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Mosul, el nuevo Alepo

La comunidad internacional y las Naciones Unidas - los portadores de la bandera de la democracia y los derechos humanos - parecen no aprender de sus errores. Después de haber hecho la vista gorda a las atrocidades llevadas a cabo en Tikrit y Faluya, una vez más nos enfrentamos a la perspectiva de una gran ciudad.

 

La semana pasada Irak se vió en medio de  una disputa entre el gobierno de Bagdad y su contraparte en Ankara. Con el primer ministro Haider al-Abadi insistiendo en que Turquía debería retirar sus tropas de Irak y por lo tanto no jugar ningún papel en la batalla por Mosul, incluso fue tan lejos que acusó – bastante ridículamente – al Presidente Recep Tayyip Erdogan de Turquía de entrometerse en asuntos internos de Irak. Él parece haber olvidado el hecho de que las tropas turcas están allí a petición del gobierno de Bagdad para entrenar al mal equipado e incompetente ejército iraquí.

Las fuerzas de la coalición han estado llevando a cabo ataques aéreos en Mosul y utilizando artillería pesada con la esperanza de debilitar a Daesh y allanar el camino para la entrada de las fuerzas terrestres. Vidas inocentes se han perdido en los bombardeos; sólo la semana pasada un amigo cercano perdió a su tía, tío y primos en un ataque aéreo que tuvo a su coche como objetivo. Decenas han muerto y muchos más han sido heridos. Con las miradas y oídos indiscretos de Daesh por toda la ciudad, los civiles atrapados en ella tienen miedo a hablar. Extrañas llamadas telefónicas con miembros de mi familia en Mosul se limitan a  intercambiar cumplidos y nos dicen que no nos preocupemos, ya que están en buen estado de salud. Pero ¿por cuánto tiempo?

El fin de semana, Al-Abadi anunció que “la hora cero” había llegado y que la batalla para liberar a Mosul de las garras de Daesh había comenzado. Se ha abierto la caja de Pandora. No puedo olvidar los estragos que causó y las vidas inocentes que se perdieron cuando el ejército iraquí, acompañado por milicias chiíes, “liberaron” Tikrit, Faluya, Ramadi, Diyala y un sin número de otros pueblos y zonas en torno a Irak. Estos “liberadores” se volvieron rápidamente opresores y se convirtieron en la imagen especular de los combatientes Daesh a quienes afirmaban tener como objetivo. El asesinato y el saqueo se produjo, con casas incendiadas y sus contenidos robados y vendidos con fines de lucro. Las milicias ocuparon calles enteras y las subastaron al mejor postor, quien luego fue de casa en casa para saquear y robar de lo que hubiera dentro. Las ejecuciones en el campo de batalla eran la norma; cualquier persona que se opusiera a ellos o sus acciones se consideró que era “Daesh” y era ejecutada en el acto. Ahora, Al-Abadi ha insistido en que los que van a luchar para recuperar Mosul será principalmente del ejército iraquí y las fuerzas Peshmerga kurdas. Las milicias, sin embargo, parecen estar cantando el son de una melodía diferente y ven esto como una oportunidad para convertirse en héroes y para llevar la lucha contra Daesh en su ciudad natal; insisten en que se unirán a la batalla.

Las batallas de Tikrit, Faluya y Ramadi tenían, según admite el propio Al-Abadi, la intención de no durar más de unos pocos días cada una. Sin embargo, se prolongaron durante meses, teniendo como consecuencia a muchas víctimas inocentes y obligando a miles de civiles a abandonar sus hogares y a desplazarse en su propio país. Mosul es mucho más grande que cualquiera de esos lugares, las personas son diferentes y Daesh ha sido capaz de fortificar sus posiciones alrededor de la ciudad. Esto tiene el potencial de conducir a meses de lucha y derramamiento de sangre, con demasiados civiles pagando el precio final.

La comunidad internacional y las Naciones Unidas – los portadores de la bandera de la democracia y los derechos humanos – parecen no aprender de sus errores. Después de haber hecho la vista gorda a las atrocidades llevadas a cabo en Tikrit y Faluya, una vez más nos enfrentamos a la perspectiva de una gran ciudad siendo destruida y el orgullo del pueblo asesinado porque aquellos, cuya responsabilidad es representarlo y protegerlo parecen vivir en una realidad alternativa . Corremos el riesgo de convertir a Mosul en otro Alepo, bombardeado y destruido, y sus habitantes obligados a abandonar sus hogares.

Los funcionarios deben actuar ahora; la ONU, el G-8 y de todos aquellos países que durante 13 años han visto como Irak se incendiaba deben finalmente levantarse por las almas sin voz y las víctimas olvidadas. Nosotros, como miembros del público y ciudadanos de nuestros respectivos países, también debemos actuar y presionar a nuestros políticos, diputados locales y ONGs para que dirijan su mirada hacia Irak y asegurar que los crímenes que se han cometido, y, sin duda, los que van a estar cometidos en Mosul, no queden impunes.

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Mustafa Al-Dabbagh es un escritor independiente. Siendo un británico-iraquí, que tiene un interés especial en Irak, y el más amplio Oriente Medio, con un interés particular en materia de derechos humanos. También ha trabajado con los jóvenes musulmanes en Gran Bretaña y escribe sobre las luchas y las contribuciones de los musulmanes en el Reino Unido.

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