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La conspiración palestina, el punto muerto y la salida

Trabajadores, campesinos y pescadores se manifiestan a favor de una reconciliación palestina efectiva en Gaza, el 24 de septiembre de 2017 [Mohammad Asad / Middle East Monitor]

Está claro que se está maquinando una nueva conspiración internacional y regional para liquidar a la causa palestina y poner fin al conflicto árabe-israelí en favor de la potencia ocupante, sin cumplir ni siquiera con un mínimo de los objetivos exigidos por el pueblo palestino. Esta conspiración ya no es una interpretación especulativa de la historia ni una manera de culpar a otros de nuestros problemas internos. Se ha convertido en el tema de conversación en los grandes medios occidentales y hebreos, usando nombres codificados como “el acuerdo del siglo”, que, en realidad, expresa una, y sólo una, intención: acabar con la causa palestina con un resultado al que podríamos llamar la “solución de tres Estados”, y no los dos Estados reconocidos internacionalmente.

¿Cómo es la conspiración? Con tantas conversaciones, escritos y filtraciones sobre la naturaleza de la conspiración/acuerdo, parece difícil definir su forma. Sin embargo, independientemente de los detalles, parece que conduce a esta “solución de tres Estados”; un Estado judío, un Estado jordano que incluiría parte de Cisjordania, y un Estado egipcio en el que entraría la Franja de Gaza.

Algunos analistas creen que la conspiración se implementará al endurecer el bloqueo sobre la Franja de Gaza (algo que está sucediendo ahora mismo) para empujar a los palestinos del enclave a rebelarse contra Hamás y responsabilizar al movimiento del asedio. Esto podría provocar el caos, haciendo que intervenga el ejército egipcio y que El Cairo se anexione la Franja de Gaza, como ocurrió antes de la ocupación israelí de 1967.

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Otra interpretación de los acontecimientos defiende que todo empezará con una devastadora guerra contra la Franja de Gaza, en la que los ciudadanos palestinos podrán escapar a la Península del Sinaí, dando la luz verde al ejército israelí para destruir a Hamas y acabar con su presencia militar. Esto permitirá que Israel anexione Gaza y a todos aquellos que se queden atrás; los que estén en Sinaí se someterán a la soberanía egipcia; y lo que quede de Cisjordania se anexionará a Jordania.  

La tercera interpretación posible sobre el acuerdo/conspiración es que se ejerca presión y se endurezca el asedio todo lo posible en Gaza, obligando a Hamas a “permitir” que la Autoridad Palestina, liderada por Fatah, o Mohamad Dahlan gobiernen la Franja, a lo que seguirá una solución a la situación económica y un levantamiento del asedio en coordinación con Egipto. Así, se llegará a una paz económica patrocinada por Egipto, con una solución económica similar para Cisjordania como parte de Jordania.

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Estas tres interpretaciones son inciertas, y nadie puede determinar cuál es la más realista o precisa, pero la ambigüedad que rodea al llamado “acuerdo del siglo” o “acuerdo de Trump” deja abiertas todas las posibilidades. Si no creemos que la primera o la segunda lecturas sean posibles, la tercera opción es, probablemente, la más probable, pero no es una opción sencilla. Chocará con las posturas de Hamás y de otras facciones. También contradice a la política oficial en Amman, que rechaza cualquier solución jordana o incluso una confederación antes de que los palestinos lleguen a un acuerdo de paz final.

El impasse palestino es la ausencia de un plan de liberación nacional que tenga un impacto real sobre la ocupación. A pesar de la incertidumbre sobre la naturaleza del acuerdo que se está preparando para acabar con el tema palestino, y aunque la implementación de cualquiera de las tres posibilidades (u otras) no será fácil, el impase permanece. Lleva años siendo insoluble y, de hecho, es de ayuda para quienes conspiran contra los palestinos.

El presidente palestino Mahmoud Abbás se reúne con los líderes palestinos en Ramallah, el pasado 18 de diciembre de 2017 [Issam Rimawi/Anadolu Agency]

No me refiero a la división política en Palestina. Esta la excusa que utilizan los enemigos para justificar sus agresiones, y los amigos para justificar su abandono del apoyo a Palestina y su pueblo.

Fatah, Mahmoud Abbas y la Autoridad Palestina han adoptado un enfoque negociador ante el acuerdo de paz, pero han declarado varias veces que estas negociaciones ya no son viables, que Oslo ya no exista, y que Estados Unidos ya no es un intermediario neutral. Por otra parte, Hamás, la Yihad Islámica y otras facciones han adoptado el enfoque de la resistencia armada contra la ocupación, pero, en términos prácticos, esto ha adquirido una naturaleza defensiva. La ocupación ha impuesto un verdadero elemento de disuasión desde su ataque a Gaza en 2008/2009, por lo que Hamás y sus armas sirven para la autodefensa y no para la resistencia o la liberación, ya que cualquier iniciativa de Hamás para usar estas armas supone una guerra devastadora en la Franja.

Por lo tanto, las dos posturas que han tomado los palestinos para lograr sus derechos legítimos les han hecho llegar a un punto muerto – al menos, de momento – ya que la ocupación impone nuevos factores cada día en Cisjordania y convierte la vida de los ciudadanos de Gaza en una auténtica pesadilla mediante el asedio. Y, a falta de una acción efectiva de Palestina contra la ocupación en el horizonte, Tel Aviv ha disfrutado de una ocupación que no le cuesta nada hacer cumplir.

¿Dónde está la salida? Al enfrentarse a la conspiración en su contra, los palestinos parecen víctimas que esperan a que aparezcan sus asesinos, y que sólo piensan sobre cómo decidirán acabar con ellos. Los palestinos de Gaza y su gobierno de facto de Hamas esperan a que se levante el asedio. Hamás ha hecho todo lo posible a nivel político, mientras que intentaba abrirse a todos los partidos, incluso a los más hostiles. Hamás y la Franja de Gaza esperan a que otros decían qué hacer con el asedio, la guerra, el acuerdo y todas las demás opciones, sobre todo debido a que todas las concesiones que ha hecho el movimiento a Egipto, Abbas e incluso Dahlan no han supuesto ninguna mejora en el enclave costero.

Lo mismo ocurre en Cisjordania. Los palestinos siguen de cerca los cambios que deciden los israelíes, desde geográficos a demográficos, con los que están creando una nueva realidad que ha hecho imposible tanto la solución de dos Estados como la liberación. La Autoridad Palestina y su presidente “esperan” a la decisión de la Casa Blanca, mientras que a Trump le molesta la postura de la AP respecto a su reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel. Sólo esperar. Las decisiones del Consejo Central de la OLP no eran más que palabras que giraban en la misma dirección que “Oslo”, que sigue demostrando su fracaso.

Entonces, ¿qué se puede hacer además de esperar? La experiencia histórica de la lucha palestina desde el principio del siglo XX ha demostrado que las revoluciones populares pacíficas son las más efectivas contra la ocupación. También son las que suponen más costos al Israel desde los aspectos político, logístico, económico y de seguridad. Exponen al Estado sionista ante el mundo como lo que es – una potencia colonialista – y vuelven a las raíces del conflicto: un pueblo ocupado luchando contra una ocupación militar.

Las revoluciones populares pacíficas también son la opción menos costosa para los palestinos. La inútil espera palestina y la miserable ecuación de la ocupación económica puede erradicarla la resistencia civil popular en Cisjordania y en la frontera entre la Franja de Gaza y los territorios adyacentes. Una resistencia que obligue a la ocupación a volverse defensiva en vez de ofensiva también contribuirá a cavar con el estatus quo, que sólo beneficia a Israel y perjudica al futuro de los palestinos.

Este artículo se publicó originalmente en Arabi21 el 31 de enero de 2018

 

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