Portuguese / Spanish / English

Oriente Medio cerca de usted

Gran Bretaña debe dejar de bloquear el avance democrático y en derechos humanos de Bahrein

El régimen de Bahrein es más un amigo de la élite británica que un aliado del pueblo británico. Nuestra solidaridad debe recaer en el pueblo de Bahrein, que necesita al menos una monarquía constitucional en el camino hacia una democracia plena.
El Príncipe Carlos de Gales es recibido por el Príncipe Heredero de Bahréin, Salman Bin Hamad bin Isa Al-Khalifa, el 8 de Noviembre de 2016.

Éste ha sido un verano divertido para el establishment de Bahrein y Gran Bretaña. Mientras el duque de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, apretaba sus orejas, el rey de Bahrein se moría de risa. Era un domingo de Mayo por la noche  y la Reina miraba cómo las tropas de la Casa de Su Majestad disparaban un salva de artillería por su 90 cumpleaños; la Reina había invitado personalmente al Rey Hamad Bin Isa Al-Khalifa a unirse a las celebraciones. Es considerado como un amigo tan cercano que se sentó directamente al lado de la reina Isabel. No fue casualidad. Su amistad familiar se remonta a generaciones.

De hecho, el monarca de Bahrein estaba en una visita de regreso a Gran Bretaña, como patrocinador clave del Royal Windsor Horse Show. Los jockeys que compiten en los terrenos del Castillo de Windsor tuvieron la oportunidad de ganar el “Trofeo del Reino de Bahrein”, el “Reino de Bahrein Stakes”, el “Bahrein Pearl Stakes” y el “Manama Speed Stakes”. ¿Detectamos algo aquí? ¿Está el Royal Windsor Horse Show, celebrado en los terrenos del Castillo de Windsor, sirviendo como un descarado de los abusos de los derechos humanos que tienen lugar en Bahrein?

A principios de esa semana, el rey Hamad había participado en una ceremonia muy diferente. Con el personal de su casa ocupado preparándose para la visita de cumpleaños a Gran Bretaña, con gran pompa y ceremonia, el rey colocó una medalla sobre los hombros del profesor Mahmoud Cherif Bassiouni, presidente de la Comisión Independiente de Investigación de Bahrein (BICI, por sus siglas en inglés). La BICI, como se sabe, fue creada tras el levantamiento popular de 2011 e identificó veintiséis lagunas en materia de derechos humanos de los servicios de seguridad. La comisión había empezado a trabajar poco después, haciendo lo menos posible para abordar estas cuestiones. La ceremonia de la medalla se celebró, en teoría, para celebrar el final del proceso de la BICI. ¡Alégrense! ¡Se restauran los derechos humanos en Bahrein! ¿O no?

Los medios estatales citaron a Bassiouni asegurando que cada una de las recomendaciones para mejorar la situación de los derechos humanos en el pequeño reino del Golfo había sido implementada. Más tarde, él mismo afirmó que la cita había sido inventada. Sólo diez de las nuevas medidas políticas, diseñadas para salvaguardar los derechos humanos -y al pueblo de Bahréin- del salvajismo de los servicios de seguridad, estaban realmente orientadas a ello. Las organizaciones de derechos humanos cuestionaron incluso esa cifra y concluyeron que sólo dos de las veintiséis reformas prometidas se habían hecho realidad. Hamad había concedido así a Bassiouni una medalla por su fracaso.

 Mientras la realeza internacional se apiñaba en Windsor, oscuros planes estaban en marcha. Cuando el rey Hamad volvió a casa, comenzó una nueva ofensiva. Las detenciones, los juicios sumarísimos y los castigos colectivos fueron de una ferocidad que no se veía desde la imposición temporal de la ley marcial en 2011. Sin embargo, hubo un último cargo con quien reunirse: no fue un catedrático de derechos humanos o alguien de la realeza británica, sino un banquero convertido en Secretario de Relaciones Exteriores por el conservador Phillip Hammond. El 30 de mayo, twitteó con entusiasmo, “Mi visita continúa en Bahrein”, junto con una foto de él impresionado en la oficina del Rey Hamad. “Continuamos con las reformas”, agregó.

Hammond tampoco sabía, o simplemente le había dicho el rey de Bahrein que “no era consciente”, de que un tribunal de Manama acababa de encarcelar al jefe del principal partido de oposición del país durante nueve años. La represión no se detuvo allí. Al día siguiente, un tribunal de apelación de Bahrein confirmó las condenas a muerte de tres activistas pro democracia – Sami Mushaima, Abbas Al-Samea y Ali Abdulshaheed Al-Singace-, así como las penas de cadena perpetua de otros seis; el tribunal también confirmó el despojo de la ciudadanía para ocho más. La coerción, la tortura y los malos tratos contra los acusados estaban bien documentados, pero los jueces ignoraron las pruebas de malos tratos -el tipo de maltrato que BICI debía eliminar-.

Como dijo un veterano corresponsal de Oriente Medio, sólo un mes después, “considerada antaño como una de las monarquías árabes más liberales, Bahrein se está convirtiendo en un estado policial tan vicioso y arbitrario como en cualquier otro lugar de la región”.  En Junio, una vez más, el respetado activista de derechos humanos Nabeel Rajab fue apresado y puesto en aislamiento por cargos relacionados con la libertad de expresión. El régimen obligó al exilio a Zainab Al-Khawaja, hija de un reformista que ya cumplía una condena de cadena perpetua, tras amenazas de arresto y detención indefinida. Una semana después, el gobierno de Manama impuso prohibiciones de viajar a un grupo de activistas que planeaban ir al Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, impidiéndoles así poder avergonzar al reino. Cincuenta y tres personas fueron despojadas de la ciudadanía, incluido el prominente clérigo Shaikh Isa Qassim. La mayoría de los que han ido privados de su nacionalidad son chiíes bahreiníes, “castigados bajo las leyes de terrorismo por actos de protesta”. El Ministerio de Justicia suspendió al principal grupo de oposición, la sociedad política Al Wefaq. Los juicios del movimiento bahreiní pro-democracia continuaron durante el verano.

 A medida que avanzaba el otoño, la nueva base naval británica de Bahrein estaba finalmente lista para los negocios. The Daily Telegraph, el periódico favorito para los dictadores que abusan de los derechos humanos y que desean tener una voz en Gran Bretaña, llevaron un mensaje del embajador de Bahrein que anunciaba el establecimiento de la base. Alegaba que marcó doscientos años de cooperación de defensa entre Bahrein y Gran Bretaña. Se nos dijo que fue “una reafirmación del compromiso del Reino Unido con el Golfo Pérsico, y con Bahrein en particular”. En realidad, la base es pequeña; es una presencia simbólica. Cuando se le preguntó si las naves británicas estarían basadas allí permanentemente, el Ministerio de Defensa se mostró tímido: “Es demasiado pronto para decir cuál será la escala futura del despliegue de la Armada Real en la región y si otros buques de la Marina Real serán ubicados permanentemente” en Manama.

Cuando el acuerdo para construir la base se desarrolló en el número 10 de Downing Street el año pasado, fuentes bien conectadas me dijeron que venía con otros dos “pilares”: el primero era fomentar el comercio y el segundo era fortalecer la sociedad civil. Evidentemente, esto último no ha sucedido. La sociedad civil es perseguida en Bahrein, persecución que es tácitamente tolerada por el establishment británico. En cuanto al comercio, el artículo del Telegraph se jactó de que “el comercio bilateral entre Bahrein y el Reino Unido generó 432 millones de libras esterlinas en 2015, un aumento del 35% con respecto al año anterior”. No es una cifra impresionante. Para Gran Bretaña, sin embargo, el reino no se encuentra entre nuestros veinticinco socios comerciales más importantes, pese a que ni siquiera representa una centésima, o tal vez una milésima, de nuestros acuerdos comerciales mundiales.

El comercio real con Bahrein se basa en los favores intercambiados entre el establishment británico y la élite bahreiní; un sentido de fraternidad y lealtad colonial, cada realeza luchando por la otra. Es una alianza construida sobre amistades entre la Reina, el Príncipe de Gales y el Duque de Edimburgo, y sus diversas contrapartes entre la realeza de Bahrein. Esta es una asociación basada en personalidades. Por cierto, el establishment de Defensa sabe que debe mantener a los bahreiníes contentos para mantener a los saudíes y emiratíes igual de contentos; por eso tenemos un comercio significativo con ellos.

El régimen de Bahrein es más un amigo de la élite británica que un aliado del pueblo británico. Nuestra solidaridad debe recaer en el pueblo de Bahrein, que necesita al menos una monarquía constitucional en el camino hacia una democracia plena. El “progreso” del que habló Phillip Hammond es una falsedad que ha quedado demostrada. Es hora del progreso democrático y de los derechos humanos en Bahrein; Y el establishment británico debe dejar de bloquearlo.

Categorías
Arabia SauditaArtículosArtículos de OpiniónBahrainEmiratos Árabes UnidosEuropa y RusiaOriente MedioRegiónReino UnidoReportajes y Análisis
Recordando La Masacre De Rabaa

Mantente [email protected]

Subscríbete para recibir nuestros boletines