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Otra vez Francia y su trato al extranjero

Un migrante tiene un cartel con un mensaje para el primer ministro de Gran Bretaña mientras se enfrentan con la policía antidisturbios francesa durante una protesta cerca de la zona llamada "selva", donde viven en Calais, Francia, el 1 de octubre de 2016. [REUTERS / Pascal Rossignol]

Por mucho que los oficiales franceses quieran confirmar que el campo de refugiados llamado “Jungla” haya sido “despejado”, es improbable que esta vaya a ser la última vez que Gran Bretaña y Francia se vean ante la circunstancia de que los refugiados se reúnan dentro de sus fronteras.

De hecho, incluso hoy – días después de la demolición del lugar- varios voluntarios denuncian que más de 1.000 niños siguen allí, “estresados y confundidos” en contenedores de carga, a la espera de un proceso.

¿Qué será de ellos? Pues bien, representantes del Partido Conservador y del UKIP de Reino Unido han pedido que todos los inmigrantes potenciales sean sometidos a un examen médico invasivo, con el fin de garantizar que tienen la edad apropiada.

Pero, a pesar de que el gobierno británico haya descartado esto, la historia nos dice que tanto Reino Unido como Francia tienen terribles antecedentes en cuanto al maltrato de refugiados.

De hecho, la “Jungla” no es el primer campo de refugiados que haya existido en la región de Calais, y hay pocas cosas positivas emergididas de las lecciones de la historia o de ejemplos contemporáneos.

La primera “Jungla”

En muchos aspectos, la “Jungla” y la “crisis” de inmigración europea son algunas de las consecuencias más obvias de la globalización. Cuando – en el pasado – era más fácil para los europeos occidentales ignorar u olvidar el impacto de eventos globales (y a menudo las políticas exteriores de su propio gobierno) en las vidas de otros pueblos en tierras lejanas, en el mundo de hoy en día no es tan sencillo.

La interconectividad de nuestras vidas – acelerada por problemas globales como el cambio climático, conflictos internacionales y la proliferación de las redes internacionales de comunicación y transporte – se ha girado para mordernos.

El primer campamento como la “Jungla” vino a ser casi un resultado directo de esta interconectividad. De hecho, fue con la apertura del Túnel de la Mancha -uno de los ejemplos más evidentes de interconexión acelerada de los años noventa- cuando el campamento surgió por primera vez.

Como respuesta a un dramático aumento en la cifra de refugiados durmiendo en las calles de Calais a finales de los años 90 – presuntamente preparándose para entrar en Reino Unido a través del túnel o trasbordadores por quienes de dedican al tráfico de personas – el gobierno francés de entonces pidió ayuda a la Cruz Roja, quien, a su vez, estableció un centro de ayuda a refugiados en la provincia de Sangette.

Sin embargo, con espacio para tan sólo 600 personas, el centro de la Cruz Roja era insuficiente para satisfacer la demanda. Casi 1.000 personas siguieron viviendo en las calles, algunos trabajando juntos para establecer las chabolas que se convertirían en la “Jungla”.

El centro de Sangette – y el campamento de la “Jungla” a su alrededor – eran fuente de una constante tensión entre los gobiernos francés y británico durante los años 2000, con el Reino Unido sugiriendo que Francia se alegraba de permitir el movimiento ilegal de personas a través del canal para que estas personas se convirtiesen en el problema de otros.

Tampoco era una buena situación para los refugiados. Según artículos periodísticos del momento, las condiciones dentro de los campamentos eran antihigiénicas y miserables. Pero cuando los franceses cedieron a la presión británica y acordaron cerrar el centro, en 2002, la Cruz Roja advirtió que las condiciones humanitarias sólo irían a peor.

Sin embargo, ambos gobiernos firmaron en 2003 el tratado de Le Touquet, donde establecían controles yuxtapuestos de la inmigración. Básicamente, esto significó que el control fronterizo de Reino Unido se trasladase a Calais, a cambio de la financiación británica para nuevas instalaciones en el lado francés.

Aun así, si bien esta medida proporcionó un cierto alivio a corto plazo a los líderes políticos que habían hecho frente a una tormenta de mala prensa desde el nacimiento de la “Jungla”, era un paso demasiado pequeño para tratar realmente los problemas de la cuestión de la inmigración.

La historia real

Según el grupo activista Solidaridad Inmigrante de Calais, que brinda asistencia jurídica y apoyo a los inmigrantes y refugiados atrapados en lugares como la “Jungla”, hay un gran número de maneras distintas de interpretar el significado de la “Jungla” como fenómeno social y político.

Por supuesto, la política oficial de Reino Unido y Francia tuvo un impacto directo en los habitantes del campamento. Este incluyó la negación sistemática de derechos, el revivir forzado del trauma a través de la demanda y contar, una y otra vez, historias personales sobre el dolor y el sufrimiento, y el número “incontable” de vidas perdidas en la frontera debido a negligencias o a políticas deliberadas para hacerles la vida más difícil a los refugiados.

Pero, más que todo esto, según Solidaridad Inmigrante de Calais, la mejor manera de entender qué significa todo esto es mirar la “Jungla” y sus distintos aspectos a través de una lente del racismo metódico y violencia del Estado.

 La historia real de Calais es la persecución de cualquier extranjero que no sea blanco dentro del cumplimiento y reforzamiento del régimen fronterizo de Reino Unido (y no es ninguna exageración decir que se trata de un asunto de razas – ha habido varios casos de acoso y arrestos de personas con los documentos necesarios en base tan sólo a su apariencia). La historia real es la violencia y la represión sufridas por los inmigrantes en Calais por parte del estado. La historia real es la increíble cantidad de vidas perdidas en sus fronteras.

De hecho, a pesar de ser tratada como un simple problema de nuestro tiempo, algo que puede ser combatido con motivaciones políticas, impedimentos más severos y hacer a las personas no sentirse bienvenidas por parte de la gran mayoría de la prensa; la inmigración es realmente un problema a una mayor escala. Es un producto de problemas globales: la guerra, el cambio climático y el altísimo nivel de desigualdad de la riqueza en todo el mundo.

Si simplemente miramos de dónde proceden la mayoría de las casi 7.000 personas que habitaban la “Jungla”, según un estudio cualitativo realizado hace unas meses, encontraremos que la mayor parte vienen de Sudán, seguido de Afganistán, Irak, Irán, Siria, Eritrea y Pakistán. Son lugares que han estado aterrados por la historia del colonialismo europeo y – en algunos casos – por guerras muy recientes en las que Reino Unido y Francia han desempeñado un papel directo.

Si hay una lección que debemos aprender de la continua tragedia que ejemplificó la “Jungla” y la crisis de inmigración en general, es que no importa cuánto lo intenten nuestros gobiernos, el movimiento masivo de personas como resultado del horrible conflicto en sus lugares de procedencia nunca va a ser realmente el problema de otra persona. Estamos en esto juntos, y si nos escondemos de ello sólo nos estamos escondiendo de la realidad de los problemas mundiales que nos afectan a todos.

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