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¿Cómo puede responder Arabia Saudí a la pérdida de influencia geoestratégica en los planes de EEUU?

Se ha hecho evidente a partir de los hechos acontecidos en los últimos tres años que la posición de Arabia Saudí en la estrategia de Estados Unidos para el Medio Oriente ha disminuido considerablemente y que Washington ya no considera su relación con Riad un pilar fundamental de su política en la región

Se ha hecho evidente a partir de los hechos acontecidos en los últimos tres años que la posición de Arabia Saudí en la estrategia de Estados Unidos para Oriente Medio ha disminuido considerablemente y que Washington ya no considera su relación con Riad un pilar fundamental de su política en la región.

El avance de la Ley de Justicia Contra los Promotores de Actos de Terrorismo (JASTA) con una mayoría tan abrumadora de votos en el Congreso norteamericano es el resultado de la nueva estrategia. El hecho de que la mayoría de los republicanos y los demócratas votaran por la ley y que invalidaran el veto del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quiere decir que el asunto está resuelto con respecto a la política de Estados Unidos. Esto es especialmente cierto si sabemos que la formación de la política exterior de Washington se basa en la centralidad de las decisiones del presidente, especialmente en relación con Oriente Medio.

Podemos señalar una serie de ejemplos y evidencias de la disminución del papel de Arabia Saudí en la estrategia estadounidense en los últimos años, pero los más importantes son los siguientes.

En primer lugar, está la contradicción de la visión estadounidense y la saudí con respecto a la primavera árabe. Mientras que Washington trató con frialdad el derrocamiento de Hosni Mubarak -que más tarde resultó ser una maniobra del ejército para sofocar la revolución popular-, Riad reprochó a EE.UU. el abandono de uno de sus principales “aliados”. Esto podría haber creado, al menos durante esa fase, un efecto dominó que afectaría a otros aliados de Washington. Sin embargo, esto no ocurrió.

En segundo lugar está la controversia con respecto a la crisis de Siria. Mientras que la política de Estados Unidos básicamente ha dado lugar a la prolongación de la guerra y, por lo tanto, ha causado más víctimas, pérdidas financieras y destrucción, Riad estaba buscando una intervención militar estadounidense real que diera lugar a una fase de transición que dejara a la estructura del país intacta, pero eliminando a Bashar Al-Assad. Se podría decir que la diferencia radical de opinión con respecto a Siria comenzó con la firma del acuerdo sobre el programa sirio de armas químicas. Este acuerdo fortalece al régimen de Al-Assad y ha dado a Rusia una carta ganadora en la ecuación de Siria, al contrario de lo que Riad deseaba.

En tercer lugar está el deshielo gradual de las relaciones estadounidense-iraníes y el impulso de Washington para firmar el acuerdo nuclear entre Teherán y el P5+1, el grupo de cinco países occidentales y Rusia que supervisa la proliferación de armas nucleares. Esto condujo a la vuelta de Irán al sistema internacional, el alivio de las sanciones y su aceptación, de una forma u otra, como un país nuclear. Arabia Saudí vio este acuerdo como un duro golpe a su política en la región, que se basa en el aislamiento de Teherán.

Si tenemos en cuenta esta prueba suficiente de la disminución del papel de Arabia Saudí en la política exterior de Estados Unidos, también encontraríamos que esta disminución coincidió con la “crisis” económica, debido a la caída de los precios del petróleo. La crisis se agrava aún más por la ley JASTA, cuya aprobación ha producido una fuerte caída en los mercados de capitales saudíes en cuestión de días, y puede tener mayores efectos económicos en los próximos meses.

A la vista de estos grandes cambios en la política de los EEUU hacia Arabia Saudí, parece que la respuesta de Riad con sus medidas tácticas no le permitirán hacer frente a las crecientes crisis internas y externas, que son el resultado de la disminución de su peso político en la región y la decadencia económica interna. En cambio, Arabia Saudí necesita una visión estratégica radicalmente diferente de sus directrices  económicas y políticas, tanto interna como externamente.

La política exterior y la necesidad de una nueva visión

El primer paso que Arabia Saudí está obligada a adoptar con el fin de recuperar las riendas de la región, ya que se enfrentan a rivales regionales, en particular Irán, es apartarse a sí misma de la sumisión al manto de la estrategia de Estados Unidos. Arabia Saudí siempre ha desempeñado papeles importantes en todos los temas de actualidad de la región, pero todos estos papeles se han mantenido en la órbita de la estrategia estadounidense. Aunque ha habido muchas diferencias entre Riad y Washington en las últimas décadas, éstas habían permanecido en el marco de las divergencias  normales entre “aliados”.

Si Riad quiere jugar un papel estratégico acorde con su tamaño en la región, es importante que se dé cuenta en primer lugar de que el control total de Estados Unidos como único polo en el mundo ha terminado y que cualquier país que quiera mantener su papel regional debe poseer una organización independientemente de la política exterior “impredecible”. Washington ha dado la espalda a un aliado estratégico como Riad, ya que considera que “la ira de Arabia” no dará lugar a una gran pérdida y no tendrá un efecto negativo sobre sus políticas en la región. Sin embargo, se vio obligado a firmar un acuerdo con Teherán después de décadas de diferencias y disputas, así como se vio obligado a aceptar la política de Moscú y el papel cada vez mayor en sus áreas de influencia regionales en Oriente Medio, ya que quiere convertir a estos dos oponentes “problemáticos” en amigos, o al menos en jugadores neutros.

Riad puede establecerse como un actor regional en la zona por medio de un cambio drástico en su política sobre una serie de cuestiones. La primera de ellas es cambiar la ecuación militar en Siria para llegar a un acuerdo con Turquía. Y la ecuación no puede ser cambiada a menos que la alianza saudí-turca cruce las líneas rojas impuestas por los EEUU, que se han negado de forma continua a permitir la entrega de misiles antiaéreos y armas cualificadas a la oposición siria. Esto ha permitido que el régimen sirio siga siendo superior, ya que está respaldado por Rusia, Irán y sus milicias afiliadas. No se puede hacer ningún progreso político en Siria con la concesión de Arabia Saudí de una posición estratégica, que solo se puede lograr mediante la anulación el veto estadounidense para alterar el equilibrio militar en favor de la oposición.

La segunda cuestión regional que podría restaurar la fuerza de Arabia Saudí en la ecuación regional es Irak. Sin embargo, esto no se puede lograr mediante la apertura a Irak y todas sus diversas facciones, especialmente los árabes sunís, con el fin de llenar el vacío que Arabia Saudí y otros países árabes dejaron a Irán en el flanco oriental de la nación árabe. Para que Arabia Saudí recupere el control de la iniciativa en Irak, tiene que salir de su polarización entre facciones y tratar de apoyar a los partidos árabes en la muy complicada ecuación de política iraquí.

La tercera cuestión que debe cambiar es la estrategia de Arabia Saudí en Yemen, mediante la combinación de trabajo político y militar, sin limitar su trabajo exclusivamente a la guerra contra la población civil yemení. Arabia Saudí ganó cierta simpatía popular árabe cuando anunció que iba a lanzar la operación “Tormenta Decisiva” para restaurar la legitimidad en Yemen, pero la duración de la guerra le ha llevado a perder parte de la simpatía debido a las tragedias dejadas por sus acciones militares y el ingente número de las víctimas civiles. También perdieron la simpatía porque Arabia Saudí no pudo invertir políticamente los resultados de la guerra, y por lo tanto, recuperar una imagen positiva de Riad en Yemen le obliga a poner fin al sufrimiento causado por la guerra a los civiles, iniciar un proceso político que culmine correctamente, y aliarse con los actores locales, comenzando por el partido yemení Al-Islah, que es el principal rival de los hutíes y el ex presidente Ali Abdullah Saleh, así como aliarse con los líderes de las tribus que tienen relaciones históricas con Arabia Saudí.

Dada la importancia del conflicto árabe-israelí en la creación de políticas en Oriente Medio, Arabia Saudí no será capaz de jugar un papel crítico en la región sin profundizar en la cuestión palestina y estar abierto a todos los jugadores en el proyecto nacional palestino, incluyendo a Hamás y otros movimientos de resistencia.

Algunos expertos creen que Arabia Saudí ha comenzado a responder a la ley JASTA al hacer un acuerdo con China para utilizar el rial saudí y el yuan en sus intercambios comerciales. También creen que esto provocará pérdidas para EEUU dada la magnitud del comercio entre los dos países, que alcanzó los 49 mil millones de dólares en 2015. En el pasado, el ministro de Exteriores saudí Adel Al-Jubeir amenazó con vender activos con sede en su país pero propiedad de los Estados Unidos por un valor de más de  612 mil millones, según el último informe anual del Departamento del Tesoro de EE.UU.

Independientemente de la gravedad de las amenazas de Arabia Saudí de vender sus activos, una serie de expertos minimizó la importancia de esta medida y su impacto en la economía de Estados Unidos. En el mismo contexto, el acuerdo con China para no utilizar el dólar es una medida aislada y puede ser una respuesta directa al JASTA.

Sin embargo, este tipo de reacciones no bastan para establecer una política economica que pueda conceder a Arabia Saudí una posición estratégica en la región. En su lugar, esto se puede lograr mediante el estudio de todas las opciones que refuerzan la formación de una economía productiva que no se limite al petróleo, trabajando en la eliminación progresiva de la dependencia completa del mercado estadounidense para invertir dinero en los fondos soberanos y para comprar los activos, así como la adopción una política de emplear diversas monedas en el negocio del petróleo.

En el plano de la política económica interna, el declive de los precios del petróleo y de las condiciones políticas y económicas en Arabia Saudí en los últimos años, indican que la economía no puede seguir funcionando de la manera que funcionaba en el reino y que es el momento para presupuestos austeros, pero racionales; una economía productiva y el desarrollo humano que ponga fin a la dependencia de los ciudadanos respecto al Estado.

La reforma interna

A fin de que cualquier política que Arabia Saudí adopte para responder a las crisis económicas y políticas tenga éxito, tiene que ser nueva y no la convencional aplicada de forma “diferente”. Esto significa que debe incluir medidas “dolorosas” que pueden suponer un coste a los  ciudadanos saudíes de forma que afecte a su relación “con el lujo”, en la que viven inmersos dada su economía basada en la exportación de petróleo.

Si la economía había sido un éxito por muchas décadas para garantizar la estabilidad política y conseguia comprar la paz social, y que un gran número de ciudadanos  aceptaran la ausencia de democracia y representación popular  en el gobierno, las medidas de austeridad y las medidas políticas o económicas “dolorosas” llevarán a causar un desequilibrio en el ecuación basada en “ningún impuesto sin representación …”. Por lo tanto, la reforma política gradual y la ampliación de la base de la participación popular en el gobierno mediante el establecimiento de comités electos locales y parlamentarios se ha convertido en necesaria para permitir a Arabia Saudí reestablecer su función estratégica y su posición en la región.

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