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Fútbol y política

Los aficionados animan a su selección durante el partido entre Rusia y Arabia Saudí jugado el pasado 14 de junio de 2018 [Sefa Karacan/Anadolu Agency]

Para empezar, debemos reconocer que el Mundial de fútbol es un evento patriótico y politico por definición, ya que los aficionados animan a las selecciones basándose en su nacionalidad pero también en sus afinidades políticas. También podría verse como una herramienta de manipulación política, ya que los países gastan miles de millones de dólares en la organización y preparación de estos eventos futbolísticos. El fútbol también tiende a mostrar las emociones, tendencias, enfoques, prejuicios y rivalidades nacionales durante los juegos en la forma en que las personas expresan sus preferencias y su lealtad nacional y religiosa.

Por ejemplo, es obvio que muchas personas animaron a las selecciones nacionales marroquí, egipcia y tunecina en la Copa del Mundo por motivos nacionales o religiosos. Tampoco debemos olvidar que muchos árabes prefirieron animar al equipo ruso contra la selección saudí precisamente por razones políticas. Por lo tanto, el vínculo nacional y político juega un papel importante en las preferencias de las masas por una selección u otra.

A pesar de que la Copa del Mundo tuvo lugar en Rusia y ésta trató de encubrir sus crímenes cometidos en Siria y mostrarse bajo una luz diferente, esto no impidió que las masas árabes, desde el Atlántico hasta el Golfo, se sintieran felices cuando la selección rusa fue vencida por Croacia. Los usuarios árabes de las redes sociales se burlaron de Putin y alabaron a la presidenta croata Kolinda Grabar-Kitarovic. Las redes sociales, que se han convertido en un sistema para medir los sentimientos y actitudes de las masas, se llenaron de las imágenes y logros de Croacia, después de que su gobierno rescatara al país de la crisis económica sin imponer medidas duras de austeridad sobre la población. Esto ha hecho popular y querida a la presidenta por su gente, y los árabes expresaron sus deseos de una lideresa como ella. Se trata de una política que viaja en un avión normal con dinero de su propio bolsillo, entre la gente común, ya que ha renunciado a los aviones presidenciales debido a las enormes cargas financieras sobre el Estado que supone su mantenimiento. Los árabes la compararon con el presidente egipcio, que compró cinco aviones presidenciales después de asumir el cargo, además de las aeronaves que ya eran propiedad de la presidencia.

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La extraña ironía es el hecho de que las masas árabes que bailaron, se regocijaron y cantaron ante la derrota de Rusia son las mismas que bailaron, se regocijaron y cantaron por la victoria de Rusia sobre Arabia Saudí. Esto se debe a la política regional de Arabia Saudí y, sobre todo, a la subordinación de Bin Salman a Israel, al que las masas ridiculizaron a través de las redes sociales debido a los cinco goles marcados en contra dle equipo nacional saudí.

La selección egipcia viajó a Rusia con un gran equipo administrativo, así como un coro de personalidades de los medios, incluidos artistas, periodistas, presentadores y diputados. Todos viajaron con cargo a los presupuestos del Estado, a pesar de que éste sufre una aplastante crisis económica e inflación. Este dinero fue tomado de ciudadanos ordinarios aplastados y empobrecidos mientras estos artistas ganan millones en sus shows y películas. Esto provocó y enfureció a los ciudadanos, especialmente después de que el equipo nacional perdiera todos sus partidos, por lo que las iniciales ovaciones de las masas por su selección nacional se convirtieron en un ataque contra ella, especialmente después de que perdieran contra Arabia Saudí. Parecía obvio que el partido fue comprado por Arabia Saudí, al igual que las islas de Tirán y Sanafir. Las masas enfurecidas recibieron a los jugadores en el aeropuerto a su regreso con maldiciones y obscenidades, lo que les obligó a huir y subir rápidamente a los automóviles para escapar de las personas y las cámaras.

Lo extraño del caso egipcio es que casi la mitad de la población egipcia esperaba, y casi anhelaba, que el equipo nacional fuera derrotado en su primer partido. Esto se debe a que los medios habrían equiparado una victoria deportiva con un logro del presidente Al-Sisi, reconociendo así su patrocinio de los deportes y otras medidas demagógicas enarboladas por la propaganda gubernamental. Sin embargo, el hecho de que una nación desee la derrota de su propio país es algo que debería ser estudiado por psicólogos y sociólogos.

La política jugó un papel clave en lo que respecta al equipo nacional egipcio, ya que sus jugadores se alojaron en Grozny, una ciudad de Chechenia, a miles de kilómetros de los estadios, concretamente en un hotel propiedad de Mohammed Bin Zayed, el Príncipe Heredero de Emiratos Árabes Unidos. La importancia de esto es clara, especialmente después de que el presidente de Chechenia, Ramzan Kadyrov, esbirro de Putin y enemigo manifiesto de los musulmanes en su país, les recibiera en el aeropuerto. Este fue un intento de mejorar su reputación e imagen en el mundo, ya que ha sido repetidamente acusado por sus masacres en Chechenia. Esto cobra especial importancia sabiendo que el líder checheno otorgó la ciudadanía a Mohamed Salah, a pesar de que priva a la propia oposición de su ciudadanía. Esto fue un gran golpe para Mohamed Salah, que ha sido instrumentalizado por el gobierno egipcio, convirtiéndolo en blanco de la condena y la indignación en todos los periódicos y revistas mundiales. De hecho, el talentoso jugado perdió gran parte de su popularidad después de los partidos del Mundial, a pesar de anotar dos goles.

Por lo tanto, vemos claramente cómo la política interviene en todos los aspectos de nuestras vidas, incluso en el fútbol. Nuestros corazones y nuestras mentes ahora se mueven en función de quien marca el gol y del país al que pertenece, ¡y por eso ha perdido toda la gracia!

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