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La historia detrás del ataque de Jerusalén: Cómo Trump y Netanyahu empujaron a los palestinos a un precipicio

Los palestinos, que están muriendo sin apenas cobertura mediática, están desesperados y enfurecidos mientras su ciudad santa se desmorona bajo las pesadas botas de los soldados, en medio del silencio internacional y del incondicional apoyo estadounidense al gobierno israelí.
Un adolescente palestino camino herida tras enfrentamientos con la policía israelí frente al Complejo de la Mezquita de Al Aqsa, el 16 de julio de 2017 [Mostafa Alkharouf/Anadolu Agency ]

A principios de octubre de 2016, Misbah Abu Sbeih dejó a su esposa ya sus cinco hijos en casa y se dirigió a una comisaría de policía israelí en la zona ocupada de Jerusalén oriental. Estaba previsto que el hombre, natural de Jerusalén, de 39 años, se entregara para cumplir un período de cuatro meses en la cárcel por, supuestamente, falsas acusaciones de “intentar golpear a un soldado israelí”.

Misbah está familiarizado con las cárceles israelíes, habiendo estado antes detenido allí por cargos políticos, incluyendo un intento de esconderse y rezar en la Mezquita Al-Aqsa. La Mezquita Al-Aqsa es parte de un gran complejo conocido como Haram al-Sharif, que incluye     -aparte de Al-Aqsa – la famosa Cúpula de la Roca y otros lugares palestino-musulmanes, venerados por los musulmanes de todo el mundo.

Se cree que Al-Aqsa es la segunda mezquita más antigua jamás construida, siendo la primera la Mezquita al-Haram en La Meca. El Sagrado Corán lo menciona como el lugar desde el cual el profeta Mahoma ascendió al cielo, viajando de Meca a Jerusalén. Para los palestinos, musulmanes y cristianos por igual, la mezquita tomó un nuevo significado después de la ocupación israelí de la ciudad palestina de Al-Quds (Jerusalén Este) en 1967.

Las escenas de soldados israelíes levantando la bandera israelí sobre los santuarios musulmanes y cristianos de la ciudad hace cincuenta años, están grabadas a fuego en la memoria colectiva de varias generaciones. No es sorprendente, por lo tanto, que el complejo de la Mezquita Al-Aqsa haya sido el punto principal de los enfrentamientos entre fieles palestinos y el ejército israelí.

Entre los visitantes que diariamente acuden a los santuarios sagrados musulmanes de Jerusalén se incluyen turistas no musulmanes. A menudo son bienvenidos por la administración Al-Waqf, que es la orden religiosa islámica que gestiona los santuarios santos, práctica que data de hace 500 años. Incluso después de la ocupación israelí de la ciudad árabe, al-Waqf ha seguido siendo la que cuida y gestiona el santuario musulmán, según lo dispuesto por el gobierno jordano e israelí. El diseño israelí en la ciudad ocupada, sin embargo, es mucho mayor que la mezquita misma.

3 palestinos y 2 soldados israelíes muertos en enfrentamientos en Al-Aqsa

El pasado abril el gobierno israelí anunció planes para construir 15,000 nuevas viviendas en la ciudad ocupada de Jerusalén, planes que van en contra del derecho internacional. La comunidad internacional reconoce Jerusalén oriental como una ciudad palestina. Estados Unidos también acepta el consenso internacional sobre Jerusalén, y todos los intentos del Congreso de Estados Unidos de desafiar a la Casa Blanca en este entendimiento han fracasado. Es decir, hasta que Donald Trump llegó al poder.

Antes de su inauguración en enero, Trump había prometido trasladar la embajada estadounidense desde Tel Aviv a Jerusalén. El anuncio fue igual de bien recibido tanto por los políticos de derecha israelíes y como por los extremistas. Muchos de los partidarios de Israel en Estados Unidos vieron esto como una buena señal de la presidencia de Trump. Si bien la embajada estadounidense aún no se ha trasladado oficialmente a Jerusalén, la nueva administración está enviando el mensaje de que ya no está obligada por el derecho internacional con respecto a los Territorios Ocupados.

No sólo Estados Unidos está abandonando su papel de “intermediario de la paz” entre Israel y los líderes palestinos, sino que está enviando una clara señal a Israel de que no puede haber presión sobre Israel con respecto al estatus de Jerusalén. En respuesta, las Naciones Unidas y sus diversas instituciones se han movido rápidamente para tranquilizar a los palestinos. La agencia cultural de la ONU, la UNESCO, ha sido la más activa en este sentido. A pesar de la presión estadounidense-israelí, varias resoluciones han sido aprobadas por la UNESCO y la Asamblea General de la ONU en los últimos meses, que han reafirmado los derechos de los palestinos en la ciudad.

Israel y Estados Unidos se movieron para castigar a los palestinos por las decisiones de la UNESCO. Comenzó cuando la Knesset (el Parlamento) israelí comenzó a machacar con leyes que hacen la vida aún más difícil para los palestinos de Jerusalén, incluyendo una ley que limita la llamada de los musulmanes a la oración. La ley, que aprobó su segunda lectura en marzo pasado, fue defendida por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. La policía israelí amplió la creciente lista de palestinos a los que no se les permite llegar a sus lugares de culto. La lista incluía a Misbah Abu Sbeih, quien fue detenido en repetidas ocasiones, golpeado y encarcelado por la policía israelí.

El gobierno israelí abrió entonces la veda para expandir los asentamientos en la ciudad ocupada, después de haber estado parcialmente limitados durante la presidencia de Barack Obama. En parte, esa fue la respuesta de Netanyahu a la Resolución 2334 de la ONU, que exigía un alto inmediato a la construcción de asentamientos israelíes en Jerusalén y los Territorios Ocupados.

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Al mismo tiempo, la nueva embajadora estadounidense en la ONU, Nikki Haley, asumió la tarea de silenciar cualquier crítica internacional de la ocupación israelí, denominando a los intentos internacionales de terminar con la ocupación como una forma de “acoso”. Seguro por el apoyo incondicional de Estados Unidos, Netanyahu se dirigió a nuevos extremos. Cortó los lazos de su país con la UNESCO y pidió el desmantelamiento de la sede de la ONU en la ciudad palestina bajo ocupación.

Jerusalén Este ya estaba en 1981 ilegalmente anexionada por Israel, pero sin conseguir el reconocimiento internacional el movimiento israelí parecía inútil. Ahora, Israel siente que los tiempos están cambiando, ya que la administración Trump ofrece a Israel una gran oportunidad para normalizar su ocupación ilegal y su anexión de la ciudad. En los últimos meses, los palestinos han respondido de múltiples maneras. Han trabajado con varios países de todo el mundo para desafiar los planes de Israel y Estados Unidos. La mayoría de los esfuerzos palestinos, aunque han tenido éxito hasta cierto punto, no han logrado influir en Israel de ninguna manera.

La agitación política se ha traducido en más violencia en el terreno, ya que miles de soldados de ocupación israelíes y de policías fueron llevados apresuradamente a la ciudad para restringir el movimiento palestino e impedir que miles de fieles llegaran a Al-Aqsa. Cientos fueron detenidos en una masiva campaña de seguridad. En ausencia de un liderazgo fuerte, los palestinos están cada vez más cabreados y desesperados. La Autoridad Palestina está en gran parte ocupada en sus propias (y lamentables) luchas de poder y parece no tener tiempo para los palestinos, que se quedan con poca esperanza de un horizonte político y sin un sentido claro de la dirección a tomar. Mientras miles de palestinos han resistido a través de intentos constantes de llegar a Al-Aqsa o de manifestarse en protesta, otros están “alcanzando el punto de ruptura”.

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Uno es Misbah Abu Sbeih. Una vez que llegó a la comisaría militar de Israel, Mishbah no se entregó. En cambio, abrió fuego, matando a un oficinista del ejército israelí de la unidad ‘Yassam’ y a otro israelí. Fue asesinado instantáneamente. Otros ataques le siguieron. El viernes 14 de julio, el día más sagrado de la semana en el calendario musulmán, tres hombres palestinos atacaron a soldados y policías israelíes estacionados cerca de una de las puertas del Haram. Mataron a dos oficiales israelíes y fueron asesinados por otros soldados poco después.

Esta es la primera vez que un ataque de esta naturaleza ha sido registrado dentro del complejo de Al-Aqsa. Desde 1967, sólo los israelíes han utilizado armas en enfrentamientos violentos con palestinos. Cientos de palestinos han sido asesinados en o alrededor de este santuario sagrado a lo largo de los años. El pasado mes de junio en Jerusalén, hablando a una multitud que celebraba el 50 aniversario de la ocupación militar israelí de la ciudad, el primer ministro israelí, Netanyahu, declaró que el complejo de la mezquita de Al-Aqsa permanecería “eternamente bajo soberanía israelí”.

Empoderado por la administración de Trump y seguro por las tácticas de Haley en la ONU, Netanyahu siente que su sueño de someter Jerusalén Este se está realizando. El precio del sueño de Netanyahu, sin embargo, es probable que sea costoso. El día del ataque, varios palestinos murieron en varias partes de Cisjordania y un niño de 3 años de Gaza murió mientras esperaba un permiso para cruzar de la región asediada a Cisjordania para recibir tratamiento. Nada de esto apareció en los medios internacionales.

El ataque del palestino armado contra soldados israelíes, sin embargo, fue portada y motivó titulares en todo el mundo. Es probable que siga habiendo más violencia. Los palestinos, que están muriendo sin apenas cobertura mediática, están desesperados y enfurecidos mientras su ciudad santa se desmorona bajo las pesadas botas de los soldados, en medio del silencio internacional y del incondicional apoyo estadounidense al gobierno israelí.

 

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