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El secularismo europeo y su imposición de estándares al secularismo turco

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pronunciando un discurso en Estambul. 17 de julio de 2016. [Foto Archivo]

El laicismo en Turquía no tuvo un parto natural. Ni fue consecuencia de un conflicto social entre clérigos y políticos, ni el resultado de un conflicto entre autoridades religiosas y seculares, como fue el caso de Europa. Fue el resultado de un deseo común entre los fundadores del régimen republicano post-otomano y Europa, que quisieron que el país se cimentara en la separación de la religión del Estado. También existía un deseo de excluir a los líderes políticos y militares de la época otomana en esta nueva república.

Por lo tanto, el padre fundador Kemal Ataturk se acercó a sus líderes militares y políticos que le eran leales para formar el núcleo de la nueva república, manteniendo lejos a los que querían que el régimen político permaneciese como estaba durante el Imperio Otomano. Aunque algunos de sus asociados querían que el estilo antiguo continuase, tales ideas no fueron aprobadas por Ataturk, quien trabajó en la abolición del califato en 1924 después de haber abolido el sultanato en 1923. Mientras que este último formaba parte de la nacionalista República de Anatolia, el califato era una institución islámica global y los turcos no tenían autoridad para abolirla. Sin embargo, eso es lo que hizo Ataturk, asegurándose de que incluso si el califato fuese re-establecido en otro lugar – algo en lo que trabajaba para prevenir – no tendría lazos con la República de Turquía. Si el califato hubiese sido establecido en otro Estado musulmán o árabe, el Ataturk secular habría enfrentado una gran presión, debido a que la mayoría de la población turca se siente inclinada religiosamente hacia el concepto de la autoridad islámica transnacional.

Si el califato hubiese permanecido, incluso simbólicamente, se hubiese dado la oportunidad histórica para crear un sistema político islámico mediante el cual el gobierno turco sería republicano en términos de administración, política, economía y ejército, dejando al califato en una posición exclusivamente espiritual. La “Modernidad” podría haber sido adoptada sin separar por completo el liderazgo religioso representado por el califato. Tal desarrollo se habría enfrentado a muchas dificultades, las luchas por la autoridad y lealtades divididas entre los ciudadanos de Turquía. En la práctica un intento similar acabó en fracaso , la separación del sultanato y el califato por medio de un golpe de Estado con el fin de mantener la unidad del pueblo turco.

El establecimiento de un régimen republicano basado en la eliminación de la influencia religiosa de la política fue notable para los musulmanes,  existiendo la posibilidad de un secularismo distinto en el que se podrían haber integrado aspectos religiosos de la vida. En cambio, en el comienzo de la república turca podemos ver que los fundadores importaron el sistema europeo de separación de Estado y religión en su totalidad; un concepto extraño en el contexto turco. Como tal, los esfuerzos para implementar el sistema secular franco-europeo en Turquía entre 1925 y 1945 no tuvieron éxito, fue económicamente improductivo e incapaz de hacer frente a los problemas que enfrentaba. El Estado se basaba en la tiranía, la dictadura y la violencia, así como la muerte y el desplazamiento. El desarrollo de un nuevo sistema político turco se convirtió en un enfrentamiento entre los métodos de gobierno europeos y el sistema social que había estado vigente durante siglos. Este conflicto no terminó hasta 1950, cuando un gobierno asumió que no había que enfrentarse con la sociedad sino más bien trató de comprender y acercarse a ésta.

El secularismo de Ataturk fue clonado a partir del sistema francés y se implantó en un contexto inadecuado; por lo que estuvo destinado al fracaso desde el principio. La búsqueda de un secularismo compatible con la sociedad turca y en consonancia con las creencias del pueblo turco predominantemente musulmanes se ha convertido en el objetivo de los partidos políticos y sus programas electorales. La naturaleza del laicismo reivindicado por los partidos políticos de Turquía se ha convertido en uno de los pilares de las campañas electorales, ya que también ha sido una de las principales manzanas de la discordia dentro de la sociedad turca y la causa de una serie de golpes militares.

En Turquía, los golpes no sólo han defendido la laicidad del Estado, sino también el modelo francés de laicidad, que no satisfizo a los musulmanes turcos después de que fuesen forzados durante el tiempo de Ataturk y en la época en la que Ismet Anino gobernó con el Partido Republicano del Pueblo hasta 1950. Después de eso, el gobierno del Partido Democrático dirigido por Adnan Menderes aplicó un nuevo secularismo que alivió las dificultades y fue más aceptable, a pesar de que no era el tipo deseado de laicidad en su totalidad.

La mitigación de los efectos negativos de la laicidad de Ataturk se convirtió en el objetivo de los partidos turcos y los gobiernos democráticos que dan prioridad a las necesidades sociales, y no el objetivo del “estado profundo”, representado por el Partido Popular Republicano en la oposición y los lideres militares cuya determinación es estricta acerca de la implementación Europea laicismo. Ambos están vinculados a la imagen del secularismo turco como se pretende en Occidente, incluyendo Estados Unidos y Europa. Los golpes militares siempre afirman este “volver” al secularismo de Ataturk a sabiendas de que el pueblo turco lo rechaza porque fue plantado en un suelo inadecuado para su crecimiento. El pueblo desea un secularismo que crezca en la sociedad turca y se desarrolle de una manera que esté en consonancia con su ideología contemporánea y que no sea ni anti-Islam ni anti-turco.

Varias cláusulas fueron aprobadas recientemente por el Consejo de la Shura para la Presidencia de Asuntos Religiosos de Turquía después del golpe fallido. Cláusulas que se centran en los problemas públicos, intelectuales y culturales en la sociedad turca, incluidos los problemas creados o acentuados por el movimiento Gülenista.

“Vamos a trabajar junto con las organizaciones no gubernamentales para prevenir la formación de estructuras similares y para evitar repetir los mismos errores”, explicó el consejo. Más específicamente, las cláusulas aprobadas  insisten en que “tiene que haber una acción conjunta entre la Presidencia de Asuntos Religiosos – con el conocimiento del Consejo Superior de Asuntos Religiosos, en particular – y organismos civiles, sociales y religiosos que proporcionen apoyo a la educación y los  servicios religiosos, sin interferir con su libertad. La acción conjunta debe centrarse en permanecer en el camino del Islam, mantenerse alejado del exceso y convertirse en transparente y por tanto capaz de ser monitorizado”. También aseguró que, “Las estructuras religiosas que se crearon en el vacío del Estado-sociedad-religión que surgió de la incapacidad para establecer instituciones específicas en nuestro país durante los períodos de tensión política y social han  debilitado la vida religiosa en Turquía. Esta situación requiere que los políticos hagan frente a las relaciones entre la religión, el Estado y la sociedad de nuevo, incluyendo la creación de las medidas legales necesarias”.

Estas cláusulas demuestran que la institución religiosa más grande de Turquía ha reconocido la existencia de tensiones políticas y sociales que han afectado a las relaciones entre la religión, el Estado y la sociedad. Esto ha llevado a la gente a hacerse una serie de preguntas: ¿no es suficiente que los militares viesen la debilidad de la República durante sus primeras décadas para entender que el pueblo turco no acepta la laicidad europea? ¿No es suficiente que los resultados de todas las elecciones parlamentarias, después de la aplicación de las leyes multipartidistas en 1950, no produjesen ni un solo partido político que pida la adopción de un estricto laicismo como el de Ataturk?; ¿Por qué los partidos seculares moderados ganaban las elecciones debido a su imagen abierta de laicidad que se reconciliaba con la sociedad turca de los valores, las creencias y la cultura?

Si el ejército y los partidos seculares radicales no podían entender esto por sí mismos, ¿para qué llevar a cabo un golpe militar? ¿Eran meros instrumentos en manos de los agentes internacionales que interfieren en los asuntos políticos de Turquía?

Es como si el pueblo turco estuviese obligado a enviar un fuerte mensaje de que se están adaptando a las costumbres europeas. Esto se hizo evidente cuando el vicepresidente Numan Kurtulmuş habló en los días precedentes al referéndum de Gran Bretaña sobre permanecer o salir de la UE en junio; la campaña para la encuesta había sido extremadamente islamófoba y antiturca. “Espero que los países europeos no hagan lo que hizo Gran Bretaña”, advirtió Kurtulmuş, “y no utilicen su odio hacia Turquía o el odio hacia el Islam como una tarjeta para conseguir sus objetivos políticos.”

El laicismo es una ideología materialista que regula la relación entre la religión y la política. No es un concepto fijo, hay un cierto margen de flexibilidad, en base a las particularidades de las personas y sus estructuras políticas y religiosas. El secularismo occidental no es un estándar para la laicidad en todo el mundo, no existe un único modelo de laicidad al que todo el mundo deba adaptarse. No hay ninguna condición que implique ser anti-religioso o que la religión debe ser excluida de la vida pública; eso depende de la voluntad del pueblo.

Cada sociedad experimenta una relación particular con respecto a la religión que es utilizada como el principal pilar de su secularismo, que se convierte en regulador de la fe y la política. Las sociedades que han sido frenadas por la religión tienden a empujar a un secularismo que se basa en la exclusión de la religión y los religiosos de la esfera pública. Qué tipo de secularismo se desarrollará en Turquía es, por tanto, algo que el pueblo debe decidir; están a cargo de una sociedad democrática, y no es apropiado que Europa o cualquier estado occidental imponga su propia versión del mundo a una población que ya ha decidido la suya.

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