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Las huelgas de hambre masivas sobrepasan las manifestaciones de violencia israelíes.

Bilal Kayid

Las huelgas de hambre palestinas han logrado un hito en sus esfuerzos de resistencia contra la violencia colonial israelí. Al igual que ocurrió con otras huelgas de hambre en el pasado llevadas a cabo por prisioneros palestinos como Samer Issawi, Mohammed Allan y Mohammed Al-Qiq, la campaña publicitaria fue iniciada por un enfoque selectivo en el caso de Bilal Kayed, que recibió una orden de detención administrativa el mismo día en que estaba programada su liberación.

Sin embargo, esta vez no ha sido una actividad reivindicativa desde el enfoque habitual, como fue la protesta de Kayed contra su orden de detención administrativa, está por su parte no ha restado efectividad a la lucha colectiva de los presos políticos palestinos en las cárceles israelíes.

La agencia de noticias Ma’an ha informado que más de 300 prisioneros palestinos están participando en una huelga de hambre masiva. De acuerdo con la Asociación de Presos Palestinos, 285 huelguistas están afiliados a Hamás, mientras que otros 40 están afiliados al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). En marzo, tanto el FPLP como la Yihad Islámica anunciaron una decisión colectiva para protestar por el aislamiento y la detención administrativa de los dos prisioneros palestinos condenados a cadena perpetua, reiterando declaraciones anteriores que tuvieron relevancia en los medios de comunicación.

La prioridad en términos de acción inmediata sigue siendo la misma. Otros cinco presos palestinos comenzaron su huelga de hambre en protesta contra la detención administrativa el pasado mes de julio. Hace unos días, el periodista palestino Omar Nazzal, que fue detenido en abril, cuando se disponía a trasladarse a Bosnia para participar en una conferencia organizada por la Unión Europea de Periodistas, también anunció el inicio de la huelga de hambre para protestar por su detención administrativa.

La AP también intentó maniobrar en el centro de atención a través de las huelgas de hambre. El primer ministro Rami Hamdallah asistió a una sentada en Belén donde pretendía mostrar que los prisioneros son una prioridad para la AP. No había ninguna mención de cómo la AP ha instrumentalizado la resistencia encarnada por prisioneros palestinos durante la última ronda de negociaciones, o cómo los funcionarios palestinos entran en escena sólo cuando los medios de comunicación desplazan su atención durante unos días.

De hecho, la presencia de Hamdallah normalizó la violencia israelí. Poniendo de manifiesto el papel que desempeña la coordinación de seguridad en la represión de palestinos en régimen de detención administrativa y otras condiciones inhumanas; proyectando por parte de éste una imagen de solidaridad que sólo sirvió para revelar las discrepancias que han hecho posible que Israel abuse de los prisioneros palestinos. La coordinación de seguridad no sólo debe ser percibida como una colaboración, sino también como la normalización oficial de la violencia colonial. Por lo tanto, es lógico que la lucha de los presos por la libertad es una lucha contra la complicidad de la AP con Israel.

La actual huelga de hambre masiva, sin embargo, ha logrado destacar cuatro aspectos concretos: la lucha de los presos palestinos por la libertad, los esfuerzos colectivos de resistencia organizada de los presos palestinos en las cárceles israelíes contra la violencia y la dominación colonial, la solidaridad palestina con la huelga de hambre, así como los esfuerzos de Israel para superarse en términos de violaciones de los derechos humanos.

La libertad para el preso individual es una tarea incompleta; un esfuerzo aislado que está en contradicción directa con la magnitud de lo que una huelga de hambre colectiva puede lograr. También fragmenta la lucha debido a que el prisionero se convierte en un icono de la victoria temporal que se desecha después. La resistencia organizada, por el contrario, ha conseguido reforzar tanto la búsqueda individual de libertad, así como la lucha colectiva, especialmente en lo que se refiere a la colocación de los prisioneros palestinos a la cabeza, en lugar de marginarlos, utilizándolos sólo como una baza de último momento conveniente o un elemento para las negociaciones fallidas.

La lucha colectiva también ha eliminado la dinámica habitual de apoyo superando la acción de los presos palestinos en huelga de hambre. Anteriormente, el activismo usurpaba, sin saberlo, la atención debido a la campaña de atención sobre los prisioneros individuales en lugar de la protesta contra las violaciones israelíes. Mientras que servía para asegurar la posibilidad de una liberación negociada para algunos presos, siempre había una falta de cohesión. Las huelgas de hambre en masa han contribuido a centrar la atención sobre los presos individuales sin poner en peligro la dignidad y los esfuerzos de otros en huelga de hambre.

Es esta última huelga la que ha llevado a Israel a redoblar sus esfuerzos al cometer otras violaciones de derechos humanos. Ma’an ha informado de que los Servicios de Prisiones de Israel (IPS) han impuesto severas restricciones a los presos del FPLP y el aumento de las traslado de detenidos, la confiscación de bienes personales y los cierres de bloques. Omar Nazzal ha sido amenazado con el aislamiento. Los periodistas, en particular, han sido reprimidos por las autoridades israelíes, con la falsa premisa de “incitación del odio contra Israel”.

Después de haber interrumpido el funcionamiento habitual del sistema penitenciario israelí y su exposición a Israel como una entidad violenta por parte de los presos, el foco se centra en las detenciones administrativas como una de las muchas características de Israel como potencia colonial. Es fácil descartar la responsabilidad de Israel una vez que se ha alcanzado la meta de la libertad, sin embargo, debe recordarse que la existencia de Israel pone en peligro la libertad conseguida. El activismo puede jugar un papel determinante en la conformación de la lucha por parte de la comunidad internacional como una protesta contra Israel y su violencia colonial. Si no se realiza esta conexión, la detención administrativa continuará oprimiendo a los palestinos implicados en la resistencia y también proporcionará a Israel una excusa perfecta para evadir responsabilidades.

Aunque el derecho internacional es cómplice de la manipulación, hay una consideración que debe estar a la cabeza de cualquier protesta contra Israel. El derecho internacional no ha abolido la práctica de la detención administrativa, pero éste es claro acerca de la legitimidad de la resistencia contra el colonialismo.

El silencio de la comunidad internacional en este sentido es previsible y nauseabundo. Además de la normalización de la violencia israelí en forma de ayuda militar, acuerdos comerciales y de inversión, la comunidad internacional puede deleitarse en su actitud santurrona debido a la ambigüedad en torno a la legalidad de la detención administrativa. Esto permite que Israel reinvente los parámetros de lo que constituye una circunstancia excepcional sin la responsabilidad de reconocer y definirse como una entidad colonial. Dada la inclinación de la comunidad internacional por citar el derecho internacional a conveniencia, los palestinos en huelga de hambre y sus seguidores pueden desafiar a la dinámica de la comunidad internacional en la defensa del derecho legal para resistir contra Israel, en lugar de resignarse a las manifestaciones de la violencia israelí.

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MEMO Staff Writer

Recordando La Masacre De Rabaa

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