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Los juegos diplomáticos que eclipsan la investigación del asesinato de Khashoggi

Barricadas policiales en el exterior del consulado saudí [Elif Öztürk/Agencia Anadolu]

Más de tres semanas después del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, la investigación criminal sobre su espeluznante muerte se ha visto eclipsada por un complejo conjunto de maniobras diplomáticas que involucran a varios Estados poderosos.

En el núcleo de la disputa encontramos a Turquía y a Arabia Saudí; esta última parece buscar un amplio rango de concesiones diplomáticas por parte de la primera. Turquía y Arabia Saudí están encerradas en una gran disputa política y estratégica – el apoyo turco a los Hermanos Musulmanes y su alianza con Qatar, que sigue asediado por una coalición liderada por los saudíes.

Como mínimo, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quiere algunas concesiones de Riad respecto a estos temas, además de obtener un grado de apoyo saudí al ejército turco y a sus iniciativas políticas y diplomáticas en Siria.

Estados Unidos también tiene una importante participación diplomática y económica en el asunto, sobre todo un profundo interés en conservar al estabilidad de la familia real saudí. El gobierno de Trump y, en menor medida, la comunidad diplomática y de inteligencia estadounidense, se resisten a que Mohammad Bin Salman (MBS) se debilite – y, mucho menos, a que sea expulsado – como resultado del asesinato de Khashoggi.

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Más allá de estos tres principales jugadores, al menos otros tres Estados observan con atención los acontecimientos. Irán, Rusia e Israel también están involucrados en las maniobras diplomáticas posteriores al asesinato de Khashoggi. Mientras que Israel, al igual que Arabia Saudí, puede salir perdiendo frente a las ramificaciones diplomáticas y estratégicas inminentes, en contraste, Irán y Rusia podrían impulsar potencialmente su perfil geopolítico regional.

Ankara versus Riad

En este excelente artículo, el historiador Faisal Devji, de la Universidad de Oxford, expone los principales problemas fundacionales e ideológicos que sustentan la disputa entre Ankara y Riad. El análisis es un necesario alejamiento del voluminoso material que ocupa los medios internacionales, centrado en las ganancias y pérdidas diplomáticas inmediatas causadas por el asesinato de Jamal Khashoggi.

El presidente turco, Erdogan, ha demostrado su liderazgo al gestionar de forma experta todos los aspectos de este caso espantoso e inusual. A pesar de poseer pruebas condenatorias que apuntan a una clara culpabilidad saudí – y, lo más importante, información que ata a los más altos puestos de la familia real saudí al asesinato -, Erdogan, de momento, se ha abstenido de culparles públicamente.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogán [Kayhan Özer/Anadolu Agency]

El comportamiento de estadista del presidente Erdogan contrasta con cómo otros líderes han reaccionado frente a asesinatos con motivaciones políticas cuyo fin era perjudicar su soberanía nacional. El ejemplo más reciente de esto lo encontramos en el intento de asesinato del agente doble ruso Sergei Skripal y su hija en Salisbury, Reino Unido, este mismo año. Como consecuencia de este de intento de asesinato a manos de los sospechosos, agentes rusos, el gobierno británico apuntó inmediatamente como culpable a los líderes rusos y procedió a movilizar a toda la alianza de Occidente para que tomara medidas diplomáticas punitivas contra Rusia.

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    El hecho de que la misma alianza de Occidente ahora sea renuente a tomar medidas serias contra Arabia Saudí – pese a que el “feroz” asesinato de Jamal es más grave tanto en concepto como en ejecución que el intento de asesinato contra los Skripal – refleja el problema perenne de la hipocresía y los dobles estándares de las relaciones internacionales.

La demostración de liderazgo por parte de Erdogan y el foco implícito sobre los valores y normas internacionales también contrasta con las preocupaciones económicas y transaccionales parroquiales de la administración de Trump. Efectivamente, la principal preocupación del gobierno estadounidense sobre todo este tema parece centrarse en la limitación de daños, en particular la preservación de un lucrativo acuerdo armamentístico y el deseo apenas disimulado de extraer aun más concesiones financieras de los saudíes.

Diplomacia más amplia

    Respecto a las ramificaciones más amplias del asesinato de Khashoggi, la más significativa es la explotación oportunista de Rusia de este acontecimiento. Mientras que muchos países y empresas boicotearon el foro de la Iniciativa de Inversión Futura en Riad, los rusos decidieron enviar a una gran delegación de jefes ejecutivos a la polémica conferencia.

En este caso, los rusos se han comportado de manera previsible, de acuerdo a su objetivo declarado de restablecer el estatus de poder de Moscú en Oriente Medio. Para conseguirlo, Rusia necesita una buena relación con las potencias clave de la región, incluidas Irán, Israel y Arabia Saudí.

Más generalmente, los israelíes, en su mayoría, han interpretado el asesinato de Khashoggi como contrario a sus intereses centrales, ya que este asesinato debilita a Arabia Saudí política y diplomáticamente y, por extensión, fortalece potencialmente al poder diplomático de Irán.

Por su parte, los iraníes al principio mantuvieron silencio respecto a la crisis diplomática que asolaba a su archienemigo, Arabia Saudí, antes de que el presidente Hassan Rouhani estableciera la postura oficial no sólo condenando el asesinato sino, además, implicando también a Estados Unidos en el crimen.

La estrategia iraní – que parece ser favorecida tanto por diplomáticos como por los expertos – se centra en imponer costos a Arabia Saudí y Estados Unidos, con el objetivo de perjudicar a la alianza del gobierno de Trump con Bin Salman. La alianza con MBS y su pandilla es central para el objetivo declarado de Trump de mantener la máxima presión económica y diplomática sobre Irán tras la imposición de aun más sanciones el próximo mes.

En medio de estos complejos acontecimientos diplomáticos, cabe recordar que Turquía es la única potencia con autoridad para establecer los verdaderos hechos que rodean el asesinato de Khashoggi. Si bien el presidente Erdogan está comprensiblemente involucrado en todos los aspectos de este caso, sería decepcionante, como mínimo, que prioritaria las ganancias diplomáticas y políticas por encima de la justicia.

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

   

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