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El fin del Estado-nación árabe

Miembros de la Liga Árabe en la 28ª Cumbre de la Liga Árabe en Ammán, Jordania el 29 de Marzo de 2017 [Salah Malkawi / Anadolu Agencia]

No podemos comprender la desintegración y fragmentación que asolan a la región árabe sin fijarnos en los fallos de los Estados-nación establecidos sobre las ruinas del Imperio Otomano tras su destrucción, hace unos 100 años. Además, no podemos analizar la emergencia del fenómeno extremista en el mundo árabe – grupos como el Daesh – sin contextualizarla dentro de la historia de los Estados fallidos, y otras muchas razones que no pueden ser discutidas aquí.

A lo largo de un siglo, la élite árabe moderna ha supuesto que el mero establecimiento de un Estado-nación permitiría cumplir dos objetivos: la independencia frente al colonialismo y escapar del control imperial de Occidente, tomando una ruta hacia la modernidad y liberándose de los impedimentos impuestos por los otomanos en los dos siglos previos.

Ahora, con los Estados-nación modernos debidamente establecidos y después de la independencia, podemos ver que ha habido un fracaso total a la hora de cumplir ambos objetivos. La élite árabe no ha reconocido la contradicción inherente de la estructura de los mismos. Por ejemplo, ¿cómo se consigue la verdadera liberación nacional, tanto en el sentido político como en el moderno, cuando el propio colonialismo se consideró el motor de la modernidad? En otras palabras, es difícil combinar la independencia nacional y civil imitando otro modelo occidental que requiere la importación de otra cultura y su vocabulario para la independencia. El problema radica en imitar a la misma estructura de la que la nación árabe trató de separarse y liberarse. La versión occidental sigue siendo el modelo último para la modernidad árabe, y ahí está el problema.

Es posible decir con seguridad que el Estado árabe moderno aún tiene que ser establecido, y que todo lo sucedido en el último siglo no ha sido más que una serie de intentos de construir este Estado; todos ellos han fracasado. Una breve recapitulación de la historia de estos intentos lo demuestra.

 

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El primero llegó tras la independencia y los posteriores Estados establecidos en el “Mashreq” árabe, con Irak, Siria y Líbano y después Egipto y Sudán, el Magreb árabe desde Libia a Marruecos, Túnez y Argelia y, por último, los países del Golfo. Como señalamos anteriormente, los intentos fallidos de lograr auténtica independencia son resultado de la incapacidad de estos países de liberarse del colonialismo político y su modelo cultural modernista.

El segundo intento de construir el Estado-nación árabe se refleja en los esfuerzos por conseguir la unidad árabe, y la centralización de la liberación de Palestina como la principal señal de éxito. No es de extrañar que los Estados árabes fracasaran estrepitosamente en ambas tareas; no han logrado la unidad árabe y Palestina sigue ocupada. El retroceso de la derrota árabe de 1967 se lamenta cada 5 de junio. Consecuentemente, la cuestión de la unidad nacional ahora se centra en como los Estados actuales pueden salvarse frente a su colapso inminente y a su división.

El tercer atento se produjo con el establecimiento de lo que Nazih Ayoubi llamó “el gran Estado”, que logró establecer un gran aparato estatal diseñado para proporcionar de todo, desde sanidad a educación y todo tipo de servicios sociales. Desde los 60 hasta los 80, el Estado (especialmente en Egipto) se convirtió en poco más que una enorme carga para sí mismo. Sólo creció el organismo de seguridad, aunque sirviendo a las necesidades del régimen y no del pueblo.

La cuarta etapa consistió en el intento de recuperar el Estado de la forma islámica con un despertar político y religioso en el mundo árabe. El movimiento islámico en Sudán triunfó con su famosa alianza con el ejército en 1989. En aquel momento, el Estado sudanés afirmó que estaba tratando de construir un Estado basado en la ley sharia, esperando lograr una justicia islámica para todos sus ciudadanos. Al final, el establecimiento sudanés de un Estado autoritario con una fachada religiosa engañosa no le hizo un favor a nadie; no se logó la justicia.

Finalmente, llegó el Estado árabe conocido como el “Estado fallido”. Un país así ya no podía sobrevivir y perdió toda legitimidad. Algunos de los Estados-naciones árabes en esta situación no cuentan con soberanía sobre sus territorios: Irak, Somalia, Libia, Siria y Yemen. Ya no son viables, no sólo a los ojos de su pueblo, sino también en términos de territorio, poder y en la comunidad internacional.

Lo sorprendente es que, a pesar de todos los intentos fallidos de construir un verdadero Estado-nación árabe, los regímenes de cada país continúan imponiendo su voluntad sobre el pueblo desde el poder. La sociedad civil y los ciudadanos no tienen voz respecto a su futuro, a pesar del continuo fracaso de los Estados y del modelo sobre el que han sido construidos.

Traducido de Al-Araby Al-Jadeed, 24 de Abril de 2017

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