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Estados Unidos avanza hacia el declive

Pie de foto: La amenaza de Trump de cortar las ayudas a los países que votan en apoyo de Palestina en la ONU - Cartoon [Sabaaneh / MiddleEastMonitor]

A menudo, Estados Unidos no consigue estar a la altura de sus ideales, pero nunca antes había rechazado sistemáticamente los viejos valores que, para muchos, son los que hicieron grande a su país. A nivel nacional, ha superado otro hito hacia el declive al arrebatar a niños de los brazos de sus padres para encerrarles tras vallas. El presidente – que se elogia a sí mismo por los acuerdos que es capaz de conseguir – ha roto todos los acuerdos y ha acabado con la posición de Estados Unidos como el líder del ‘mundo libre’.

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Ayer, Estados Unidos se retiró del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Tras haber desplazado su embajada a Jerusalén y haberse retirado del acuerdo nuclear de Irán y de la Organización Educacional, Científica y Cultural de la ONU (UNESCO), parece que no hay nada que el presidente de los EE.UU. no esté dispuesto a hacer por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y un partidario clave de su campaña, Sheldon Adelson.

Al explicar las razones para la retirada de Estados Unidos, la embajadora estadounidense en la ONU, Nikki Haley, denunció los “prejuicios crónicos contra Israel” del organismo de 47 miembros. Su principal queja se basa en el apartado séptimo del programa, que trata los abusos israelíes en territorio palestino. Israel es un tema permanente en las reuniones del consejo. Reino Unido y Australia también han expresado su oposición al apartado séptimo, pero nunca amenazando con retirarse del consejo, que, de hecho, tan sólo dedica una pequeña fracción del tiempo de las reuniones para hablar sobre Israel.

Niños y niñas palestinas juegan fuera de las tiendas de campaña establecidas por el OOPS en Gaza [Abed Rahim Khatib / Apaimages]

Aunque la inclusión permanente de Israel pueda parecer anómala, hay razones de sobra para que se dé este caso. La comunidad internacional organizada cuenta con una serie única de responsabilidades respecto a Palestina. La atención se centra más en Palestina que en cualquier otro lugar del mundo, y se remonta al establecimiento del Mandato tras la I Guerra Mundial. La comunidad internacional se involucró aún más en los asuntos de los palestinos mediante el plan de partición de la ONU e 1947, que anuló la norma de la autodeterminación. La ONU cuenta con una responsabilidad especial por el sufrimiento de los palestinos, lo cual explica muchas de las decisiones que ha tomado respecto a la lucha del pueblo palestino.

Tras la expulsión de 750.000 palestinos – más de la mitad de la población palestina – de sus hogares por orden de los grupos judíos paramilitares, la primera decisión de la ONU fue crear la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), una organización humanitaria dedicada a los refugiados palestinos. También formó otra institución conocida como la Comisión de Conciliación de las Naciones Unidas para Palestina (UNCCP).  La primera atendió las necesidades humanitarias de los palestinos, y la segunda intentó facilitar su regreso y conseguir la compensación que les correspondía en virtud del derecho internacional, aunque fracasó.

Tras no conseguir resolver el problema de Palestina durante los primeros años del conflicto, la situación de los palestinos siguió siendo un tema clave en su programa. La colonización de Israel y la extensión de su ocupación a territorio palestino aumentaron la preocupación de la comunidad internacional sobre la situación de los 11 millones de personas que vivían o bajo un régimen brutal o como refugiados repartidos por todo el mundo.

Los movimientos de liberación nacional en los 60 y los 70, que consideraron a la ONU como un lugar en el que protestar contra el imperialismo occidental, llegaron igual que se fueron. Mientras que las cuestiones relativas a Namibia, África del Sur, Cabo Verde, Vietnam, Laos y otros países se han resuelto de un modo u otro, los palestinos, tras casi un siglo, no están ni cerca de conseguir sus derechos históricos justos.

Las acusaciones de que la ONU tiene prejuicios contra Israel no tienen razón de ser. A pesar del fracaso de la comunidad internacional a la hora de hacer a Israel cumplir con las leyes y acabar con la ocupación más larga de la historia moderna, es Israel el que recibe un trato favorable por parte de Estados Unidos y otros países, en su mayoría occidentales. Es revelador que estas acusaciones de parcialidad estén relacionadas con el número de resoluciones contra Israel aprobadas, y no con si las denuncias internacionales contra Israel están sustancialmente fundadas.

Quejarse de que la ONU pasa demasiado tiempo hablando de Israel cuando se están produciendo violaciones contra los derechos humanos mucho peores en otros lugares del mundo no es distinto que quejarse del interés especial de la comunidad internacional en el apartheid de Sudáfrica cuando se estaban cometiendo crímenes contra la humanidad mucho peores en otros lugares.

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A lo largo de los últimos 50 años, ciertos conflictos – Sudáfrica, Israel/Palestina, Argelia, Vietnam – han atraído atención por distintas razones, especialmente la de la izquierda. No existe ninguna ambigüedad moral respecto a estos casos. La colonización, la ocupación y el racismo están simplemente mal, además de ser ilegal. Debido a las luchas anticoloniales y los movimientos por los derechos civiles del pasado, existe una respuesta casi reflexiva cuando los Estados – como Israel – emplean las tácticas de la era previa a los derechos civiles en la era post colonial.

La mejor forma que tiene Haley de asegurar que su amado Israel no sea, como ella dice, atacado por la ONU, es que ayude a poner fin a la ocupación. Atacar al mensajero no supone más que otro intento desesperado de distraer la atención del hecho de que Israel y EE.UU. no están interesados en acabar con la ocupación. En lugar de preguntarse por qué la ONU ha prestado tanta atención a Israel, una queja más apropiada sería preguntarse por qué la ONU ha fracasado constantemente a la hora de responsabilizar a Israel de sus muchos crímenes y producir una paz sostenible y justa después de todos estos años.  

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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