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El “populismo” y la izquierda sionista – parte 1

Gabbay y el nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, comparten ciertas similitudes.
 El nuevo líder del Partido Laborista Israelí, Avi Gabbay [Imagen: wikipedia.org | Nimrod Zuk]

El millonario ex director ejecutivo de telecomunicaciones Avi Gabbay se ha convertido en el nuevo líder del Partido Laborista israelí. Para algunos miembros de la derecha pro-israelí del Partido Laborista del Reino Unido, Gabbay ha sido recibido como la gran nueva esperanza para el Partido Laborista israelí, o como “el Macron israelí”, ya que tanto el director de los “Laboristas Amigos de Israel” como The Guardian lo han denominado así.

Gabbay y el nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, comparten ciertas similitudes. Ambos son políticos de fuera atraídos a la luz pública hace poco. 

A pesar de no haber sido elegido nunca para ocupar un escaño en el parlamento de Israel, Gabbay se unió al Partido Laborista el año pasado, habiendo desertado de un partido de derechas más pequeño. Una vez fue ministro en un gobierno anterior del duro primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Macron dejó el Partido Socialista Francés y ahora ha formado su propio partido “de centro” pro-empresarial.

Como Gabbay, Macron también vino del mundo de los negocios, siendo un ex-agente de inversiones. Según informes, Gabby recaudó más de 14 millones de dólares durante sus 14 años en Bezeq, el gigante israelí de las telecomunicaciones.

Ambos se han alimentado en sus respectivos países de un cierto disgusto popular con los políticos tradicionales, para venir de fuera del establishment político de una manera repentina e inesperada. Este fenómeno global, llamado a menudo despectivamente (y de un modo impreciso) “popularismo” ha ido en múltiples direcciones diferentes.

En las elecciones estadounidenses, una baja participación, combinada con una candidata demócrata ampliamente despreciada y escandalosamente mala en la forma de Hillary Clinton, llevó esta anti-política hacia la derecha, llevando a la elección de Donald Trump. La base de los demócratas no llegó a votar ni a hacer campaña en número suficiente para obtener una victoria, simplemente porque el vagaje de Clinton -tanto en asuntos internos como internacionales- es tan extremadamente duro que podría incitar a pocos, excepto a sus devotos groupies de los medios liberales de establishment.

Trump, por otro lado, motivó a sus bases -que en gran parte estaban compuestas por racistas envejecidos, los “alt-right”, los nacionalistas blancos e incluso, en algunos casos, de neonazis puros.

Pero esta estrecha base de apoyo no es suficiente para explicar su victoria electoral: la mayor ira y desilusión que Trump pudo explotar tiene raíces más profundas – raíces crecidas durante décadas por el establishment neoliberal de que Clinton es el apogeo.

Trump, entonces, fue capaz de explotar esta grieta con el fin de capturar la Casa Blanca, lo que es probable que viera principalmente como un nuevo negocio. Y en lugar de tener alguna auto-reflexión, y encontrar una manera de (por ejemplo) llevar la asistencia sanitaria universal gratuita a la gente de los EE.UU., los demócratas ahora se están entregando a teorías de conspiración delirantes sobre Rusia.

Macron también fue capaz de explotar esta desilusión y saltar por la fisura. Que su oponente más cercano fuese Marine Le Pen – del históricamente fascista Frente Nacional – ayudó. La división de la izquierda francesa también ayudó: el candidato y líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon se acercó a la segunda ronda, donde podría haberle presentado a Macron una buena batalla.

Si al menos Benoît Hamon hubiera hecho lo correcto y hubiera dimitido…Él era el candidato del ahora fracasado Partido Socialista del establishment – un partido que venía de gobernar y que ahora se ve humillado en el quinto lugar detrás de los fascistas y de Macron -, es el Tony Blair francés. Si incluso la mitad de los votantes de Hamon se hubieran dirigido a Mélenchón, éste habría arrojado a Le Pen a un lejano tercer lugar, dejándola fuera de la segunda ronda. Con el aumento de la participación que este desarrollo habría traído, es probable que Mélenchón hubiera sido el presidente en este momento.

Con Mélenchon eliminado en la segunda ronda – a pesar de todas las expectativas creadas por los medios de comunicación liberales sobre la supuesta popularidad de Macron – la tasa de abstención fue de un asombroso 25 por ciento, con más de cuatro millones de votos en blanco y echados a perder fundamentalmente.

Sólo tres meses después de entrar en la oficina, las calificaciones de Macron se han desplomado, con sus índices de popularidad ya en territorio negativo. Con Macron según consta comparándose a sí mismo y a su estilo de gobierno con el dios romano Júpiter, no es de extrañar. Tanto Trump como Macron comparten la arrogancia del poder, la riqueza y el privilegio: considerar la política como algo mejor hecho por las élites “iluminadas”. La apelación de Trump a las masas trabajadoras es, por supuesto, pura tontería en el mejor de los casos, y la manipulación cínica de las corrientes racistas en el peor de los casos (como suele ser).

 

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Asa Winstanley

Associate editor with The Electronic Intifada, Asa Winstanley is an investigative journalist who lives in London. He has been visiting Palestine regularly since 2004.