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Lo que los palestinos han sacado de la visita de Trump: nada

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu (Izq.) habla durante la visita del presidente estadounidense Donald Trump (Dca.) al Museo de Israel en Jerusalén el 23 de mayo de 2017. [Oficina de Prensa del Gobierno de Israel / Haim Zach / Folleto]

Cuando el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmoud Abbas, se reunió en Washington con su contraparte estadounidense, Donald Trump, a principios de mes, sus asesores descirbieron la visita como “histórica”, como un preludio de la recuperación de los derechos de los palestinos, que serían arrancados de las fauces del poderoso tigre de Israel. “Fue una visita estratégica”, aseguró el Dr. Husam Zomlot, representante de la AP en Washington, diplomático y asesor de primera confianza de Abbas.

Después de su reunión, Abbas describió a Trump como el campeón de la paz, como un “superman” que es capaz de resolver problemas aparentemente irresolubles. “Nos presentamos y expusimos nuestras posturas respecto al terrorismo, así como nuestras perspectivas acerca de la solución de los dos Estados”, dijo a la televisión oficial de la AP. “He visto que tiene una visión propia del conflicto y de sus posibles soluciones y que es capaz de alcanzar la paz”.

El presidente de la AP continuó diciendo que estaba listo para sentarse de nuevo con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en la mesa de negociaciones, bajo el auspicio del presidente de EEUU. Abbas ya se reunió con varios funcionarios israelíes en Ramallah para discutir las perspectivas de paz. Pero sabiendo todo esto, ¿qué han conseguido realmente los palestinos con la visita de Trump? 

El líder estadounidense visitó la región –en su primera gira internacional como presidente–a la vez que tenía lugar una huelga de hambre masiva en las prisiones israelíes como protesta de las terribles condiciones y de los abusos que los presos palestinos sufren en los penales. Ni una sola palabra dedicó Trump a estos más de 6.500 presos, entre los que se encuentran 59 mujeres, 200 niños y más de 400 enfermos. 

Sin embargo, escuchó respetuosamente las quejas del presidente israelí Reuven Rivlin acerca de los cuerpos de los dos soldados israelíes capturados por la resistencia palestina en Gaza durante la ofensiva israelí contra el enclave en 2014. Además, mando a su enviado especial para Oriente Medio, Jason Greenblatt, a reunirse con los padres de uno de los soldados, Hadar Golden, y a escuchar sus reclamaciones.

Durante si gira regional, Trump no mencionó cuál era la opción predilecta de la AP y de los Estados árabes para la resolución del conflicto, ni tampoco las palabras “solución de los dos Estados” fueron pronunciada en ningún momento en su visita a Israel y a los territorios ocupados. La reunión con Abbas en Belén fue muy breve –duró alrededor de una hora– y todo lo que dijo es que estaba “comprometido con alcanzar un acuerdo de paz” antes de añadir que “la paz no puede conseguirse nunca en un entorno donde la violencia es tolerada, financiada e incluso recompensada”. Una referencia a lo que Netanyahu considera “premiar a los terroristas palestinos”, relativa al hecho de que la AP compensa económicamente a las familias de los fallecidos en ataques o en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad israelíes.

En Israel, Trump dejó bien claro que estaba con los israelíes, y los definió como ellos mismos lo hacen, como “los elegidos por Dios”. Durante la visita obligatoria de los líderes mundiales al Museo del Holocausto (Yad Vashem) –desde el cual puede verse el lugar donde tuvo lugar la masacre de Deir Yassin en 1948–Trump expresó su tristeza por los judíos asesinados en los campos de concentración nazis en la segunda guerra mundial. En sus palabras “el Holocausto fue el peor crímen perpetrado nunca contra los hijos de Dios”. Posteriormente aprovechó para dejar claro que apoyaba firmemente con Israel y su gobierno “y que siempre estaría con Israel”.
Trump fue el primer presidente de los EE.UU. en visitar el Muro de las Lamentaciones, que forma parte de los límites de la mezquita de Al-Aqsa, a pesar de que los judíos aseguran que es el más sagrado de sus santuarios. Su visita a la ciudad ocupada de Jerusalén fue un reconocimiento de facto de la soberanía israelí sobre esta parte de la ciudad, que la AP, los Estados árabes y la mayor parte de países del mundo esperan que sea la capital de un futuro Estado palestino.

Más tarde, uno de los asesores presidenciales reveló que Trump no quería alcanzar la paz durante su reunión con Abbas, sino simplemente para informarle de que quiere que los Estados árabes normalicen sus relaciones con Israel. Si esto ocurre, dijo a Abbas, la paz será mucho más fácil. Según un informe de esta reunión, Abbas no aceptó esta condición.

Y esto es todo. Después de analizar cada detalle de la visita de Trump a la región, vemos como los palestinos no obtuvieron exactamente nada del presidente de EE.UU. Exactamente lo mismo que ocurrió con su predecesor en la Casa Blanca. Según el diario Haaretz, los palestinos “estaban seguros” de que la visita de Trump “no iba a cambiar nada”. Parece que estaba en lo cierto.

 

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