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Las libras bahreiníes compran el silencio de Reino Unido acerca de sus abusos hacia los derechos humanos

Sayed Alwadaei, activista pro-derechos humanos bahreiní [lualuatv/Twitter]

Desde una pequeña oficina en el centro de Londres, el bahreiní exiliado Sayed Alwadei se enfrenta a la monarquía abusiva que gobierna su país natal.

Entre los comentaristas más prolíficos sobre la terrible situación de los derechos humanos en Bahréin, el activista Alwadei ha sido incansable en su petición por el cambio y las reformas. Su enfoque respecto a los derechos humanos personifica la justicia, la falta de sectarismos y la honestidad.

El mes pasado, Alwadaei escribió sobre el reciente fallecimiento de su madre, y su hija iba a llegar al mundo como “apátrida”. Por otra parte, la madre, el hermano y el primo de su mujer serán encarcelados próximamente en su país por falsos cargos de terrorismo. El Estado de Bahréin afirma que han confesado, aunque sus fiscales no pueden proporcionar ADN o testigos que respalden sus confesiones.

“El futuro de todos ellos está ligado a su relación conmigo”, concluye amargamente Alwaedaei. El año anterior, su esposa fue interrogada en el aeropuerto de Bahréin, casualmente, tras una gran protesta en Londres en la que él había participado. Tras haberle despojado de su ciudadanía, las autoridades ahora intentan dañar a sus seres queridos, con “juicios” precedidos de torturas.

Los detenidos son la madre de su esposa, Hajer, su hermano de 18 años, Nizar, y su primo, Mahmood. A Nizar le impidieron dormir durante dos días, y después le torturaron y amenazaron con ejecutarle a menos que confesara haber colocado una bomba falsa. Hajer se desmayó después de ser obligada a estar de pie durante horas para ser interrogada, y, finalmente, fue hospitalizada. Se sospecha que a Mahmood sólo le pusieron bajo custodia porque estaba con Nizar cuando la policía echó abajo su puerta.

Leer: Bahrein, sin progresos en materia de derechos humanos

La semana pasada intervino Estados Unidos, expresando una “gran preocupación” sobre que las “confesiones” de los familiares de Alwadaei habían sido “obtenidas bajo coacción”. Estas admisiones falsas llevaron a su tripe condena por crímenes relacionados con el terrorismo el día 30 de octubre. Se hará una apelación a finales de mes. Su sentencia es de tres años.

Este es el precio que la cruel familia Al-Khalife exige como castigo por criticarles. Los interrogadores hicieron infinitas preguntas sobre las actividades de Alwaedei en Londro, incluyendo detalles como la duración de su viaje. Al igual que cuando su mujer fue detenida, los oficiales de seguridad tenían la obligación de descubrir todo lo posible sobre sus actividades en Reino Unido. Brian Dooley, asesor jefe de Human Rights First, señala que “atacar a las familias de los activistas en Bahréin es un problema más serio y cada vez mayor”. Aún peor; el gobierno británico juega un papel deliberado en esta actividad.

Bahréin y el establishment británico están entrelazados, desde las amistades personales entre nuestras familias hasta la recientemente ampliada base naval británica en la capital bahreiní, Manama, y los constantes acuerdos de energía y de defensa. El gran número de expatriados adinerados y la importancia de mantener una buena relación con los principales aliados de Al-Khalifa – la Casa de Saúd en Riad y Abu Dabi – supone que apenas se escucharán críticas a la persecución por parte de los mandarines de Whitehall o los embajadores.

El Brexit añade presión adicional. No fue un error que los planificadores comerciales de Theresa May le reservaran un vuelo al Golfo casi en el mismo momento en el que le entregaron las llaves del número 10. Visitó Bahréin en diciembre de 2016, al igual que los inversores estatales que administran la riqueza en nombre de las monarquías del Golfo y sus economías.

Tres meses después, un analista contó a Property Week que “sus planes inmobiliarios están empezando a tomar forma y que, sin duda, Londres estará en ellos”. Entre estas mega empresas financieras está Mumtalakat Holding Company, cuyos cofres se llenan cada año con los ingresos excedentes de los campos de petróleo y gas propiedad de Bahréin. Mientras que el gas está introduciéndose lentamente en Europa, abriéndose camino entre los Estados disputados, las guerras civiles y las políticas de oleoductos, el objetivo inmediato es que el dinero generado se invierta en Londres.

Leer: Balance de los derechos humanos y asuntos de seguridad en Bahréin

La élite bahreiní es de las más ricas y móviles del mundo, y está ansiosa por cuasi colonizar London. Uno de esos proyectos es el de Paddington Gardens, que lleva a cabo el Ahli United Bank de Bahréin. Diseñado por arquitectos premiados (y caros), el complejo consta de cuatro edificios que rodean un acre de jardines con 335 viviendas, además de oficinas, restaurantes, locales comerciales, una escuela primaria y un hotel con 340 habitaciones. En julio, el 40% de las viviendas ya se habían vendido a inversores de Oriente Medio. “Los compradores se han visto atraídos por la oportunidad de inversión que ha generado el Brexit”, contaba a principios de año un portavoz optimista a Arabian Business, mientras que otros señalan que, con el 50% de descuento en las mansiones londinenses, la “preocupación por el Brexit” y la bajada de la libra podrían describir mejor la afluencia del efectivo de Medio Oriente a la burbuja inmobiliaria de Londres.

En cualquier caso, con Gran Bretaña enfrentándose a dos décadas de estancamiento económico e incertidumbre hasta, al menos, 2019, en el frente de las negociaciones del Brexit, cada céntimo del Golfo ayudará a que las cifras del Tesoro parezcan, o sean, positivas. Cada libra que llega de los bahreiníes, o de sus aliados, como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos, compra el silencio acerca de los problemas con los derechos humanos. No criticar al Golfo es una tradición británica. Con el Brexit, parece que esta tradición va a durar mucho más.

 

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