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Irán actúa para contrarrestar los planes de Estados Unidos en Irak

Acuerdo Nuclear, Israel está detrás (Sabaaneh/ Monitor de Oriente)

A medida que Estados Unidos comienza a presionar a la comunidad internacional para que cumpla con las sanciones estadounidenses impuestas contra Irán, un país en particular está resultando difícil de convencer. Como amigo tanto de Irán como de EE.UU., Irak se encuentra entre la espada y la pared a la hora de equilibrar sus relaciones con los dos enemigos. 

Primer ministro iraquí Al-Abadi el 14 de marzo 2018 [Yunus Keleş/Anadolu Agency]

Esta difícil posición iraquí fue subrayada este mes por el primer ministro iraquí, Haidar Al-Abadi, pues a pesar de “lamentar” la reimposición de las sanciones estadounidenses, Irak las respetará.

La postura pro-americana de Al-Abadi provocó una fuerte reacción de las secciones pro-iraníes del establishment iraquí, que han denunciado la postura del primer ministro como enemiga de los intereses económicos y de seguridad nacional de Irak.

Esta disputa interna iraquí ha aliviado la centralidad del país frente a la animosidad entre Irán y EE.UU. De hecho, Irak critica los planes estadounidenses de aislar regionalmente a Irán con el objetivo de forzar la capitulación de la República Islámica en los archivos de armas nucleares, misiles balísticos y política regional.

Por su parte, es probable que Irán intensifique sus intentos de debilitar la posición estadounidense en Irak. Esto supondrá una mayor participación en la política iraquí en general y, más específicamente, requerirá de la organización de una campaña centrada en expulsar a Al-Abadi del cargo de primer ministro.

Despertar brusco

Los medios iraníes se alborotaron con las declaraciones de Al-Abadi, las cuales los iraníes han interpretado como una señal de duplicidad y doble negociación. El político reformista líder y miembro del P arlamento Mahmoud Sadeghi se apresuró a recordar a Irak que el país debe “1,1 mil millones de dólares” de reparaciones por empezar la larga guerra entre Irak e Irán.

La reacción de Irán combina dolor e indignación. En el último par de semanas, los medios y algunos políticos iraníes han sufrido al recordar a los iraquíes que Irán ha renunciado a las reparaciones, aunque otra víctima de la agresión iraquí, Kuwait, recibe regularmente una compensación financiera de parte de Irak.

Esta reacción también es un recordatorio – no muy amable – a Irak de que Irán siempre podría empezar a exigir estas reparaciones si las relaciones bilaterales empeoraran. Además, más generalmente, los iraníes, tanto a nivel oficial como en las redes sociales, han insultado a Irak al detallar la “ayuda” de la República Islámica durante los tortuosos años de la ocupación anglo-americana y los problemas asociados, especialmente el terrorismo.

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Los iraníes han expresado su indignación ante los comentarios de Al-Abadi al recordarles a los iraquíes el papel decisivo de la República Islámica a la hora de derrocar al Daesh y sus grupos aliados. A nivel emocional, existen muchas razones para sentirse dolido y traicionado, incluida la importancia de Irán a la hora de contener el irredentismo kurdo al ayudar a Irak a recuperar la ciudad disputada de Kirkuk, rica en petróleo.

A un nivel más profundo, la reacción iraní refleja la potencial fragilidad de las relaciones bilaterales y el miedo mal ocultado de que un día todo podría desmoronarse. Mientras que Irán e Irak tienen fuertes lazos a nivel de pueblo a pueblo, manifestados por un credo chií común encarnado por los lazos institucionales fomentados por el establishment clerical chií, las relaciones inter-gubernamentales son mucho más complicadas.

Nada pone mejor en evidencia esta complejidad que los fuertes lazos de Irak con Estados Unidos y los constantes intentos por parte del último para degradar la posición de Irán en Irak.

Explusar a Abadi

Como parte de la reacción inicial a las declaraciones de Al-Abadi, Irán ha movilizado a varios políticos iraquíes para replantear una posición contraria a la de su primer ministro. Estos políticos condenan las sanciones de Estados Unidos contra Irán sobre la base creíble de que suponen una amenaza económica directa para Irak, al impedir el flujo de peregrinos, empresarios e incluso turistas iraníes a Irak.

Aunque Al-Abadi parece haber retrocedido respecto a su postura inicial al, por ejemplo, buscar exenciones de algunas de las sanciones, la realidad sigue siendo que el primer ministro representa a la facción pro-americana del fragmentado panorama político de Irak.

Irán sólo aceptó a regañadientes al nombramiento de Al-Abadi como primer ministro en septiembre de 2014 después de la ofensiva del Daesh al noroeste de Irak. El predecesor de Al-Abadi, Nouri Al-Maliki, aunque no era la persona favorita de Irán, era mucho más preferible que el titular.

En vista de lo que está en juego, es probable que los iraníes empujen a la salida de Al-Abadi. Tanto el momento como el contexto son favorables para un nuevo impulso para socavar por completo la posición política de Al-Abadi. El primer ministro no obtuvo buenos resultados en las elecciones parlamentarias iraquíes de mayo, y la única razón por la que sigue en el cargo es que las varias facciones políticas de Irak no se ponen de acuerdo para un reemplazo adecuado.  

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Pero, como era de esperar, las últimas elecciones iraquíes fueron un asunto complicado; los medios internacionales las describieron como un revés para Irán debido a la aparente desavenencia del ganador, Muqtada Al-Sadr, con la República Islámica. Aunque Al-Sadr hizo campaña con la promesa de la “independencia” iraquí y se alió con una mezcla caótica de comunistas y liberales, el movimiento que lidera cuenta con profundas conexiones con Irán a todos los niveles.

Pero, mientras Irán se prepara para la última ronda de la contienda política y estratégica con Estados Unidos en Irak, dos temas supondrán una preocupación particular para los estrategas y políticos iraníes. Primero, el movimiento de protesta callejero en Irak es una amenaza para todo el establishment político iraquí, incluidos los elementos pro-iraníes. Quien suceda a Al-Abadi tendrá que demostrar un compromiso genuino con la resolución de los problemas planteados por los manifestantes, en especial la corrupción y el estancamiento económico.  

En segundo lugar, existe un impulso renovado – en parte fomentado por Washington – para sabotear las relaciones irano-iraquíes a nivel de pueblo a pueblo. Por ejemplo, en las últimas semanas han aparecido rumores falaces en las redes sociales iraníes acerca de varios peregrinos varones iraquíes en la ciudad sagrada de Mashhad visitando hasta “6.000” burdeles. El objetivo de estas historias falsas es hundir las relaciones bilaterales al abrir una brecha entre iraquíes e iraníes.

En el análisis final, mientras Irán toma medidas concertadas para contrarrestar los planes estadounidenses en Irak, deberá esforzarse más que nunca para preservar su influencia, que tanto le ha costado ganar, y para desarrollar una estrategia efectiva contra el impulso de EE.UU. para socavar su posición regional.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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