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‘El conflicto sirio es una gran máquina de hacer dinero’

Obra del artista sirio-alemán Manaf Halbouni en Berlín

Manaf Halbouni me cuenta que el precio de los tomates en Siria se ha multiplicado por 80 desde el comienzo del conflicto: “Cuando me fui de Siria, se pagaban cinco libras sirias por un kilo de tomates, y, ahora mismo, son unas 400… Si quieres comprar huevos tienes que gastarte unas 500 libras sirias. Los precios son una locura. Me pregunto cómo sobrevive la gente. No han aumentado los sueldos, sólo los precios”.

La inflación es sólo una de las tragedias que ha producido la guerra de Siria, junto a los constantes ataques aéreos, bombas y tiroteos que aterrorizan a su pueblo cada día. Más de cinco millones de personas han huido de Siria desde que la guerra empezó en 2011.

Como artista, la respuesta – o protesta – de Halbouni frente a lo que sucede en su país natal ha sido construir una instalación – “un monumento contra la guerra” – que pretende romper nuestra realidad para que, de nuevo, consideremos la profundidad de esta tragedia.

Obra del artista alemán Manaf Halbouni en Berlín

El resultado son tres autobuses alemanes volcados de lado y colocados frente al monumento neoclásico del siglo XVIII, la Puerta de Brandenburgo en Berlín. Hubo un momento en el que la puerta simbolizaba la división de la ciudad en este y oeste y, cuando cayó el Muro de Berlín, representó la reunificación. Halbouni ha usado autobuses originales de la ciudad de Nuremburgo, en la Baviera, y que fueron utilizados en el transporte público; aún siguen teniendo anuncios pegados. “No quería transportar la imagen de la guerra a Europa uno a uno porque aquí vivimos en paz”, dice Halbouni. “Sólo quería transmitir un sentimiento distinto a la gente; normalmente, ves autobuses por todas partes, los coges para ir a trabajar y demás. Sientes algo diferente cuando ves de pie un objeto que sueles ver en horizontal, te das cuenta de algunas cosas, sobre todo si ves esos autobuses en un lugar limpio”.

Halbouni se inspiró para crear la pieza en 2015, cuando vio una imagen en The Guardian de tres autobuses que habían sido puestos de pie con cuerdas por varias personas en una calle de Alepo. En esta posición, los vehículos creaban un escudo para proteger a los civiles de los francotiradores del régimen.

“Fue increíble ver la voluntad de sobrevivir de la gente”, cuenta Halbouni. “Estos tres buses fueron un gran símbolo de vida para mí. Muchas personas, probablemente civiles, que no estaban involucradas en esta guerra, intentaron seguir adelante con sus vidas cotidianas. Esto me inspiró para recortar los autobuses de la foto e intentar experimentar y colocarlos en espacios abiertos de distintas ciudades del mundo”.

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La instalación fue erigida previamente enfrente de la iglesia de Frauenkirche, en Dresden, en el aniversario del día en que los aliados bombardearon la ciudad durante la II Guerra Mundial. Llevó dos años hacerse con el permiso y el patrocinio, diseñar la construcción y encontrar los autobuses. No todo el mundo estaba contento con el resultado final. Halbouni estima que ha recibido unos 1.000 mails con palabras de odio. Cuando la instalación fue expuesta, 400 personas se presentaron en la plaza para gritarle mientras él intentaba explicar su trabajo.

A la derecha le llamó la atención, y dijeron que les estaba arrebatando su día al pensar en otras víctimas de la guerra, y que querían que en ese día sólo se recordara a sus víctimas. Esto es muy raro, ya que las víctimas son víctimas, da igual donde. Porque la guerra siempre es mala.

         dice Halbouni.

El artista sirio refugiado en Alemania, Manaf Halbouni (www.mdr.de)

“Europa estuvo en guerra y la mayoría de las ciudades alemanas fueron destruidas. Las han reconstruido y ahora están en paz y es un gran país”, continua. “Me gustaría transmitir que hay otras partes del mundo en las que esto está sucediendo ahora, y también una pequeña esperanza a las personas de Alepo, por ejemplo, o de Siria, o de cualquier lugar en guerra cuyas ciudades estáns siendo destruidas; una esperanza de que esa guerra no durará para siempre, de que habrá un día en el que acabe y en el que la gente comience a reconstruir, pero llevará tiempo”.

“He visto como la sociedad de una ciudad entera – como Dresden, donde vivo – ha cambiado en estos seis años”, considera. “Ni siquiera están en guerra. La guerra está como a 4.000 kilómetros de distancia, pero aquí también han cambiado las cosas. La forma de pensar de la gente, de actuar, y el crecimiento de la derecha; la ciudad entera está dividida por un problema que no tienen. Así que es muy interesante ver los cambios por los que estamos pasando en Europa”.

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Halbouni es mitad sirio, mitad alemán, y ha vivido toda su vida en Damasco, donde estudió Bellas Artes en la universidad. Llegó a Alemania en 2008 como estudiante, y no pudo regresar debido al conflicto. Ha vivido desde aquí los problemas en Siria y los cambios sociales de Alemania. “Ahora mismo no estoy realmente aceptado, soy un inmigrante. La lógica me dice ‘vale, soy un ciudadano de este mundo también porque no soy sirio’”.

Halbouni declara que la solución a la crisis siria no es simplemente dejar que todos los refugiados entren en Europa, ya que la mayoría no quieren venir – “sólo vienen porque sus hogares han sido destruidos”. Si pudieran regresar a sus ciudades y reconstruirlas, se quedarían allí.

“Durante la II Guerra Mundial, Dresden fue totalmente destruida, pero sólo dos días después la gente entró en la ciudad y se puso manos a la obra. Porque no les daba miedo que volviesen a atacarles, y la guerra terminó pocos meses después. En Siria es completamente diferente; cuando se produce un ataque aéreo, no puedes saber si volverán, y llevan así seis años. Es una situación distinta, y hay que darle a la gente esperanza, decirles ‘vale, la guerra ha terminado, podemos regresar a nuestra vida’”.

Es difícil predecir cuándo sucederá esto, ya que el conflicto sirio, según Halbouni, lleva al menos cuatro años fuera del control de los sirios. “Acabará, pero, en este momento, no veo que las grandes potencias vayan a decidir ponerle fin. El conflicto sirio es una gran máquina de dinero. Intereses globales, armas. Sólo trata de dinero y poder. He escuchado que muchas empresas europeas ya tienen contratos allí para reconstruir; después de la guerra, mucha gente va a ganar dinero allí.”

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“Siria ya se ha dividido en partes en las que actúan distintas potencias”, añade. “Partes turcas, iraníes, rusas. Hay sitios a los que ha entrado el ejército turco y ya ha empezado a reconstruir, y han abierto bancos turcos por todas partes”. Uno de los desafíos después de la guerra será reconstruir el país y unificar a su pueblo, después de que hayan vivido en lo que Halbouni define como un “Estado mafioso”.

El monumento ayudará a que la gente lo entienda: “Para el público, es simplemente tomar un momento para pensar sobre nuestra paz y lo preciada que es”. “Sólo deseo que esta guerra acabe. Al menos para darles a los ciudadanos un poco de paz, sin bombas, sin disparos, que puedan reconstruir el país. Eso sería lo mejor”.

 

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MEMO Staff Writer