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1948-1492: De la Nakba palestina a los “falah mankub” de Andalucía

Historia de dos procesos de expulsión y genocidio en riberas opuestas de Mediterráneo

El 15 de Mayo de 1948, las organizaciones sionistas, bajo el amparo de la comunidad internacional, declararon el nacimiento del Estado de Israel en el territorio de la Palestina histórica.

Así, los árabes palestinos no judíos, mujeres y hombres, que habitaban Palestina a la sazón pasaron a ser extranjeros o, en el mejor de los casos, ciudadanos de segunda en su propia tierra y a ser considerados una amenaza según la retórica del nuevo Estado, iniciándose un ciclo de confrontación, racismo, ocupación y genocidio que continúa hasta nuestros días en la Tierra Santa de las religiones del Mediterráneo.

Un genocidio es un crímen, en tiempos de guerra o paz, cometido contra un pueblo o grupo humano en base a criterios étnicos, nacionales o religiosos con la intención de exterminarlo.

Todo lo que supuso la creación del Estado de Israel en tierras palestinas para el pueblo que lo habitaba es recordado cada 15 de Mayo en lo que para los israelíes es el “Día de la Independencia de Israel” y para los palestinos, la Nakba,  un nombre específico en lengua árabe que significa “desgracia” o “catástrofe”.  La Nakba es lo que le ocurre y ocurrió al pueblo palestino tras el nacimiento del Estado de Israel en su tierra: humillación, desposesión y exterminio.

Otro término derivado de la misma raíz que la palabra NaKBa (la lengua árabe, al igual que la hebrea, se basa en raices de tres consonantes que comparten un mismo campo semántico, en este caso: N-K-B) sirvió para nombrar a los supervivientes de otro genocidio que tuvo lugar en la orilla opuesta del Mediterráneo hace 400 años.

El término, recogido por la RAE, si bien hay polémica respecto a su origen etimológivo, es fel-lah menkub, literamente “campesino desgraciado” que luego evolucionará fonéticamente hasta dar flamenco y dejará de designar a las personas y pasará a nominar una tipo de música y una actitud ante la vida. MaNKuB y NaKBa comparten la misma raíz trilítera, cuyo sentido remite a la idea de desgracia e infortunio.

Así, los fel-láh menkub eran todos aquellos campesinos (fel-láh/ fel-lahiyyun) y pequeños propietarios judíos y musulmanes, -a veces gitanos, a veces payos- que habitaban las tierras de lo que había sido Al Ándalus, regidas por gobernantes musulmanes y que tras la llegada de los Reyes Católicos, cuyos descendientes decidieron que el Reino de España sería cristiano y castellano-parlante, fueron despojados de sus tierras, sus ropas, sus casas, su lengua y su modo de vida. Se convirtieron en los enemigos del Estado que se erigía en soberano de la tierra que les vio nacer y crecer, igual que ocurre con los palestinos de hoy día tanto en el Estado de Israel como bajo la ocupación militar en Cisjordania o el bloqueo en la Franja de Gaza. Habían sufrido su propia Nakba –desgraciay eran por tanto mankubun –desgraciados-; fel-lah mankub (flamenco): campesino desgraciado

Estos flamencos obligados a desprenderse de todo lo material y hasta de lo inmaterial ( lengua, religión, cultura) que tenían se vieron obligados a errar por el naciente Estado-Iglesia de España, o a huir de sus fronteras para sobrevivir, como le ocurrió al pueblo palestino cuando el Estado de Israel se proclamó soberano en su tierra.

La Monarquía de España hizo en los siglos XVI y XVII con los flamencos lo mismo que el Estado de Israel con los palestinos, eliminarlos sistemáticamente por cuestiones étnicas y religiosas, que en última instancia resultan ser políticas. Ambos pueblos fueron expulsados de sus hogares, su tierra y sus vidas.

Para quien esté interesado en la cuestión, hay investigaciones académicas realizadas al respecto, como la de la profesora Maria José Lera que compara la historia de ambos procesos de expulsión, uno en cada orilla del Mediterraneo, y que tanto duelen a sus habitantes por mucho que pase el tiempo.

Pues aunque la historia del genocidio católico-castellano sobre el pueblo andalusí no se recoja en los libros de texto de las escuelas del Estado como debería suceder, el pueblo que habita en el Estado español, los más fervientes cristianos, los mayores amantes del jamón serrano, todos aquellos que sobrevivieron físicamente a la masacre perpetrada por la Santa Inquisición, siguen cantando a sus vástagos canciones en clave recordando a aquellos que se fueron de sus casas obligados, que desaparecieron tras subirse a las galeras que salían de Almería y Gandía, aquellos que se llevaron las llaves de su casa en el bolsillo esperando el ansiado regreso, como lo esperan en nuestros días todas las palestinas de Cisjordania, las que emigraron a Estados Unidos, o las que viven en Tel Aviv siendo ciudadanas de segunda en su tierra, como los moriscos y judíos íberos que fueron tachados de extranjeros en la historiografía española.

 

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