación más brutal y criminal de la historia.

La normalización es una traición. Es una traición a los mártires que han empapado la tierra con su sangre a lo largo de los últimos 60 años. Es una traición a Al-Aqsa. Es una desgracia que se escuche el himno israelí y que se alce la bandera de Israel en el cielo de un país árabe, en los cielos de Doha y Dubái, sea cual sea la justificación. Es vergonzoso que Doha y Dubái reciban a atletas israelíes en cualquier campeonato deportivo o en cualquier evento. La relación normalizada con Israel es una traición, independientemente de quién la cometa y con que excusa. Estas excusas no tienen base ni valor.

Leer: ¿Qué hay detrás del cambio de postura de Qatar hacia Israel? (Parte 1)

A pesar de los intentos desesperados de Israel, las élites sionistas árabes y los líderes sionistas árabes para convertir la normalización en una realidad, la mayoría de las naciones árabes rechazan esta idea. El pueblo qatarí ha dejado claro que rechaza el recibimiento del equipo de gimnasia israelí y alzó pancartas que decían: “No a la normalización”.

La abrumadora mayoría de los árabes no han cambiado y no cambiarán de opinión. Aún ven a Jerusalén como el centro de su brújula, y Palestina sigue presente en sus corazones. Su problema principal es el conflicto con Israel. Es Israel el que confiscó el corazón de una nación, Palestina, y debe devolvérselo, por mucho tiempo que continúe el conflicto. Israel no podrá monopolizar Palestina. No podrá separar a Palestina de su entorno árabe y alejar a los países árabes con esta normalización desesperada, que nunca verá la luz del día siempre que haya una nación viva con un pueblo fuerte.

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autora y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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