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El conflicto del Golfo y la crisis siria

Imagen de una de las sesiones de la conferencia de paz sobre Siria en Astana, Kazajistán [Aliia Raimbekova / Anadolu]

Los observadores internacionales del conflicto sirio vigilan de cerca los indicios de que la lucha esté pasando a una nueva fase, una que, finalmente, pondría fin a los más de 6 años de brutal guerra civil. Pero quizá, sorprendentemente, las raíces de estos cambios no crezcan en Siria, sino a más de 1.000 millas de distancia: en el Golfo.

Allí, una crisis diplomática – en la que Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y sus aliados pretenden aislar a Qatar – parece ser la causa directa e inmediata del movimiento del frente sirio. Varios acontecimientos destacables en las últimas semanas indican que los aliados internacionales de la oposición siria se han reconciliado con los hechos en el terreno y con las escasas posibilidades de éxito de los grupos que han apoyado hasta ahora. El resultado final es que los países del Golfo y Turquía parecen haber aceptado que no derrocarán al régimen sirio, y, por lo tanto, el fin del conflicto podría estar cerca.

Uno de los acontecimientos más significativos, que ha obtenido poca atención en la prensa internacional, dada su concentración en Corea del Norte y Rusia, es la visita a principios de agosto de 2017 del ministro de Exteriores saudí, Adel Al-Jubeir, a las instalaciones de la Coalición Nacional Siria (CNS), los representantes reconocidos internacionalmente de las fuerzas moderadas de la oposición. Durante esta reunión, Al-Jubeir informó a los miembros de que había llegado el momento de poner sobre la mesa una nueva solución para el conflicto sirio que reflejará la situación en el terreno tanto en Siria como en toda la región. Aunque no se haya dicho explícitamente, existe cierta confusión entre los miembros de la CNS acerca del mensaje de Al-Jubeir – el reducido territorio controlado por la oposición, el fuerte de las fuerzas del gobierno de Assad y sus aliados, y las nuevas realidades políticas formadas tras la crisis diplomática del Golfo, combinadas para alterar el estatus quo.  

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Aunque el gobierno saudí emitió una negativa oficial de que Al-Jubier hubiese reconocido que es probable que Al-Assad continúe como presidente en Siria tras finalizar el conflicto, Riad ha dado indicios de que está cambiando su insistencia en la expulsión de Al-Assad a una posición más moderada.

Riyad Hijab, ex primer ministro sirio que desertó a la oposición en 2012 y desde entonces ha asumido la posición de jefe del Comité Supremo de Negociaciones (CSN), ha frustrado a los saudíes con sus visiones intransigentes, y abundan rumores de que Riad buscará su expulsión en los próximos días. Los oficiales saudíes parecen mucho más simpatizantes del punto de vista de Ahmad Al-Jarba, líder del Tomorrow Movement de Siria y ex líder del CSN, que hace poco declaró en El Cairo: “La forma más rápida de resolver el problema en Siria es hablar con Moscú, basándose en el realismo, no en la fantasía”.

Un segundo acontecimiento que apunta hacia la posible resolución del conflicto sirio es la reciente decisión del gobierno turco de reducir enormemente sus pagos al CSN. Las webs de la oposición informaron de que la financiación turca se redujo en 320.000 dólares al mes, lo que llevó al secretario general del CSN, Nazir Al-Hakim, miembro líder de los Hermanos Musulmanes sirios, a reducir los salarios de los miembros de la coalición. De aquí podemos decidir la influencia de la disputa del Golfo en la crisis siria – una de las principales acusaciones de la alianza saudí-emiratí-egipcia es que Qatar se ha acercado demasiado a Irán. Por supuesto, el principal aliado regional de Qatar es Turquía, y cualquier decisión entre Irán y la parte turca-qatarí respecto a una cooperación cercana incluirá, sin duda, provisiones que favorezcan al aliado regional más cercano de Irán; Bashar Al-Assad.

En cuanto a Arabia Saudí, ha lidiado con estos nuevos acontecimientos en Siria con una flexibilidad y realismo que no suelen ser característicos. Los saudíes apoyaron el acuerdo para desacelerar los combates al sureste de Siria el pasado junio y la tregua de agosto en Homs que se logró con la mediación de Jordania (Jordania también actúa como intermediario de un alto el fuego en el este de Ghouta, aunque estas negociaciones aún siguen en pie entre Riad y Damasco). Sorprendentemente, Emiratos apenas ha pronunciado palabra sobre los acontecimientos en Siria. Sin embargo, Abu Dabi también ha dado a entender su voluntad de contactar directamente con Damasco, ya que el gobierno emiratí considera su principal objetivo el aislamiento de los Hermanos Musulmanes. Abu Dabi también quiere negarle a Qatar la oportunidad de utilizar a los Hermanos Musulmanes en Oriente Medio.

Por su parte, la influencia de Qatar en el conflicto sirio ha disminuido e incluso cambiado. Hace varios años, Qatar fue el primer paso para organizar la ya mencionada deserción de Riyad Hijab del gobierno sirio a la oposición; los qataríes pretenden asegurar su lealtad con grandes sumas de dinero. Pero la disputa diplomática del Golfo ha obligado a Qatar a buscar nuevas alianzas, ya que el país ha comenzado a cerrar brechas con Irán e Irak a expensas de sus vecinos del Golfo, y también ha empezado a actuar más de acuerdo a las políticas pro-Assad de sus nuevos aliados.

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Sin embargo, Doha aún tiene una gran influencia en la provincia de Idlib, la principal área en control de la oposición en la Siria actual. Fue Al-Jazeera, la controvertida red de televisión qatarí cuyo cierre piden saudíes y emiratíes, la que emitió una entrevista exclusiva con el líder del Frente Nusra (renombrado recientemente Hay’at Tahrir Al-Sham), Abu Mohammed Al-Joulani, y fue Doha quien logró convencerle de mostrar su cara a la cámara por primera vez durante esta entrevista. Es probable que Doha dependa de Turquía para lograr una solución política en Siria y encontrar una forma de garantizar la seguridad de los soldados de la oposición en Idlib, junto a la frontera turca.

La oposición siria, leyendo las señales que emanan de Riad y Doha como una inminente pérdida de ayuda financiera y diplomática, pasa por un período de “labor política, durante la que se adaptarán y aceptarán ser parte de Siria después del conflicto o quedarán marginados. El próximo gran hito será la conferencia en Astana, Kazajistán, donde el gobierno sirio y los representantes de la oposición se reunirán. Se identificarán zonas de cese del fuego y se iniciará una transición en Siria y una reconstrucción de las destruidas infraestructuras del país.

Sin decirlo, pero también en el orden del día, estará el amargo reconocimiento de la oposición y sus aliados internacionales de que la situación ha cambiado, y que ahora deben adaptarse a la nueva realidad, en la que el gobierno sirio tiene la ventaja.  

Maria Al Makahleh ha contribuído a la realización del artículo.

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